Las “no muertas” en el folclore y la mitología
0 Comments Published by Administrador March 25th, 2008 in Incógnitas 
[[Lilith]], Empusa, Lamia, Bruxsa, Loogaroo… Todos estos nombres comparten un mismo sexo, el femenino, y un mismo apetito, la sangre.Y es que todas ellas son vampiros, algunas de las muchas que, en distintos lugares de la Tierra, atemorizan a los hombres, a quienes seducen, y a las madres, a quienes arrebatan sus retoños sin un ápice de piedad. Se encuentran en los bosques, en los caminos, en los cementerios, en los pueblos, quizás en tu propio lecho…
El rey de los “no muertos”, Dracula, se le ha rodeado siempre de bellas concubinas, chicas por él vampirizadas que le han servido de esclavas sexuales con las que atraer a las víctimas masculinas. Monstruos secundarios, al fin y al cabo, pe-—ro el mundo de la noche en el que pululan criaturas de toda forma, conoce otras hembras poderosas que no necesitan del macho sino para alimentarse de ellos. El folclore y la mitología están repletos de abominaciones femeninas, atractivas al ojo humano si se lo proponen, con una capacidad de embaucar sorprendente. Demonios, espíritus, brujas… una suerte de entes malignos que gozan cuando la sangre tibia chorrea por sus gargantas. Todas las culturas han conocido -y conocen- alguna mujer vampiro -o vampiro mujer-, provocadora de catástrofes en la comunidad en la que opera. Estas malditas rompen matrimonios, echan a perder las cosechas, asesinan a los niños. Destrozan al coletivo como una mortífera peste y las puertas de las casas, y sobre todo las cunas de los bebés, se llenan de amuletos con los que poder protegerse de ellas. Aquí, reunidas en estas páginas que siguen, se encuentran varias de las más sanguinarias “chupasangres” de todos los tiempos, vampiras legendarias a las que deberiamos temer. Ahora cuélguense al cuello una ristra de ajos antes de continuar leyendo.
Lilith. la primera mujer… y la primera vampiro
Adán y Eva, para una buena parte de los mortales, al menos de los creyentes en los asuntos de la Biblia, esos dos nombres se corresponden con las dos primeras personas creadas por Dios en el Génesis, libro en el que no se deja margen para una mujer anterior a Eva. Sin embargo, los judíos dieron nombre -retomado, más bien, pues ya hay constancia de ella en la mitología sumeria- a una fémina primigenia que fuera compañera de Adán antes que Eva: Lilith. De origen incierto y reputación oscura, esta dama pelirroja, hermosísima si hacemos caso a lo que de ella apunta el mito, está considerada la vampiro original, una insaciable chupadora de sangre infantil, igual a la Lamia helénica que de torso abajo puede poseer aspecto de reptil, serpiente más exactamente, y poblar así las pesadillas de los hombres. Aún con su carga de maldad, Lilith ha sido elevada a los altares del feminismo debido a su espíritu libre, pues de ella se dice que, harta de Adán, lo abandonó en el Edén alzando el vuelo para vivir su propia historia. Como tantas otras criaturas vampíricas, Lilith se alimentó de la sangre de cientos de infantes, a los que reemplazaba por hijos-demonio concebidos con el semen que robaba en los lechos varoniles. Hay quien apunta a que, por esa inclinación suya de quedarse con el semen desperdiciado, Lilith es la madre de los súcubos, demonios que visitan a sus víctimas mientras duermen y les hacen el amor, aunque también ella misma está considera un súcubo; la reina del gremio por supuesto.
Empusa, pata de bronce
En el fascinante universo de los insectos existe una mantis marrón llamada empusa pennata, nombre apropiadísimo para un animal de apariencia tan extraña e inquietante, bella también sin duda, y cuyas hembras poseen una fama terrible por devorar a sus machos durante la cópula. No por casualidad, claro, se la llama “empusa”, un ser de la mitología de la Grecia antigua, demonio súcubo manejado por Hécate y poseedora de la extraor-
diñaría capacidad de transformarse en animales diversos, vaca y perro, por ejemplo, y que gustaba de engatusar a los hombres adquiriendo una grata apariencia femenina, con el objetivo no sólo de acostarse con ellos, sino de beberles la sangre y devorarlos. Así describe su apariencia el asustado Jantias de la comedia Las ranas, de Aristófanes, cuando hace su aparición Empusa en el Hades: “¡Horrendo! Toma toda clase de formas: ya es un buey, ya es un mico, ya una mujer muy hermosa”. A la Empusa, bella en su transfiguración femenina como atestigua Jantias, la delata sin embargo una pierna de bronce a la que le es imposible dar forma humana. Curiosamente suele manifestarse al mediodía, y no durante la noche, para sorprender a los hombres durante la hora de la siesta. Con el tiempo, y de tan frágil que llegaría a ser su ánimo, se la podía ahuyentar tan sólo con el insulto.
Lamia, la lujuriosa
Relacionada con la Empusa, la Lamia es la vampira más popu-
lar de la antigua Grecia, identificada a menudo también con la Lilith ya mencionada. Hija de Belo y Libia, a Zeus le dio varios hijos, casi todos devorados por ella misma bajo encantamiento de la diosa Hera, que, celosa por haber mantenido relaciones con su esposo, la transformó en un monstruo y la castigó a no poder cerrar los ojos. Ante tamaña crueldad, Zeus, apiadado de ella, le concedió la capacidad de extraerse los globos oculares cuando se lo pidiese la fatiga.Torturada por la visión de sus hijos muertos y envidiando la maternidad de otras mujeres, Lamia decidió emprender una cruzada contra las madres, bebiendo la sangre y comiendo la carne de sus hijos. Con el devenir de los tiempos, el mito dio paso a una superstición que tomó forma en las gentes de los pueblos griegos, quienes aseguraban que las lamias se alimentaban de los viajeros desprevenidos, de los que tan sólo dejaban la osamenta. Aventurarse pues por los caminos era tan arriesgado en Grecia como lo sería sin duda hacerlo en los parajes solitarios de Portugal, tal y como veremos a continuación.
La portuguesa Bruxsa
Fémina alada, igual de lasciva que sus colegas, el folclore luso le da vida nocturna y la hace atormentar a los viajeros solitarios y alimentarse de los niños, entre los que, como si de Lilith se tratase, se encontraban sus propios vastagos. Convertida al vampi-rismo a través de la brujería, la Bruxsa portuguesa, que durante el día pasa desapercibida entre los mortales y utiliza su apariencia serena para ganarse la confianza de sus futuras víctimas, sale de su cubil al caer la noche y se transforma en un pájaro que
aer la nocne y se transforma en un pajaro que sobrevuela los caminos a la espera de toparse con algún viajero cansado al que poderseducirtras adoptar la forma de una joven hermosa. Sin embargo, para saciar su lujuria, sus mejores amantes son los propios demonios, a los que se une en una horrenda ceremonia sexual. Se la tiene por una de las vampiras más fuertes, pues se cree que no hay nada, ni nadie, que pueda acabar con su vida, siendo así auténticamente inmortal, la única realmente invencible de todas las reseñadas en estas líneas.
La negra Masani de la India
En una mitología tan rica como la hindú no podía faltar la figura del vampiro, y si los tienen con forma infantil, los masan, también los hay que adoptan las formas de la mujer. Así, en la noche de los cementerios de la India, cuando se oye el susurro de los rezos, un espíritu maligno, de apariencia femenina y negro como las cenizas entre las que duerme, despierta para atacar a quien se encuentre cerca de su tumba -posiblemente una pira funeraria-, sin importarle sexo o edad, pues ella no tiene predilección por ningún mortal, sino que mata, con extrema crueldad, al desdichado o la desdichada que caiga en sus garras. Esta vampiro es la Masani, dueña y señora de la tierra en la que descansan los muertos. No acepta intrusos en sus dominios, aunque estén concentrados orando a sus difuntos.
Las strígoaica rumanas
Con el término rumano strigoi se designa a los entes vampíricos, capaces de transformarse en seres diversos, entre ellos la lechuza, con cuyo pico abrían el pecho de sus víctimas. Los strigoi están divididos en dos grupos: strigoi viu, que no son sino personas malditas condenadas a ser strigoi mort, los vampiros terribles devoradores de personas. De todos ellos, los que interesan a este recorrido femenino son las strígoaica. Algunas versiones no las identifican con verdaderas “chupasangres”, sino que las dotan de la capacidad de absorber la energía de los seres vivos -incluidas aquí las plantas, de ahí que se les atribuya la ruina de las cosechas-, lo que puede entenderse como otra forma de vampirismo. Sin embargo, la versión más extendida no la aleja de sus iguales en otras latitudes, pues la culpan de beber la sangre de lo niños y de atacar a los hombres. Si alguien sospechaba que su pariente era un strigoi viu y que, debido a esto, se iba a transformar en vampiro una vez muriese, su cadáver era destruido para que no pudiese resucitar.
En América, las asema. las sukuyan y las loogaroo
Junto a las sukuyan y las loogaroo, las asema de Surinam, el pequeño país de Sudamérica, forman un grupo vampírico cuyo origen hay que buscarlo en el África Occidental. Se trata de unas vampiras muy especiales, pues no adquieren forma material salvo durante el día, cuando se disfrazan de ciudadanas corrientes.
Así, estos seres, ancianas de apariencia normal, se despojaban por las noches de su envoltorio dérmico y, como intensas bolas de luz, se desplazan por el aire en busca de los desgraciados a los que les succionaban la sangre. Existían varias formas para protegerse de ellas, que ni eran inmortales como la Bruxsa ni tan vulnerable como la Empusa. Quienes la temían podrían beber un brebaje de hierbas que les agriaba la sangre y/o esparcir semillas en la puerta de sus casas para que la vampira se entretuviese en cogerlas hasta que llegase el día y el Sol la abrasase. Otra forma de acabar con las asema era manipulando sus pieles de manera que éstas encogieran y así ya no pudieran servirle de escondite. Muy similar a las asema son las llamadas sukuyan, originarias de la isla caribeña de Trinidad, quienes también abandonaban su falsa piel para deambular como bolas azules en busca de alimento. Se dice que si estas energías eran cazadas podían llegara materializarse con forma animal. Asociadas también con las sukuyan y las asema, las loogaroo son autóctonas de Haití. Como ciertas brujas, estas mujeres pactaban con el diablo para que, a cambio de sangre, les concediera algunos favores.
Guaxas, guajonas, meigas chuchonas
España también es tierra de vampiros y ahí está el caso del conde Estruc, personaje catalán legendario aún no estudiado como se merece. Y también tenemos “no muertas” por estas latitudes, mas al norte, de donde suelen partir casi todas nuestras historias de brujas. Muy emparentadas con ellas están las vampiras españolas. Las guasas asturianas son algunas de estas diabólicas representantes. Viejas de aspecto tremebundo, al caer la noche podían transformarse en ave, generalmente en lechuza y así, si ésta se posaba cerca de una casa, ya podían estar intranquilos sus moradores porque nada bueno iba a ocurrir. Y es que la guana, transformada así en lechuza, vigilaba a sus víctimas, niños preferentemente, a los que, en el momento apropiado, succionaba la sangre con su único colmillo. Esta desdentada tiene su igual en Cantabria, ahora con el nombre de guajona, quien, según la tradición, tenía la capacidad de esconderse bajo la tierra para que nadie pudiese encontrarla. Más al oeste, en térras gallegas, donde las meigas han encontrado sus mejores parajes, existe una variante de estas brujas a la que se ha apodado chuchona, que acoge ahora la repugnante forma de una mosca para saciarse de la sangre de los pequeños, de nuevo la fuente favorita del preciado líqudo.Según la leyenda, se la espantaba con una ramita de laurel o de avellano mientras se decía un conjuro.
Vampiras reales: asesinas con ansias de sangre
Cerraremos este catálogo vampírico con represenantes de la más dura realidad, ajenas del todo -o casi del todo- a la leyenda y a las que se ha tildado de vampiras” por sus deleznables actos. La más popular de todas las que haya concocido la historia negra ha sido Ezsebet Bathory, riquísima húngara nacida en Transilvania de los siglos XVI y XVII, apodada “la Condesa Sangrienta” por la crueldad de sus ceremonias rejuvenecedoras, que incluían los baños de sange de doncella.
Realidad y leyenda se entremezclan en una de las historias más impactantes de la criminología.
Mucho más documentado que el caso de la condesa Báthory está el de la española Enriqueta Martí, “la Vampira del Carrer Ponenf” que en la primera década del siglo XX mantuvo en vilo a la sociedad barcelonesa al descubrirse que había secuestrado, prostituido y matado a varios infantes a los que sacaba la sangre, el tuétano y las grasas para elaborar pócimas supuestamente curativas.
Como vemos, esta “sacamantecas” de carne y hueso tiene algo que ver con las vampiras de cuento de las que hemos venido hablando en estas páginas.
Muchas son pues las féminas nocturnas que, escondidas en vaya usted a saber dónde, esperan el momento para poder morder el cuello de los varones que tienen la fatalidad de cruzarse en su camino. Si se quiere caminar por bosques solitarios, no está de más proveerse de amuletos contra estos seres y saber que, detrás de una bella dama que salga a darnos el encuentro, puede encontrarse el más oscuro de los demonios.
La mujer vampiro en la literatura
La más famosa de las vampiras literarias, Carmilla. creación de Sheridan LeFanu, se dio a conocer en una novela en 1872, años antes que el famoso conde Drácula de Stoker. Carmilla posee ya una de las más notables características de la vampiro literaria, y sobre todo cinematográfica: su tendencia lésbica. Pero antes que Lefenu, el poeta Teophile Gautier ya había creado a una mujer vampiro sensual, aunque hetero, la Clarimonda de la novela corta ta muerte enamorada (1836). Más recientemente, y aquí en España, la investigadora y escritora Clara Tahoces publicó la novela Gothika (2007), repleta de mujeres vampiro.
Vampiras en el cine
Como hemos apuntado en el apartado de literatura, el lesbianismo ha sido una constante a la hora de representar a la vampiro en el cine. Ya en La hija de Drácula -Drácula’s daughter, 1936-, de Lambert Hillyer, la condesa María Zaleska sentía cierta predilección por las jovencitas, pero seria la Hammer, con sus revisiones de Carmilla en The vampire lovers (1970), de Roy Ward Baker, y lust for vampire (1971), de Jimmy Sangster, quien subrayaría esta inclinación sexual. Otros directores, como Jean Rollin -Le vio/ du vampire (1967)- y Jesús Franco -Las vampiras (1970)- fueron algo más atrevidos. También hermosa, aunque bastante más recatada, es Selene -Kate Beckinsale-, la vampiro guerrero de la saga iniciada con Underworld (2003), de Len Wiseman. Recientemente, Paul Naschy ha vuelto a la dirección con Empusa (2007), inspirada en este mito.
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