Saga Dinastía Sinestra. – Clinton, el socio del silencio

La operación Irán-Contras fue probablemente una de las más gigantescas operaciones ilegales encubiertas que se hayan llevado a cabo. Requirió mover entre países enormes cantidades de armas para hacer posible la guerra Irán-Irak y el terrorismo en Nicaragua. Movilizó enormes cantidades de dinero pagado por el petróleo iraní para poder adquirir esas armas ya numerosísimos agentes de la CIA.

� Corrompió estructuras internas en Israel y Honduras, países que sirvieron de intermediarios para introducir armas en Irán y Nicaragua, respectivamente. Dotó de un presupuesto informal muy importante a la CIA. Enriqueció a muchos agentes de la misma. Movilizó enormes cantidades de dinero en operaciones ilegales de lavado.Favoreció e impulsó el contrabando de cocaína a Estados Unidos a través de bases en Nicaragua. Y, finalmente, ensució secretamente a Bill Clinton.
Clinton era gobernador de Arkansas en el exacto momento en que la CIA decide “dar una vuelta de tuerca” a la operación Irán-Contras. La misma se venía efectuando con un margen de ilegalidad menor hasta que el Congreso norteamericano decidió prohibir el envío de armas a los contras nicaragüenses. La CIA no sólo habría violado sistemáticamente esa prohibición, sino que además habría decidido sacar provecho económico del envío de armas a los guerrilleros: les solicitó como pago por las armas la posibilidad de que les fuera enviada cocaína vía Nicaragua, dado que la DEA estaba supervisando la costa caribeña. Para que la operación se pudiera llevar a cabo, resultaba necesario encontrar un aeropuerto seguro dentro de Estados Unidos, en el que se pudieran embarcar armas en forma ilegal, y recibir la cocaína. Quedaban desestimados todos los grandes aeropuertos cerca de importantes ciudades. Era necesario encontrar un aeropuerto alejado, en la jurisdicción de “un amigo”.Arkansas era el estado ideal por sus características desérticas y no demasiado alejadas de Nicaragua (como sí lo estaban los más desérticos estados del oeste) para realizar estas operaciones ilegales desde varios puntos de vista. Se habría seleccionado, entonces, al aeropuerto de Mena, en el estado de Arkansas, y nada menos que mientras era gobernado por Bill Clinton. De allí que han ido in crescendo las voces que señalan que Bill Clinton no ha sido otra cosa que un secreto colaborador de la CIA, a punto tal de que el ocupar su puesto habría permitido, entre otras cosas, la no clarificación completa del triste atentado producido en Oklahoma en 1995, cuando casi 200 personas murieron. La élite y la CIA habrían considerado que Clinton estaba virtualmente “en sus manos” desde mucho antes de ser presidente de la república. Habría que remontarse a los orígenes de la carrera política de Clinton para entender esto de forma más cabal. No tenemos espacio suficiente aquí para ello. Pero diremos, por ejemplo, que Clinton obtuvo una beca Rhodes para estudiar en Oxford gracias al padrinazgo político del senador William Fullbright,
Para que se entienda mejor esto, es necesario mencionar que Cecil Rhodes -fundador de las becas Rhodes- donó su fortuna al morir para generar mecanismos a fin de que el imperio británico gobierne al mundo entero, a través de un régimen caracterizado por naciones debilitadas como tales. El mismo Rhodes había colaborado en instalar regímenes racistas en Sudáfrica y Rhodesía, hoy Zimbabwe, que llevaba su nombre. El senador Fullbright, padrino político de Clinton junto a Pamela Churchill-Harriman, es el autor de la siguiente frase: “El caso de un gobierno a cargo de la élite es irrefutable… Un gobierno llevado a cabo por la gente es posible, pero altamente improbable”, en el Simposio del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de 1963.
Ahora estamos en mejores condiciones de entender cuáles son los reales antecedentes de Bill Clinton. De todas maneras, Clinton no resultaba una persona de la misma confianza de la élite que Bush. Se entiende: los Bush venían colaborando con la élite desde hacía varias generaciones y muchas décadas. A cambio conseguían contratos en minúsculas compañías petrolíferas, y participaciones como consejeros en grupos financieros. En contrapartida, claro está, tenían que poner la firma y prestar el nombre cuando, por ejemplo, había que financiar, enviar armas, comerciar o vender materias primas a Hitler. Los “pecadillos” sexuales y las desprolijidades de los Clinton con el tema Whitewater habrían operado, entonces, como meras fachadas para “ajustar los tornillos” del gobierno Clinton y hacerle entender a Bill que, si era necesario, podía haber otro presidente que dejara anticipadamente el poder, como ya lo había hecho Nixon.

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