Ovnis estrellados. El gran secreto III
2 Comments Published by Administrador May 3rd, 2008 in LecturasCaso Roswell. ¿Qué seguidor de Expediente X no sabe, a estas alturas, qué historia se esconde tras estas dos palabras? Justo cuando está a punto de cumplirse el quincuagésimo aniversario de este polémico incidente ovni, un buen número de medios de comunicación de todo el mundo, guionistas de cinc y televisión y hasta escritores de ciencia ficción se refieren a él como uno de los hechos clave de esta segunda mitad de siglo. Además, por supuesto, de ser considerado uno de los episodios secretos más celosamente guardado por los servicios de inteligencia de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF) desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Y es que alrededor de este caso todavía ronda hoy una polémica sin precedentes.
Roswell. Julio de 1947
Todo comienza a primeros de julio de 1947. El día 8 de aquel mes, la oficina de relaciones públicas de la base aérea de Roswell, en Nuevo México, emite un curioso comunicado de prensa que reza textualmente: “La Fuerza Aérea captura un platillo volante en un rancho de la región”. En él, el teniente Walter Haut, responsable de las relaciones con la prensa de ese emplazamiento militar, explica la recuperación de una aeronave discoidal recogida en los terrenos de un rancho cercano, y cómo los servicios de inteligencia de la base lo han examinado a fondo y lo han enviado “al cuartel general superior”.
Pocas horas después de publicarse este comunicado en diversos periódicos del suroeste del país, órdenes procedentes del cuartel general superior en cuestión —esto es, la base aérea de Fort Worth, en Dallas—, obligan a Haut a rectificar su versión de los hechos, a retirar todas las copias de su primer comunicado y a asegurar que lo que cayó en Roswell había sido, en realidad, un sencillo globo de sondeo meteorológico.
La explicación no convence
La contundente acción del máximo responsable de la base aérea de Fort Worth, el general Roger Ramey, y los enérgicos desmentidos oficiales, que incluirán, en las horas siguientes, una rueda de prensa para mostrar a los periodistas los restos de un globo sonda que confirmará la versión oficial, sepultarán bajo una pesada losa de silencio el caso. Hasta 1980 no se reabrirá de nuevo el expediente. Una entrevista fortuita con el mayor retirado Jesse Marcel, el oficial de inteligencia responsable de la recuperación de los restos del ovni en 1947, reaviva el interés por aquellos sucesos, y algunos investigadores norteamericanos como el físico nuclear Stanton Friedman o el escritor William Moore se lanzan a la caza de testigos vivos de aquel episodio. La conclusión inevitable a la que llegarán, tras localizar a casi trescientas personas implicadas de una u otra forma, es que los bien entrenados servicios de inteligencia de Roswell —que en 1947 es la única base del sistema de defensa americano que dispone de armamento nuclear en sus hangares— no pudieron confundir nunca un globo sonda con un platillo volante. ¿Qué sucedió entonces?
El primer expediente X real
Las investigaciones que en 1991 emprende Javier Sierra sobre este caso, y que culminan en la elaboración de su obra Roswell: secreto de Estado, destapan varios episodios extraños en el seno de la USAF durante aquellos primeros días de julio. Por ejemplo, el 4 de ese mes —fiesta nacional en Estados Unidos y probable día del accidente del ovni—, el comandante Louis E. Starr se dispone a dar un discurso ante un grupo de veteranos de guerra en Ohio. Él mismo anuncia que espera recibir aquella tarde del Pentágono una comunicación que explique qué o quién se encuentra tras el nuevo misterio de los platillos volantes, que desde finales del mes anterior hechiza a periodistas y militares.
La comunicación no llegará nunca. De hecho, el propio Starr declarará más tarde a la prensa que esperaba esclarecer todo ese asunto tras hablar con el general Spaatz —entonces comandante de las Fuerzas Aéreas—, que aquellos días estaba ausente por haber tenido que ir urgentemente a “cazar un platillo” (sic).
Las huellas de la investigación relacionada con esa peculiar cacería serán borradas a conciencia. Sólo unos cuantos folios oficiales, desclasificados en Estados Unidos gracias a la Ley de Libertad de Información (FOIA), hacen alusión directa o indirectamente a Roswell. Hoy se sabe que, a finales de aquel mes de julio, la USAF —en estrecha colaboración con el FBI, como se verá en el siguiente capítulo— emprendió las primeras investigaciones oficiales sobre el misterio y clasificaron, por primera vez, el tema ovni como alto secreto.
Desgraciadamente, ninguno de los documentos recuperados por los investigadores hasta ahora esclarece cuál fue el paradero final de los restos de Roswell y, mucho menos, el de sus tripulantes.
Extraterrestres capturados
Tripulantes. Término exacto.
Desde el momento en que el primer comunicado oficial salta a la prensa, surgen rumores sobre la recuperación de pequeños cadáveres hallados junto al objeto.
El texto oficial no dice nada de ellos. Sin embargo, con el correr de los años, diversos testigos implicados han proporcionado abundantes detalles sobre los mismos. Tanto el responsable de la única funeraria de Roswell —a quien los militares de la base solicitaron cuatro féretros pequeños nada más tener lugar el incidente—, como oficiales de bomberos del Roswell Fire Department, describen a esos ocupantes como seres de pequeña estatura, gran cabeza, complexión débil, manos con cuatro dedos muy estilizados y brazos igualmente largos.
Es decir, en poco o en nada similares a la gruesa extraterrestre de aspecto humano, y de seis dedos, que en el verano de 1995 aparecerá en las pantallas de los televisores de todo el mundo, y a la que se pretenderá asociar gratuitamente con el caso Roswell. Curiosamente, esta película aparece justo dos años antes de que la ley obligue al gobierno de los Estados Unidos, en 1997, a desclasificar su dossier secreto sobre este expediente X real.
El zorro es siempre astuto
El lanzamiento mundial de la célebre película de Las autopsias de Roswell corre a cargo de la cadena de televisión norteamericana Fox (zorro, en inglés). La misma que hoy emite la serie Expediente X, y detrás de la cual se encuentra la productora cinematográfica 20th Century Fox que ha costeado el último largometraje de Roland Emmerich, Independence Day. Una película que se centra en el asunto del ovni recuperado en Roswell y que denuncia veladamente la política de ocultamiento y desinformación practicada por el gobierno estadounidense desde 1947.
Y es que, poco después del caso Roswell, comienzan a aflorar en el suroeste de los Estados Unidos todo tipo de relatos —la mayoría de ellos espúreos—sobre nuevos ovnis siniestrados y cadáveres de alienígenas recuperados. La estrategia es clara: si un sólo hecho increíble resulta extraño, la sucesión de éstos se hará necesariamente inaceptable.
Nuevos casos Roswell
Siguiendo esa máxima desinformadora, entre 1947 y 1952 se acuñan un buen número de nuevos casos Roswell. El más famoso de ellos es, sin duda, el incidente de Aztec. En 1950 un escritor de cotilleos llamado Frank Scully publica un libro titulado Behind the Flying Saucers (Detrás de los platillos volantes), en el que desvela cómo en marzo o abril de 1948 la Fuerza Aérea recupera cerca de Aztec (Nuevo México) los restos de un enorme platillo volante y a sus dieciséis tripulantes, vestidos “al estilo de 1890″.
La información ha llegado a Scully a través de un empresario de Phoenix (Atizona) de dudosa reputación, llamado Leo A. GeBauer y de un hombre de negocios llamado Silas M. Newton. Con el tiempo, ambos resultarán ser unos perfectos charlatanes, aunque, entre sus mentiras, proporcionan a Scully algunos datos que después han resultado de interés para los investigadores.
Newton y GeBauer hablan a Scully de otros ovnis que han caído cerca del campo de pruebas de Paradise Valley, en Arizona, y de cómo muchos de estos restos han ido a parar sistemáticamente a los hangares de la base de Wright Patterson, en el estado de Ohio.
La habitación azul
Durante más de veinticinco años, el investigador Leonard Stringfield —fallecido en 1994— recoge relatos de personal militar retirado de aquella base que, rompiendo su juramento de lealtad, le confiesa haber visto los restos y cuerpos de los que habla Scully y, después, otros muchos ufólogos. Al parecer, según los datos recogidos pacientemente por Stringfield asegurando la confidencialidad de la mayoría de sus informantes, esos restos proceden de numerosos accidentes, entre los que Roswell fue sólo el primero. Sus datos se archivan en una sala llamada blueroom (habitación azul).
Algo de cierto debe haber en tales historias. De lo contrario, documentos de la Oficina de Investigaciones Especiales de la Fuerza Aérea (AFOSI), recuperados por la citada Ley de Libertad de Información, no hablarían de programas militares que prevén la recuperación de restos de ovnis. Se trata de proyectos conocidos bajo nombres clave como Blue Fly, Moondust o UFO, y entre cuyas competencias se especifica—según un documento fechado el 26 de julio de 1973 del que se dispone— que, por ejemplo, “la designación Moondust es usada en aquellos casos que incluyen el examen de un objeto espacial no procedente de los Estados Unidos o de origen desconocido”.
Según Clifford Stone, un sargento mayor retirado que está dedicando su vida a reclamar a la Fuerza Aérea documentos oficiales sobre ovnis, estos proyectos no sólo perseguirían la recuperación de naves siniestradas allá donde estos incidentes se produjeran, sino que buscarían una rentabilidad tecnológica en ellas. Es decir, se proponen estudiar sus sistemas de navegación y su desarrollo tecnológico para aplicarlo más tarde a la tecnología bélica norteamericana.
Normas para futuros ovnis estrellados
La preocupación por acceder a esta clase de tecnología se ha extendido durante los últimos años a otros países de la esfera de la OTAN. En España, por ejemplo, al tiempo que el Ejército del Aire ordena la progresiva desclasificación de sus archivos ovni en 1992, redacta unas normas para la investigación de este misterio y las recoge en un texto confidencial conocido como Instrucción General 401 5.
Pues bien, ese documento 4015, al que se ha tenido acceso de un modo extraoficial, contempla también la eventualidad de que uno de estos aparatos se estrelle en territorio español. “Si existiesen restos o huellas materiales que se sospeche provienen de ovnis —asegura este informe textualmente—, deberán ser manejados con extremo cuidado y protegidos de cualquier posible modificación o deterioro que pudiese reducir su valor en posteriores exámenes y análisis”.
Huelgan los comentarios…
bolidos´´
quien me da algo exacto de un ovnis