Misteriosas mutilaciones de ganado VII
0 Comments Published by Administrador May 5th, 2008 in LecturasAlamosa (Colorado), 7 de septiembre de 1967
La noche está a punto de caer sobre la región. Como de costumbre, Harry King acude al establo de su rancho para comprobar por última vez el estado de los caballos. Snippy, el semental más viejo, aguarda en un rincón del recinto a que Harry le de las buenas noches, mientras que Lady, su jovencísima descendiente, se quedará —como cada noche—, suelta por la pradera.
Harry no puede imaginar que esa será la última vez que vea a su potrilla con vida. La mañana del 8 de septiembre, después de una noche en la que Agnes, la madre de Harry, cree haber visto un ovni sobre el rancho, los King se alarman al comprobar que Lady no ha regresado aún a su establo. ‘Iras esperar su vuelta durante horas, un grupo de voluntarios parte en busca de la yegua, suponiendo que ha sufrido algún accidente.
La búsqueda durará poco. Los presagios más oscuros se confirman de inmediato, cuando el cuerpo de Lady es encontrado sin vida junto a unos matorrales próximos a la valla que delimita el rancho. El estado en que se encuentra la potrilla muestra claramente que no ha muerto en circunstancias normales. El cadáver de Lady aparece brutalmente mutilado. La zona comprendida entre la base del cuello y el cráneo del animal está completamente descarnada, y muestra un esqueleto tan limpio que parece haber estado expuesto al sol durante varios días. El resto del cuerpo, en cambio, no ha sufrido ninguna otra agresión.
Huellas extrañas
No acabarán ahí los descubrimientos de esa jornada.
Horas después, al revisar la zona, el sheriff comprueba atónito que las huellas del animal se habían detenido a unos cincuenta metros de donde encontraron su cuerpo. Las autoridades se muestran incapaces de localizar arbustos rotos, sangre o señales que indiquen violencia. Tan solo una pista: unas extrañas marcas circulares, de diez centímetros de ancho por siete de profundidad, aparecen cerca del cuerpo del animal.
Un penetrante olor a medicina parece provenir de esas zonas. Para Nellie King, la dueña de la potranca en cuestión, una cosa está clara: “Su cuello fue cortado tan limpiamente que sólo pudo hacerlo un cuchillo de caza afilado”. A esa misma conclusión llegarán pronto en la oficina del sheriff, donde no podrán clausurar la investigación por falta de indicios convincentes.
Sólo la casual aparición en las cercanías del lugar de los hechos del doctor John Henry Altshuler planteará nuevas expectativas entre los policías encargados del caso.
Ladrones de sangre y órganos
Altshuler, especialista en hematología, trabaja por aquel entonces en el departamento de ciencias de la salud de la Universidad de Colorado. Tras ver interrumpidas sus vacaciones por la presencia de ovnis cerca de donde descansaba junto a su familia, se puso en contacto con las autoridades locales, y la policía —al comprobar su especialidad médica— le lleva hasta el lugar de la muerte de Lady.
“Cuando llegué junto al caballo —recordará Altshuler años después— pude ver que lo habían cortado desde la base del cuello hasta el pecho, con una incisión limpia y vertical. Al final del corte encontré una zona de color oscuro, como si la carne hubiera sido abierta y quemada con un bisturí eléctrico. Era como si hubiese sido quemada con un rayo láser, pero en 1967 no existía tecnología láser quirúrgica capaz de semejante proeza”.
La perplejidad del especialista está plenamente justificada. El equipo necesario para realizar una operación de ese tipo no se desarrollará hasta finales de los años setenta, y el peso total de uno de esos aparatos supera los doscientos treinta kilos.
Altshuler dedica muchas horas a contemplar a través de su microscopio las muestras de tejido que retira del cadáver de Lady. “Lo más asombroso —escribe en su informe sobre este caso— es la ausencia de órganos dentro del pecho de la yegua”. Y añade: “Quienquiera que hiciese aquel corte, extrajo limpiamente el corazón, los pulmones y el tiroides del animal, sin dejar rastro de sangre”.
Muertes en cadena
En los meses siguientes aparecen docenas de reses extrañamente mutiladas en todo Estados Unidos, y en años posteriores llegan a contabilizarse por millares. Las muertes son tantas que, finalmente, varias asociaciones de ganaderos llegan a ofrecer cuantiosas recompensas a quien descubriera al culpable de estas masacres.
La curiosidad científica termina por convertir al doctor Altshuler en uno de los más obstinados investigadores de este enigma, y aún hoy continúa recogiendo datos sobre el asunto. Su análisis de una mutilación relativamente reciente le ha llevado, por ejemplo, a la desconcertante conclusión de que el misterioso asesino de reses utiliza una herramienta que corta la carne a más de 150° C, y efectúa sus operaciones en poco más de dos minutos.
El enigma sigue aún activo. El 9 de marzo de 1989, en la propiedad de L. C. Wyant, en Hempstead (Arkansas), cinco vacas preñadas aparecen muertas y salvajemente mutiladas. A tres de ellas se les ha extraído el recto mediante un corte único y preciso. Ninguna tiene una sola gota de sangre en el cuerpo, como tampoco la tienen los terneros nonatos, alguno de los cuales fue sacado del interior de su madre e igualmente seccionado. Las vacas, además, parecen haber caído muertas de repente mientras caminaban en fila india por un sendero, y muestran cortes que tardarán más de media hora en reproducir en el Rose Medical Center de Denver, Colorado.
¿Quién se encuentra detrás de estas muertes?
Muchas son las hipótesis que se han barajado para explicar este repetitivo expediente X real. Ya en 1978 algunos investigadores de Texas, subvencionados por el FBI, concluyen que la mayoría de estos incidentes tienen una explicación natural: los insectos y la rápida acción de los depredadores podrían ser los causantes del misterio. Sin embargo, otros expertos rechazan esta explicación por poco convincente, y se inclinan más por otras posibilidades: desde que los animales hayan sido víctimas de sofisticados cultos satánicos o de algún tipo de criatura desconocida (como el Chupacabras denunciado entre 1995 y 1996 en todo el Caribe), hasta que se trate de algún experimento secreto de carácter militar.
Esta última idea se desprende de la presencia de helicópteros negros, sin distintivos ni números de identificación, vistos en las proximidades de los lugares de mutilación. Esto, como argumentan otros especialistas, significa que no se trata de un misterio asociado al fenómeno ovni. Pero las luces extrañas, y el incremento de casos de abducción en temporadas altas de mutilaciones, insinúan una más que inquietante conexión.
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