Cuando el ufólogo William Moore confiesa haber colaborado con AFOSI en la intoxicación de Bennewitz, a cambio de que le entreguen información confidencial, nadie se plantea que en el origen mismo de esta trama pueda haber un incidente relacionado con el control mental. Pero muchos sospechan entonces que en las áreas restringidas donde supuestamente tienen sus instalaciones los extraterrestres se realizan experimentos ultrasecretos. Hoy ya se conoce dónde se han desarrollado la mayoría de estos, desde el estudio de armas atómicas hasta las investigaciones de la SDI o del pulso electromagnético, potente arma capaz de anular todos los sistemas electrónicos, pasando por los sofisticados aviones Aurora o Stealth (in-visibles al radar), ciertas armas bacteriológicas y electromagnéticas, y otros muchos proyectos aún por desvelar: en las áreas poco pobladas de Nevada y Nuevo México. Este último es el estado en el que se han producido más casos de ovnis estrellados, abducciones, inexplicables mutilaciones de ganado y otros incidentes que podrían estar ligados a tales investigaciones, de una u otra manera.
En numerosas ocasiones se han observado misteriosas furgonetas y helicópteros negros carentes de identificación, que tan pronto aparecen en el escenario de secuestros y mutilaciones, como escoltan a ovnis averiados o vigilan estrechamente las casas de algunos abducidos. Tales vehículos podrían transportar los equipos encargados de la ejecución y mantenim——iento de los experimentos de control mental y de otros tipos, e incluso podrían formar parte en un futuro de un sofisticado sistema de guerra psico-bio-electromagnética. Podrían tener sus centros operativos en las instalaciones secretas donde parecen almacenarse —y tal vez desarrollarse— sofisticados prototipos aeronáuticos que son tomados por naves extraterrestres, como son la zona que rodea a la base aérea de Kirtland (Nuevo México) o el Arca 51 -Dreamland- (Nevada).
¿Terrestres o extraterrestres?
¿Significa todo esto que las abducciones son exclusivamente producto de una manipulación terrestre?
Afirmarlo sería ignorar la naturaleza y el comportamiento del fenómeno ovni. Algunos de quienes lo estudian, están convencidos de que su norma de manifestarse públicamente provocando un profundo impacto psicosocial, sin dejar en cambio pruebas indudables de que se trate de naves extraterrestres, ni comunicar abiertamente quiénes son y cuáles son sus intenciones, responde a una forma de ejercer sobre la humanidad una determinada influencia, similar a aquélla a la que se ha visto sometida a lo largo de la historia, cubierta bajo manifestaciones de carácter mágico o religioso. Es posible que, al menos algunas de las inteligencias suprahumanas que manejan los ovnis, sean cualificados expertos en la manipulación de la conciencia humana y en formas de ingeniería genética mucho más avanzadas que las terrestres. Puede que —desde la noche de los tiempos— hayan utilizado estas técnicas para controlar y utilizar a la especie humana con fines que sólo ellos conocen. Y que si ahora están intensificando su actuación, probablemente se deba a que el nivel de desarrollo actual les resulte más apropiado para sus fines y/o a que la transformación acelerada que está viviendo la humanidad en esta época les hiciera temer una toma de conciencia generalizada que promoviera una estampida en el redil en el que la han mantenido aislada.
Manipuladores cósmicos
Comparados con ellos, los manipuladores terrestres serían unos meros aprendices de brujo. Otra cuestión es aclarar si quienes guían a estos aprendices humanos actúan por cuenta propia o bajo la dirección de maestros extraterrestres que podrían precisar de su colaboración en un vasto programa de manipulación individual y colectiva.
Sea como fuere, es necesario continuar abiertos a todas las posibilidades, sin olvidar nunca que —aunque los gobiernos nieguen todo conocimiento de hechos tan alarmantes— la verdad sigue estando ahí fuera, desafiante. Y que lo que podría estar en juego sería la libertad y el destino del hombre. Ni más, ni menos.
La posibilidad de que así sea es, cuanto menos, inquietante.
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