La Expulsión.
Amigo lector, a usted que ha llegado hasta acá le agradecemos su perseverancia, estamos tocando el final de esta primera parte, densa, dolorosa, poco creíble para muchos (y es comprensible) pero verdadera por cierto.
Avanzaremos en este tema, uno de los más escabrosos, para luego pasar a los hermosos testimonios de las civilizaciones precolombinas, que en lo personal me alegran el alma y renueva mis fuerzas.
Lo invitamos al lector que realice un alto, que repase lo leído y que asocie estos textos con la realidad presente, para así poder comprobar que no ha habido en los últimos quinientos años ningún cambio bajo el sol. Si no nos cree cuando nos referimos a la autenticidad de los protocolos de los sabios de Sión, a la conspiración Colombina, lea la Biblia por ejemplo, sin emoción religiosa ni mística, léala solo como una historia más y descubrirá analogías con nuestro escrito, con nuestro presente y pasado reciente; la Biblia es la prueba patente de la validez de los protocolos. Si quiere calar un poco más hondo debido a su inquietud o no convencimiento le invitamos acceder a los textos mesiánicos del Talmud donde los goims ó no judíos somos para su dios igual que otros animales y debemos (según ellos) prestarle servicio.
Mientras elaboramos con Pablo estas líneas nos llega la noticia, que en nuestro país, o lo que queda de él, el presidente Nestor Kirchner se encuentra en la capital del anti-imperio, donde debe reunirse con el lobby económico más importante del planeta: el lobby Judío.
Kirchner debe rendir cuenta a sus superiores: la colectividad judía americana, es felicitado por seguir enturbiando los atentados intra-judíos de la Amia y la embajada de Israel, y luego de haber recibido ordenes de George Soros, espera el OK de sus pares.
En esta ocasión y para terminar con este período histórico desnudaremos los hechos que rebalsaron el vaso y obligó a los naturales dueños de sus territorios y dueños de su libertad la expulsión de la sociedad parásita y conspiradora en su cúpula dirigente (sanhedrines).
Expondremos la historia oculta la que está prohibido revisar, la que en los manuales de historia pasa desapercibida o solo nombrada para crear la historia negra de España, para ideologizar la realidad, el holocausto español, sin Hollywood ni Hitkoch pero con idénticas intenciones.
Abajo transcribimos el texto tomado de la web: Aberrazión:
“los Reyes Católicos promulgan el “Edicto de Expulsión de los Judíos en 1492″ . un muchacho llamado Cristóbal fue secuestrado y luego crucificado y muerto en medio de terribles tormentos de innegable contexto ritual, durante el período de celebración de la Pascua Judía, del año 1489, en La Guardia , provincia española de Toledo con connotaciones innegablemente anticristianas. Su cuerpo aparecería, después, horriblemente llagado, con el pecho brutalmente abierto y sin una gota de sangre. Algunas de sus heridas simulaban con claridad las de la crucifixión de Cristo. El asesinato se sumaba a una seguidilla de crímenes rituales de corte infanticida que, cada cierta cantidad de años, se cometían para satisfacer las necesidades sangrientas que demanda la parte más supersticiosa de la fe talmúdica, así como para manifestar de un modo grotesco el odio y el resentimiento que tenían hacia la Iglesia de Cristo por las restricciones y obligaciones que le había impuesto en España a la comunidad judía, llegando a forzar su conversión.
Pasó el tiempo. En marzo de 1491, se encontraba alojando en una posada de Astorga un mercader de telas judío llamado Benito García, converso al cristianismo. Tenía cerca de 60 años y se suponía que sólo estaba de paso por la región. Durante una noche, un grupo de hombres que habían notado su aspecto físico judío, al parecer un tanto bebidos, volcaron uno de sus recipientes para equipaje y, con sorpresa, descubrieron que -entre las ropas- había una hostia, de seguro robada de alguna iglesia.
Una profanación como aquella era por entonces un verdadero escándalo, ya que ningún español auténtico, por cristiano o hereje que fuera, se atrevería a cometer tal sacrilegio no sólo por temor a las consecuencias judiciales, sino al reproche divino que tal acto implicaba. Sin embargo, la verdad sobre la posesión de la hostia iba a ser infinitamente más siniestra.
La presencia de una hostia cristiana en las pertenencias de un judío era algo sumamente sospechoso. Los rituales asesinos de sacrificio de vidas, especialmente en España, incluían frecuentemente actos groseros y sacrílegos, que canalizaban el odio de los judíos iberos contra la religión de Cristo, incluyendo por ello el uso morboso de sus símbolos como cruces, aceites sagrados y hostias. Estaban precisamente en el período de las fiestas del Purim-Passover, cuando más veces tienen lugar este tipo de actos herejes.
La noticia llegó rápidamente a oídos del párroco de Astorga y a los representantes de la Sagrada Inquisición, quienes llegan al lugar y detienen a García. Sin que se le torture hasta ese momento, el reo es interrogado minuciosamente. Los encargados no logran de él una explicación sobre el origen de la hostia, pero el inquisidor, aún bajo la sospecha de que el detenido puede tener algo que ver con prácticas judaicas oscuras, decide mantenerlo bajo el cargo de la acusación de un posible sacrilegio.
Conforme a lo establecido jurídicamente por aquel entonces, el detenido es sometido a tortura. En su caso, se trató del tormento de la ingesta desmedida de agua a la fuerza. Con estos castigos, García declara que, efectivamente, él aún practica fiestas judías en complicidad de otros de sus congéneres, como el judío marrano Juan de Ocaña, principal líder del grupo, seguido del judío Ca Franco y su hijo Yuce. García agregó, inclusive, que tenían la audacia de reunirse todos los sábados para compartir las normas de observancia del Sabbath. Parte de sus ritos incluían parodias de la liturgia cristiana, lo que explica la presencia de la hostia.
Hasta ese momento, no hay nada que haga asociar la muerte del muchacho con García y sus cómplices, ni para evitar la razonable duda que queda en este tipo de “confesiones” bajo tortura y sometimientos extremos. Sin embargo, lo que sigue ahora es la prueba de la veracidad de este caso, del que hoy en día una serie de autores judíos han tratado de explicar exculpando a los asesinos judaicos con tórridas interpretaciones de los hechos o hasta negando el asesinato de Cristóbal.
Todos los nombrados fueron detenidos en la prisión de Ávila, permaneciendo en celdas separadas. Yuce Franco, uno de los implicados, solicitó entonces la asistencia de un rabino como consejero y para atención íntima. Fue aquí cuando los encarceladores tuvieron una idea genial, al enviarle en vez de un rabino, a un judío converso experto en talmudismo y hebraica: el Padre Cuvíquez.
Era sabido por entonces, tal como en la confesión de García, que muchos marranos o “nuevos cristianos” sólo formalmente adoptaban el cristianismo como religión para evitar los problemas con la Iglesia, mientras que en su intimidad continuaban manteniendo el mismo desprecio y rencor contra el Catolicismo. Sin embargo, parece ser que Cuvíquez no compartía esta odiosidad y de veras se había entregado a la fe de Cristo, además de ser oficial del Santo Oficio. Fue así como asistió a su celda y comenzó a hablarle “en confianza”, de judío a judío, esperando motivar en él una confesión.
Yuce Franco fue correctamente persuadido y, creyendo que tendría frente a sí a un virtual cómplice silencioso, declaró al sacerdote su odio a la iglesia de Cristo y su participación en al menos un sacrificio ritual de un niño, junto a los demás inculpados. La totalidad de la conversación fue testimoniada por otra persona, el médico oficial de la cárcel de Ávila, a quien se le pidió permanecer oculto tras la puerta de la celda escuchando las palabras de ambos hombres, para reafirmar lo que declarara el padre haber escuchado. Ambos, el médico y el sacerdote, firmaron bajo juramento la veracidad de las palabras, atribuidas a Yuce, y emitidas sin tortura alguna.
Yuce estaba atrapado. Sin que fuera necesario provocarle dolor alguno, se había atado a sí mismo a la columna de la hoguera inquisidora.
Los oficiales del Santo Oficio le dieron así una oportunidad de vivir:
declarar contra la totalidad de los involucrados y admitir cómo y cuándo cometieron su crimen ritual, a cambio de un indulto.
En términos contemporáneos, podríamos decir que Yuce “cantó como canario”. Fue entonces cuando el converso, en Octubre de 1491, reconoció haber estado presente en el asesinato de Cristóbal, el niño martirizado de La Guardia, hecho horrible perpetrado por sus cómplices judíos y varios otros.
Volvemos a recalcar que hasta ese momento, Yuce no ha recibido ninguna clase de tormento o tortura para arrancarle confesiones. Si Yuce hubiese querido mentir para exculparse, le habría bastado con repartir los cargos criminales entre todos los detenidos (su padre Ca Franco, García y Ocaña) y salvarse de la hoguera. Sin embargo, en esta nueva declaración inculpó una serie de otros personajes judíos, incluyendo a varios otros familiares suyos.
La historia de Yuce coincidiría perfectamente con las circunstancias de la muerte de Cristóbal. Simon Wisenthal intenta explicar, confundido, en uno de sus trabajos de pseudo-historia, que Yuce “estaba enfermo”
cuando hace su declaración, en Octubre, deseoso de evitar las torturas;
sin embargo, según el famoso “caza-nazis”, el judío marrano estaba convaleciente desde hacía varios meses, ya que también intenta explicar lo relatado por él al sacerdote Cuvíquez también al hecho de “estar enfermo”, aunque en ningún lado aclara cuál es la mentada enfermedad (”Segel der Hoffnum”, 1992, S. Wiesenthal, Éditions Robert Laffont, París, pág. 137 y 139).
Yuce Franco declara así que, en 1489, durante el período de fiestas judías, García y Ocaña habían secuestrado a Cristóbal, por ser un niño cristiano apropiado para un sacrificio ritual, y lo llevaron hasta una caverna de Toledo, en donde esperaban él mismo, en compañía de su padre y tres de sus más cercanos familiares. Una vez allí, lo desnudaron, lo torturaron, lo crucificaron con clavos y representaron con su cuerpo desgarrado una grotesca interpretación de la crucifixión de Cristo.
Hubiese bastado con esto para condenar a todos los implicados a la hoguera en un escándalo mayúsculo, pero Yuce agregó otros horribles detalles al crimen: le vaciaron toda la sangre del cuerpo, le abrieron el pecho y le sacaron el corazón guardándolo en salmuera. Para terminar, danzaron alrededor del muerto escupiéndole a la cara e identificándolo con el mismo Señor Jesucristo. Su relato coincidía también con los registros que se tenían del estado del cuerpo del muchacho y de la disposición de sus espantosas heridas, siendo prácticamente imposible que recordara los detalles precisos de una historia de muerte ocurrida tantos meses, si acaso no había participado de ella más allá de ser otro receptor de la limitada información que en el momento corrió públicamente.
La hostia encontrada en el equipaje de García había sido utilizada en la muerte ritual, colocada seguramente en la boca del muchacho, para después ser usada con fines ceremoniales derivados. García había sido encargado de llevar la hostia y, aparentemente, una botella con sangre de la víctima, hasta uno de los rabinos más sabios de España para preparar pócimas y un encargo particular: iban a ser usadas en un maleficio contra Torquemada, el Gran Inquisidor, para darle “muerte a distancia”, según admitieron. La hostia verdadera permanece aún en el Convento de Santo Tomás, en España, dentro de un envase a modo de relicario.
Estas maldiciones supersticiosas son cosa frecuente entre los judíos fanáticos: en marzo del año 2000, por ejemplo, realizaron en Israel una de ellas contra el Papa Juan Pablo II ante las cámaras noticiosas, sin temor alguno.
Conmocionados, los clérigos ordenaron la detención de los nuevos familiares de Yuce implicados en el escándalo. Junto con Benito García, fueron sometidos a nuevas sesiones de tortura y todos confesaron por separado la misma historia, con los mismos detalles y la misma narración de los hechos. Si la historia de Yuce fuese falsa, esta sincronía “telepática” no podría conseguirse ni con la más larga y dolorosa jornada de tortura y dolor.
García agregó un detalle especial: los crímenes eran cometidos por motivaciones provocadas por los propios rabinos al predicarlos como una justa venganza contra los atropellos de los que la comunidad judía era objeto por los cristianos. En un ataque de ira, finalmente, y ya sabiendo del destino que le esperaba, García se quitó la máscara y manifestó iracundo su odio al catolicismo y su entrega absoluta al judaísmo, declarando aborrecer la religión de Cristo y sus símbolos.
Este acto fue considerado una verdadera blasfemia.
Tanto estas declaraciones, como las confesiones de Yuce, dieron pie al inicio de un espectacular juicio del Santo Oficio, cuyo jurado sería integrado por altísimos representantes de la cultura y la intelectualidad española, hombres nobles y de carácter intachable, todos ellos miembros de la Universidad de Salamanca. Ávila se convirtió en el epicentro de las crónicas de entonces. Las muchedumbres siguieron atentamente el desarrollo del caso y hubo varios intentos de revueltas antijudías al saberse los escalofriantes detalles del caso, que, afortunadamente para los judíos, lograron ser detenidas por dictados reales.
El 19 de Junio de 1491 emitieron su primer veredicto, al considerar que Yuce Franco era culpable de los cargos en forma unánime. A pesar de la inmunidad que se le había ofrecido, Yuce conoce sólo entonces -y
por primera vez- los tormentos de la tortura, luego de haberlo confesado todo, con mucha anterioridad. Esta tortura se le aplicó para forzarlo a reconocer cuál era el motivo de darle una muerte en crucifixión al muchacho, en vez de otra forma menos cruel y sanguinaria de sacrificarle. Aunque la respuesta, obviamente, era por una mofa en odio a la fe de Jesucristo, parece ser que Yuce se negaba a admitirlo para no empeorar las cosas, ya bastante delicadas para todos los judíos de España que estaban a punto de pagar en forma generalizada las implicancias del caso.
El largo expediente comenzó, así, a acumular cada vez más sospechas y posibles implicaciones de la totalidad de los judíos de España en estos casos de asesinatos rituales. Era, en gran medida, la prueba que se necesitaba para dar con el nexo entre el rabinismo talmudista y la existencia de estos históricos crímenes rituales que algunos creían aislados. Era, además, lo que muchos antijudíos necesitaban para convencer a los reyes, de una vez por todas, de expulsar a los judíos del reino.
Entre 1491 y 1492, los acusados fueron finalmente condenados a muerte en un segundo juicio, cuyo jurado eran notables académicos y sabios de Ávila; ocho judíos pagarían con sus vidas el horror cometido en La Guardia. Los reyes firmarían ese año el decreto de expulsión de todos los judíos de España, y Colón se contactaría con los más adinerados de ellos para iniciar su viaje a América, con la intención de trasladarlos hasta allá ahora que, nuevamente, eran corridos de algún lugar.
La Guardia nunca olvidó a su pequeño mártir. Algunos santuarios ya existían hacia 1501 conmemorándole. El Cardenal Siliceo, en 1613, solicitó licencia eclesiástica para rezar al niño, y el Arzobispo Alonso de Fonseca hizo levantar un ya desaparecido retablo en la cueva donde el niño fue martirizado. El Papa Pío VII canonizó al muchacho asesinado como San Cristóbal, en 1805, autorizando su culto en la Iglesia de Toledo. Fernando V, Carlos I y Felipe II fueron declarados devotos del Santo Niño de La Guardia. Existe un altar en su honor y el pueblo de La Guardia vive hasta nuestros días cuidando su memoria. Su tragedia y su alma se recuerdan como la del “Santo Niño de La Guardia” y celebran una fiesta especial en su honor, cada 25 de septiembre.
Una copia del extraordinario proceso fue editada por Fidel Fita en el Boletín de la Real Academia de la Historia, en 1887, además, una trascripción manuscrita del proceso se encuentra también en el Archivo Municipal de La Guardia. Sin embargo, el poder fáctico ha logrado hacer desaparecer el original, que según Fita fue destruido durante fue destruido durante el siglo XIX.el siglo XIX.”
Los amigos de AberraZión, basan su relato en el mismo libro de Simón Wiesenthal , del cual hemos hablado anteriormente, pocas palabras nos quedan a nosotros para agregar, simplemente que aquí a Simón se le acabó el repertorio y habla de engaños en la confesión y tortura , los mismos elementos que su Israel utiliza como legítimos, ya que es el único país en el mundo donde el terrorismo de estado se encuentra legalizado.
Si dudan de esto último busquen las informaciones recientes sobre lo ocurrido en Palestina y los líderes asesinados del Hamas.
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