Es así como deberían interpretar su responsabilidad y obligación tanto autoridades políticas, como religiosas, como ciudadanos. Con esta simple regla de oro, el mundo viviría en paz. Si un Hitler hubiera pensado que a él no le gustaría que le hicieran lo que ordenaba hacer a judíos y otros, pues no lo habría hecho. Si los ciudadanos sabemos que todos los políticos mienten por igual, y que sólo les mueve la ambición y la codicia de poder, el ganar dinero… No votaríamos a esos políticos, sino a los que realmente sirven al pueblo, y, si no los hay, y la mayuoría de las veces, realmente no los hay, pues no se vota a ninguno… Sin embargo, creo que esta norma, que preconizaan todos los grandes profetas y maestrros, y nosotros, cristianos católicos, solemos repetir en ciertos momentos al leer los evangalios, es la única que, prácticamente, no se cumple. Y no cumpliendo ésta, las demás carecen de valor, por muy rigurosamente que sean cumplidas.
Por eso, la Navidad, desde hace varias décadas, va perdiendo con cierta rapidez y de modo lastimoso, su auténtico carácter, y se convierte en la gran fiesta del consumismo egoísta, hipócrita e insolidario. Pues, unos, consumen más de lo que pueden, y aún lo que les sobra, no se lo dan al hermano que ni siquiera puede el mínimo absolutamnete imprescindible.
Se reúne toda una familia, pero sólo comen y benen, muchas veces, hasta el hartazgo, incluso llegando a provocarse graves, y muchas veces mortales problemas, no conviven en absoluto, apenas intercambian palabras en unas horas, incluso si hace años que no se ven….
En cambio, en los lugares donde se pasa tanta necesidad, la gente es enormemente humana y comunicativa, siendo la suya, una verdadera Navidad, en la que realmente nace Dios, pero no un día determinado, sino todos los días de toda la vida.
Me pregunto, y no sé responderme, si esto es un castigo para unos, y una bendición para otros, una llamada a los primeros, para cambiar, y un aviso a los segundos, para que continúen así siempre, incluso si llegaran a ser tan ricos como los otros…
Es así como deberían interpretar su responsabilidad y obligación tanto autoridades políticas, como religiosas, como ciudadanos. Con esta simple regla de oro, el mundo viviría en paz. Si un Hitler hubiera pensado que a él no le gustaría que le hicieran lo que ordenaba hacer a judíos y otros, pues no lo habría hecho. Si los ciudadanos sabemos que todos los políticos mienten por igual, y que sólo les mueve la ambición y la codicia de poder, el ganar dinero… No votaríamos a esos políticos, sino a los que realmente sirven al pueblo, y, si no los hay, y la mayuoría de las veces, realmente no los hay, pues no se vota a ninguno… Sin embargo, creo que esta norma, que preconizaan todos los grandes profetas y maestrros, y nosotros, cristianos católicos, solemos repetir en ciertos momentos al leer los evangalios, es la única que, prácticamente, no se cumple. Y no cumpliendo ésta, las demás carecen de valor, por muy rigurosamente que sean cumplidas.
Por eso, la Navidad, desde hace varias décadas, va perdiendo con cierta rapidez y de modo lastimoso, su auténtico carácter, y se convierte en la gran fiesta del consumismo egoísta, hipócrita e insolidario. Pues, unos, consumen más de lo que pueden, y aún lo que les sobra, no se lo dan al hermano que ni siquiera puede el mínimo absolutamnete imprescindible.
Se reúne toda una familia, pero sólo comen y benen, muchas veces, hasta el hartazgo, incluso llegando a provocarse graves, y muchas veces mortales problemas, no conviven en absoluto, apenas intercambian palabras en unas horas, incluso si hace años que no se ven….
En cambio, en los lugares donde se pasa tanta necesidad, la gente es enormemente humana y comunicativa, siendo la suya, una verdadera Navidad, en la que realmente nace Dios, pero no un día determinado, sino todos los días de toda la vida.
Me pregunto, y no sé responderme, si esto es un castigo para unos, y una bendición para otros, una llamada a los primeros, para cambiar, y un aviso a los segundos, para que continúen así siempre, incluso si llegaran a ser tan ricos como los otros…