La difusa y controvertida figura de la bruja ha sido una constante en el imaginario colectivo desde hace siglos. Protagonista de cuentos infantiles e incluso de las historias más aterradoras narradas por la literatura o el cine, su sola mención evoca inquietud y recelo, un recelo que aún hoy´en pleno siglo XXI, era de la ciencia y la tecnología, sigue vigente en nuestro Inconsciente. Y es que la creencia en su existencia se pierde en la noche de los tiempos, confundiéndose con las hechiceras de épocas paganas que, por cierto, aunque muy diferentes de las brujas modernas, fueron la inspiración de la imagen que más tarde Occidente se formaría de éstas.
En las noches de luna llena, las brujas volaban sobre escobas o sobre el lomo de distintos animales endemoniados para reunirse en un alejado prado y celebrar el aquelarre, donde, entre ritos y conjuros, rendían culto al señor de las tinieblas, que solía adquirir la forma de un macho cabrío, al que servían realizándolos más atroces maleficios. Se cuenta que raptaban a los niños de las aldeas cercanas para chuparles la sangre o extraer sus mantecas con las que realizar ungüentos y pócimas, y dejaban en ocasiones impotentes con sus brebajes a los padres de familia, causando la sequía de los ríos y la pérdida de las cosechas.
Aunque hoy puedan parecemos increíbles e incluso absurdas, estas y otras historias fueron declaradas como reales por miles de mujeres, eso sí, después de ser sometidas a las más atroces sesiones de tortura con instrumentos que habrían causado espanto incluso al más aguerrido de los hombres actuales, en medio de juicios caracterizados por la arbitrariedad y las acusaciones fundadas en el miedo. Historias que también fueron creídas a pies juntillas por el pueblo, los jueces e incluso muchos intelectuales que se vanagloriaban de tener de su lado la razón y la providencia.
Miles de mujeres perecieron en toda Europa y en el Nuevo Mundo víctimas de la irracionalidad y de una exacerbada creencia supersticiosa que marcó la vida tanto del vulgo como de las instituciones políticas y las clases altas desde la Edad Media hasta bienLa difusa y controvertida figura de la bruja ha sido una constante en el imaginario colectivo desde hace siglos. Protagonista de cuentos infantiles e incluso de las historias más aterradoras narradas por la literatura o el cine, su sola mención evoca inquietud y recelo, un recelo que aún hoy en pleno siglo XXI, era de la ciencia y la tecnología, sigue vigente en nuestro Inconsciente. Y es que la creencia en su existencia se pierde en la noche de los tiempos, confundiéndose con las hechiceras de épocas paganas que, por cierto, aunque muy diferentes de las brujas modernas, fueron la inspiración de la imagen que más tarde Occidente se formaría de éstas.
En las noches de luna llena, las brujas volaban sobre escobas o sobre el lomo de distintos animales endemoniados para reunirse en un alejado prado y celebrar el aquelarre, donde, entre ritos y conjuros, rendían culto al señor de las tinieblas, que solía adquirir la forma de un macho cabrío, al que servían realizándolos más atroces maleficios. Se cuenta que raptaban a los niños de las aldeas cercanas para chuparles la sangre o extraer sus mantecas con las que realizar ungüentos y pócimas, y dejaban en ocasiones impotentes con sus brebajes a los padres de familia, causando la sequía de los ríos y la pérdida de las cosechas.
Aunque hoy puedan parecemos increíbles e incluso absurdas, estas y otras historias fueron declaradas como reales por miles de mujeres, eso sí,después de ser sometidas a las más atroces sesiones de tortura con instrumentos que habrían causado espanto incluso al más aguerrido de los hombres actuales, en medio de juicios caracterizados por la arbitrariedad y las acusaciones fundadas en el miedo. Historias que también fueron creídas a pies juntillas por el pueblo, los jueces e incluso muchos intelectuales que se vanagloriaban de tener de su lado la razón y la providencia.
Miles de mujeres perecieron en toda Europa y en el Nuevo Mundo víctimas de la irracionalidad y de una exacerbada creencia supersticiosa que marcó la vida tanto del vulgo como de las instituciones políticas y las clases altas desde la Edad Media hasta bienLa difusa y controvertida figura de la bruja ha sido una constante en el imaginario colectivo desde hace siglos. Protagonista de cuentos infantiles e incluso de las historias más aterradoras narradas por la literatura o el cine, su sola mención evoca inquietud y recelo, un recelo que aún hoy´en pleno siglo XXI, era de la ciencia y la tecnología, sigue vigente en nuestro Inconsciente. Y es que la creencia en su existencia se pierde en la noche de los tiempos, confundiéndose con las hechiceras de épocas paganas que, por cierto, aunque muy diferentes de las brujas modernas, fueron la inspiración de la imagen que más tarde Occidente se formaría de éstas.
En las noches de luna llena, las brujas volaban sobre escobas o sobre el lomo de distintos animales endemoniados para reunirse en un alejado prado y celebrar el aquelarre, donde, entre ritos y conjuros, rendían culto al señor de las tinieblas, que solía adquirir la forma de un macho cabrío, al que servían realizándolos más atroces maleficios. Se cuenta que raptaban a los niños de las aldeas cercanas para chuparles la sangre o extraer sus mantecas con las que realizar ungüentos y pócimas, y dejaban en ocasiones impotentes con sus brebajes a los padres de familia, causando la sequía de los ríos y la pérdida de las cosechas.
Aunque hoy puedan parecemos increíbles e incluso absurdas, estas y otras historias fueron declaradas como reales por miles de mujeres, eso sí,después de ser sometidas a las más atroces sesiones de tortura con instrumentos que habrían causado espanto incluso al más aguerrido de los hombres actuales, en medio de juicios caracterizados por la arbitrariedad y las acusaciones fundadas en el miedo. Historias que también fueron creídas a pies juntillas por el pueblo, los jueces e incluso muchos intelectuales que se vanagloriaban de tener de su lado la razón y la providencia.
Miles de mujeres perecieron en toda Europa y en el Nuevo Mundo víctimas de la irracionalidad y de una exacerbada creencia supersticiosa que marcó la vida tanto del vulgo como de las instituciones políticas y las clases altas desde la Edad Media hasta bien entrado el siglo XVIII. La carne de personas inocentes fue abrasada y sus huesos reducidos a cenizas en las hogueras de la intolerancia;vejadas y maltratadas por un pueblo que las despreciaba como «siervas del demonio», cuando no fueron sino inocentes víctimas de las circunstancias, en una época marcada por las guerras civiles en Europa, las epidemias y las diferencias religiosas que comenzaban a sembrar una división profunda en las gentes.Aún hoy,tantos siglos después,quedan muchas preguntas sin responder en torno a la llamada «caza de brujas» y a la histeria que embargó las almas de los europeos de toda clase y condición.
Hechiceras paganas
En la literatura clásica el arquetipo de hechicera estuvo muy presente.y sirvió para sentar las bases sobre lasque se erigiría siglos después la moderna bruja.aunqueen tiempos del paganismo las prácticas mágicas y la hechicería eran generalmente aceptadas entre la población, y estaban exentas del componente diabólico posterior, por lo que era habitual que Incluso los reyes y emperadores romanos recurriesen a ellas en determinadas ocasiones.
En unos tiempos en los que la medicina era muy arcaica, la hechicería fue la única vía de posible curación para el pueblo, que recurrió a ella durante milenios. Lo cierto es que el amplio conocimiento botánico de estas mujeres hizo que obtuvieran importantes resultados en la mayoría de las ocasiones. No obstante, la figura de la hechicera es más antigua, y algunos autores y antropólogos creen que muchos de los mitos que acabaron por dar forma a la llamada brujería fueron transmitidos desde las sociedades primitivas con los antiguos cultos a la Diosa Madre. La mujer como dadora de vida tuvo una gran relevancia entonces y su relación con la magia fue algo inseparable de su figura. Sería más tarde con la institucionalización del cristianismo desde Roma y el advenimiento de las sociedades patriarcales cuando la mujer pasaría a convertirse en inferior, más débil, y por tanto más vulnerable a los poderes del mal.
En la antigua Grecia la hechicería y la magia tuvieron una gran importancias pesar de que autores como Platón considerasen a los hechiceros como una amenaza para la sociedad. Por el contrario, los romanos mostraron una gran intolerancia en general con la práctica hechiceril, que consideraban una amenaza frente a los ritos religiosos. La represión contra los hechiceros fue brutal e indiscriminada. Los sospechosos eran normalmente torturados y ejecutados y esta legislación romana perduró en la tradición hasta convertirse en uno de los pilares sobre los que se sostuvo la posterior persecudon de la brujería. Por ejemplo, en la capital del Imperio, en el año 331 a.C, 170 mujeres fueron acusadas de hechicería y condenadas por haber «envenenado» a algunas personas con sus pócimas.
Dos mil años antes de que tomaran cuerpo en el siglo XV las acusaciones a las supuestas brujas por realizar ritos que incluían el asesinato —principalmente de infantes—, el canibalismo o la sexualidad «depravada», se atribuían actos semejantes a Hécate, oscura reina del infierno y diosa de las llamadas brujas de Tesalia, nombre de una región del norte de Grecia, junto a las fronteras de Macedonia. Los antiguos griegos la consideraban como una diosa demoníaca con tres cabezas, aunque en ocasiones era representada con tres cuerpos y una sola cabeza. Era la reina de la oscuridad, la muerte y la brujería (aunque entonces no existía el concepto de brujería tai y como sería entendido posteriormente, ni había una clara línea divisoria entre ésta y la hechicería). Curiosamente, y como ocurriría durante la gran caza de brujas que asolaría
Europa, en el sistema de creencias de Grecia y Roma la mayor parte de los seres «inmortales» que se entregaban al mal eran mujeres.
La oración a la citada Hécate recuerda a las invocaciones de las que acusarían siglos después a las sospechosas de brujería durante sus reuniones con el maligno: «Infernal, terrenal y celestial, diosa de las encrucijadas, reina de la noche, enemiga del sol, amiga y compañera de las tinieblas;tú a quien complace verfluir la sangre;tú que vagas entre las tumbas en las horas de la oscuridad, sedienta de sangre y el terror de los mortales; Gorgo, Mormo, luna de cien formas cambiantes…»
En la Grecia clásica se consideraba a las citadas brujas de Tesalia como las siervas más devotas de la tenebrosa Hécate. Se decía que estas pérfidas mujeres poseían nada menos que el poder de «bajar la luna», de transformarse en animales como pájaros — acusación que también sería habitual durante los juicios por brujería modernos—y un conocimiento profundo y peligroso de las hierbas venenosas: otro de los signos de identidad de la llamada secta brujeril.Se consideraba a Hécate una diosa triple: conocida como Luna o Selene en el cielo, Diana o Delia en la Tierra y Proserpina o Hécate en los infiernos; aunque este último sería el nombre que más permanecería en el mundo cristiano grecolatino como la diosa que inspiraría la brujería.
En el cortejo de la maligna Hécate hallamos a un monstruo femenino «con un pie de bronce y otro de estiércol de burra». Nos referimos a la Empusa, un pérfido ser comedor de carne humana y bebedor de sangre — preferiblemente la de los niños pequeños—. La Empusa fue el origen de otro mito vampírico relacionado con la brujería: el de la lamia, un ser de gran belleza aparente que seducía con sus encantos a los jóvenes y les sumía en un placentero y narcótico sueño para beber su sangre. La tradición atribuía también a Hécate y a su séquito no sólo la ingesta de carne y sangre humanas, sino también la de excrementos. Una práctica escatológica muy desagradable y no poco imaginativa. Como serían tremendamente imaginativas la mayoría de las acusaciones durante los juicios celebrados muchos siglos después.
Como señaló el gran antropólogo Julio Caro Baroja en su inolvidable e influyente obra Las brujas y su mundo, existía la creencia documentada en toda la antigüedad clásica de que algunas mujeres eran capaces de transformarse en animales, realizar vuelos nocturnos al adquirir esta forma, hacer hechizos y provocar tempestades y enfermedades a sus enemigos.
Lucio Apuleyo,autor clásico y responsable de obras como El asno de oro,y quien llegaría a ser acusado de practicar la magia negra,describía en sus escritos los objetos que podían encontrarse en la guarida de una de las brujas deTesalónica llamada Panfila: inciensos, picos y garras de pájaros de mal agüero; discos metálicos con inscripciones que contenían signos ocultos;trozos de carne humana —principalmente narices de las Víctimas de crucifixiones—; recipientes que contenían sangre de las víctimas de las brujas (entonces hechiceras con malvadas intenciones) e incluso los «cráneos de los criminales que habían sido arrojados a las fieras salvajes».
El miedo a estos seres era tal que en algunas regiones de Grecia se empleaba a vigilantes de cadáveres, encargados de evitar que estas criaturas del mal royeran los cuer-pos que aún estaban frescos. Como relata Apuleyo, Pánfila llegará a embadurnarse el cuerpo con diversos ungüentos para así transformarse en lechuza y realizar sus hechizos y encantamientos.
La literatura y mitología clásicas están llenas de referencias a hechiceras cuyas acciones servirían en parte para delimitar la posterior figura de la bruja: la Circe de Homero, la Medea de Eurípides, la Prosélenos y la Enotea de Petronio, la Simeta de Teócrito… Sin embargo, y aunque estos personajes como digo influirían en el prototipo de la posterior imagen de la secta brujeril, estaban exentos del componente «demoníaco» posterior. No sería hasta la institucionalización que del concepto del mal y la herejía hiciera la Iglesia Católica, cuando se edificaría la moderna (y completamente desvirtuada, por cierto) figura de la bruja, que causaría espanto en la mentalidad del hombre renacentista.
Sería con la aparición —más bien «creación» cristiana— del pacto con el diablo cuando se conferiría a la bruja el carácter herético que la pondría en el punto de mira de las autoridades eclesiásticas y civiles por estar cometiendo ya un peligroso delito penado y castigado de forma feroz e indiscriminada, como veremos a lo largo de las siguientes páginas…
bueno siempre se han relkatado mychas cosas sobre las brujas, em todas las epocas y en todos los tiempos, pèro en realidad en la mayoria d elos casos estas fantasticas historias son mentiras, en fin , esta bien el mal existe, al igual que el bien, pero el criatianismo se encargo de aun mas enegrecer a las personas practicajtes de brujeria mas bien paganos modernos, o mahos , brujeria es un mal concepto para trodas estas artes
em fin me gusto ru artiulo, muy completo
saludoss
Tejedoras de ensalmos, estas mujeres llamadas brujas fueron perseguidas por inteligentes, independientes y sensuales, pecados capitales para la Santa (?) inquisición. Entonces como ahora a la mujer se le relaciona con la escoba y con el mal y, a la escoba como un objeto que de tan cotidiano no entabla charla.
Santo oficio vs divino orificio. Que vértigo, no?
Felicidades!