Pieza de la colección del Museo de Javier Cabrera en la que se representa a un trilobites, artrópodo extinto hace 250 millones de años.
* 1 Historia * 2 Las piedras * 3 ¿Autenticidad?, o 3.1 Pruebas del fraude * 4 Referencias * 5 Véase también * 6 Enlaces externos
La figura representada parece estar utilizando un ¿telescopio?
La vida del Dr. Javier Cabrera cambió por completo el 13 de mayo de 1966, cuando su amigo Félix Llosa Romero le regaló una piedra grabada para que la usara como pisapapeles. Éste le explicó al médico iqueño que, hacía años, los huaqueros (excavadores clandestinos en busca de tesoros arqueológicos) habían hallado en el desierto de la localidad peruana de Ocucaje, a unos 35 kilómetros al sur de Ica, una gran cantidad de piedras grabadas, que ya entonces se vendían a coleccionistas aficionados a la arqueología. Apasionado por el enigma, y en la medida que su tiempo y dinero se lo permitían, Javier empezó a explorar el desierto de Ocucaje en busca de fósiles. En compañía de un lugareño, Basilio Uchuya, que con el tiempo se convertiría en el mayor experto en localizar yacimientos de las misteriosas piedras. Cabrera llegó a almacenar miles de estos guijarros en su propia vivienda, que convirtió en un museo al que acudieron infinidad de investigadores, científicos y relevantes personalidades de la política, la empresa o el arte.
CAZANDO DINOSAURIOS
En este grupo de piedras grabadas parecen apreciarse intervenciones quirúrgicas; quizá una cesárea u otra operación similar.
Las piedras de Ica llevan décadas generando un enorme interés en expertos y medios de comunicación, pues, si no se trata de falsificaciones, deberíamos reescribir la historia de la humanidad. Entre las piezas más interesantes se encuentran aquellas en las que se aprecian escenas de seres humanos dando caza a dinosaurios, lo que significaría que el hombre convivió con estos grandes animales, supuesto inaceptable para la comunidad científica. Otra de las series revela la existencia de una desconocida civilización que poseía un vasto conocimiento en medicina, llegando a encontrar soluciones a diversos problemas que todavía hoy no ha resuelto por completo la cirugía, como técnicas utilizadas para anestesiar, partos en situaciones difíciles, transplantes de órganos (hemisferios cerebrales, corazón, bazo, hígado, riñón), cirugía facial, etc. Un tercer grupo representa observaciones realizadas desde gran altura, plasmadas luego en las piedras para mostrar la formación de los continentes. Sin embargo, estos dibujos no se corresponden con la actual configuración de
COMIENZA

En nuestra primera incursión en Ocucaje nos llevamos la impresión de que estábamos en un museo arqueológico al aire libre: dientes de animales, esqueletos fosilizados y cientos de caracolas marinas esparcidas por la arena. Reparamos asimismo en los sitios donde se llevaron a cabo enterramientos humanos, con evidentes signos de haber sido profanados. Debido a la costumbre de depositar objetos junto a los muertos, las tumbas han sido siempre un objetivo codiciado por los huaqueros.
Tras unas breves pesquisas, localizamos a Basilio Uchuya, la persona que había suministrado gran parte de los guijarros a Javier Cabrera. Pretendíamos convencerle para que nos indicara dónde se encontraban los «yacimientos» de las piedras. En su humilde casa nos mostró unas estanterías repletas de glifos grabados, de distinto tamaño. «Todas las del fondo las he grabado yo; están basadas, casi en su totalidad, en los dibujos de las líneas de Nazca», nos dijo. Entrevimos más piedras repartidas en pequeños grupos por distintos lugares y, sobre todo, en el suelo. Estas últimas parecían idénticas a las que habíamos visto en el museo de Cabrera o, al menos, tenían gran similitud con ellas. «Esas son otro tipo de piedras -subrayó Basilio-. Son las auténticas, las que ya vienen grabadas». Continuamos charlando un buen rato, estableciéndose una corriente mutua de simpatía entre nosotros. En un momento dado le propusimos que, al día siguiente, nos acompañara al desierto para mostrarnos los yacimientos. Aceptó gustoso.
DESCUBRIMIENTO INESPERADO
Nos presentamos puntuales a la cita. A la puerta de su casa nos estaba esperando Basilio junto a dos de sus vástagos, Javier y Ornar. Tras cargar en la parte trasera de la camioneta palas, picos, espátula y barretinas, salimos dispuestos a comenzar la aventura. Habría transcurrido más de una hora cuando Basilio, de pronto, nos avisó de que estábamos en el cerro de
En esta ocasión decidimos subir a una zona un poco más elevada que la vez anterior. Además de los hijos de Basilio, nos acompañaban otros dos jóvenes, que formaban parte de la familia Uchuya. Serían más de las nueve de la mañana cuando decidimos que aquél era el lugar que presentaba las mejores condiciones para ser excavado. Los chicos se pusieron a la tarea. Estuvieron excavando varias horas, mientras nosotros íbamos recogiendo muestras de las distintas capas y guardándolas en bolsas. En dos ocasiones toparon con algo, pero no eran más que guijarros corrientes. Pero, al fin, uno de los hijos de Basilio dio con lo que parecía… ¡una piedra grabada! Todos gritamos, felices ante el hallazgo. Pero nuestra alegría duró hasta que descubrimos que la piedra no servía para ser analizada, pues estaba enterrada en terreno removido, por lo que no podría arrojar ningún dato fiable sobre la profundidad, dureza, sedimentación, etc.
Finalmente nos movimos unos metros más arriba, donde la tierra no estaba removida y había un lugar interesante para continuar con el trabajo. Nuestros excavadores sudaban al tener que picar cada vez más fuerte. Con todo, llegó un momento en el que pensamos que las capas más profundas tampoco esconderían nada de interés y decidimos que lo mejor sería regresar. Entonces, de repente, Javier gritó: «Aquí, aquí». Nadie se movía ni decía nada. Ni tan siquiera él, que fue quien dejó al descubierto una descolorida tela marrón con unas rayas oscuras. Se trataba, en efecto, de un paño aparentemente de hilo, bastante descolorido y deteriorado, que presentaba unas rayas finas intercaladas con otras más gruesas de color oscuro. Pero la verdadera sorpresa llegó un poco más tarde, cuando nos dimos cuenta de que dicho paño dejaba al descubierto parte de una piedra… ¡Y estaba grabada! Con mucho cuidado, y sin siquiera descubrir el grabado del guijarro, la recogimos y guardamos en una bolsa, que sellamos y etiquetamos.
Continuamos cavando hasta que, debajo de una gran roca, aparecieron muchas piedras, pequeñas y redondas, pegadas a una argamasa, que no era más que el caliche o sedimentación de carbonatos. Al apartarla un poco, descubrimos otra hermosa pieza grabada. El dibujo mostraba lo que parecía un hombre con algo similar a un tubo en la boca, tumbado encima de una cama. Junto a la misma, se distinguía un personaje de pie que aferraba entre las manos un cuchillo o algo similar a un bisturí. Estábamos exultantes. Después de pasar un rato picando y levantando capas, hallamos tres piedras más a escasa distancia una de la otra, como si se tratara de una sola veta. Algunas de ellas estaban recubiertas de una sedimentación fuertemente adherida, algo de suma importancia para el estudio de la estratigrafía y, por consiguiente, para determinar su antigüedad, algo que haríamos en España.
La piedra grabada que se entregó a
Una vez en España, nos dirigimos al laboratorio de Datación y Radioquímica de

ANEXOS
Los guijarros con los misteriosos grabados se desenterraron en Ocucaje, un paisaje de cerros cubiertos por fósiles y conchas marinas, en cuyas laderas es fácil encontrar tumbas, supuestamente incas y preincaicas, excavadas en la roca. La tierra del desierto oculta también infinidad de restos fósiles pertenecientes a animales -algunos ya desaparecidos-con una antigüedad de millones de años. Los científicos han hallado en el lugar desde peces minúsculos hasta tiburones de dimensiones colosales, antepasados de los actuales predadores marinos, que medían más de veinte metros de envergadura, llegaban a pesar treinta toneladas y que dominaron los océanos durante 70 millones de años. Además, se han encontrado numerosos esqueletos de primitivas ballenas, delfines, cachalotes, orcas, y restos de mamíferos marinos de gran tamaño.
La revista limeña Mundial publicó en 1975 un extenso artículo intentando demostrar que las piedras de Ica eran un fraude elaborado por los vecinos de la localidad. Sus reporteros lograron acceder a los testimonios de los campesinos ante
a Basilio Uchuya. En cierta ocasión, le preguntamos a él mismo la razón por la que había confesado a los agentes del orden que las piedras eran un producto de artesanía. Basilio mantenía que su amigo, el doctor Cabrera, le había aconsejado que mintiera si quería librarse de la dura pena que suponía haber desenterrado un yacimiento arqueológico. Era la misma versión que habíamos escuchado de boca del propio Cabrera anteriormente.
M. DEL CARMEN OLÁZAR Y FÉLIX ARENAS


holas a todos!
tambien he aportado historia y historias,
teclear mi nombre y vais directos a mi pagina web de las piedras de ica.
Saludos.
Abraham Veciana.