La condición humana
1 Comment Published by Administrador March 3rd, 2008 in Incógnitas, Mundo e HistoriaUNICEF informa que más de 15 millones de niños mueren por año en el Tercer Mundo, como consecuencia directa de la desnutrición: unos 40 mil por día.
Bien: he aquí algunas imágenes de lo horrible. No hemos escuchado últimamente ningún discurso en cadena referido a alguno de estos asuntos, o a algo cercano. No nos consta que haya algún debate público por radio o televisión con tal objetivo. Así que alguien tenía que acordarse y hacer un apunte visible. El resto, para alarma de ciertos especialistas en distracción pública, ha sido descripto por Juan Pablo II durante su estadía en Brasil. No es necesario redundar.
Siento, por lo tanto existo. No digo que sea mas importante que pensar. Digo que es tan importante. ¿Qué siento? Primero, unas ganas bárbaras de vivir. Luego descubro una cantidad notable de tópicos que procuran, de un modo u otro, cierta aproximación a la belleza. Que no esta constituida apenas por las cosas lindas, sino también por las justas y las pacíficas. Hay en todo este asunto un compromiso ético, antes que estético. Respetamos particularmente a los niños porque constituyen nuestro pasaporte al porvenir. Por el hecho de haber nacido, nosotros hemos sido un pasaporte al presente. Este presente en el que se encuentra el futuro del futuro.
Evoco alguna noche angustiosa en la que he salido corriendo de casa, rumbo al Hospital de Niños, con alguno de mis hijos en brazos en situación de emergencia. Lo hicieron mis padres, mis abuelos, los tuyos también. Lo harán tus hijos con tus nietos.
Dije futuro. Dije tus nietos. Como se ve, aquí tenemos a un optimista. Mi credo no emana de algún dogma determinado, ni de alguna ideología cercana o distante. Brota del mero hecho de existir. Respirar ya es un acto político, que no depende del visto bueno de un partido, una secta o un sindicato.
Somos parte de la familia humana, donde a la par de millones de individuos alucinados por cuestiones destructivas de variado cariz, hay otros millones aplicados a rubros como la Tecnología Apropiada, la Simplicidad Voluntaria, la Frugalidad Evolutiva, la Psicología Humanística, la Democracia Anticipatoria.
¿Has leído algo de esto en tu diario de la mañana o en tu revista de la tarde? Seguramente no. La necrofilia vende mas: el fallecimiento de un actor, este incendio, aquella inundación. La muchedumbre ensaya su papel para el Apocalipsis, carcomida por el pánico ante una eventual catástrofe planetaria. Petrificada. Huyendo en vano del espectro de una agonía en vivo y en directo.
El dolor. ¿Qué te puedo decir del dolor? Oigo llorar a mi papa a mi lado, en el auto. Le venció el registro de conductor, no podrá renovarlo porque de un ojo ya casi no ve, y el otro no le funciona muy bien. No lo dice, pero teme quedarse ciego. Y hay algo peor que no me va a saber explicar, pero me doy cuenta. Le asusta su ingreso a la senilidad… la idea lo desgarra. Lloro a su lado, apretándole el brazo. Lo más que hizo en la vida fue ser un buen padre. No levantó imperios financieros, no triunfó en el supermercado social. Siente que pudo haber hecho alguna cosa trascendente en su vida, además de los hijos. Como muchos, no supo hacia dónde dirigirse. Y se concentró en la supervivencia física en este lugar de América al que llegó a los 14 años. Tuvo su casa, su auto, sus vacaciones junto al mar. Pero algo le dice que lo estafaron, que le robaron la capacidad de ir mas allá de lo cotidiano.
Como siempre, uno es parte del problema, o parte de la solución. He viajado mucho por los Estados Unidos, la gente de allí es como la gente de cualquier lugar: no es una cueva de monstruos imperialistas. No he estado en la Unión Soviética, pero pienso que los muchachos de Moscú tienen tanto apego a la humanidad como todo individuo sensato. El problema estriba en que la sensatez no se practiva en el sitial de quienes en este momento barajan en sus manos la decisión de convertir a la Tierra en una costra de ceniza.
Los gobiernos tienen el monopolio del poder político, de los armamentos, de los recursos naturales, del dinero, en fin, del destino de sus ciudadanos. No obstante, en vez de contribuir a la mejora de los asuntos del mundo, siguen aportando detalles para su empeoramiento. Y para completar el cuadro tienen también el monopolio de la información. Y pese a todo ello, no son poderosos. Cualquier monje en estado de éxtasis es más poderoso que todos los gobiernos del planeta juntos, aunque vista harapos y no tenga techo. ¿Por qué? Porque tiene toda la Creación a su favor. Ni más ni menos que toda la Creación.
Algunos amigos me han criticado la notoria cantidad de traducciones de textos norteamericanos que hay en Mutantia. Ni siquiera se imaginan los que va a haber. Porque en ese país, que en lo estructural funciona como modelo de Occidente, inclusive para la gente de Oriente, así como se han dado los mayores adelantos en lo material, así se están dando cúspides invalorables de elevación espiritual. En el tope y en las bases, sumando quince millones de individuos.
John Vasconcellos, un asambleísta del estado de California, ha dicho: ‘Hoy Rollo May habló sobre la necesidad de un nuevo mito. Me parece que no necesitamos un nuevo mito, necesitamos basar nuestras vidas en nuestra propia realidad, precisamos rescatar el viejo mito de que somos malignos y necesitamos ser arreglados, de que no podemos confiar en nosotros mismos o ser abiertos y amorosos y gentiles. La prueba, pienso, para todos nosotros-tanto urgente como de alegría y celebración- estriba en sí vamos a elegir ser nosotros mismos, si deseamos ser fieles a nuestra naturaleza y potencial, para correr el riesgo de confiar y volvernos vulnerables y hacerlo públicamente. En cierto sentido, el acto político más revolucionario es elegir quién soy, y no seguir siendo algún otro que debe gustarle a alguien. Y el segundo acto más político, sospecho, es ligamos uno con el otro: una especie de relación de amor donde facilitamos el crecimiento del otro a medida que vamos adelante tratando de inculcarnos e inculcar nuestra visión a nuestra sociedad a través de esa política. Y el tercer paso es la red, reunir a más que apenas nosotros dos, de un modo que respete nuestra individualidad y confíe en nosotros como comunidad. No son cosas fáciles de lograr. Los individuos íntegros que son individuos saludables, que se percatan y se autoestiman, son más capaces de amar, de ser abiertos, de conectarse. Estamos en un comienzo. Hablamos sobre un nacimiento, sobre nuestro renacer, sobre nutrirnos unos a otros, sobre la captación de una nueva política basada en una nueva visión de la naturaleza humana, y luego sobre el vivir y desarrollar ese proceso donde podamos. Pienso que puede hacerse. Pienso que debe hacerse. Vamos y hagámoslo.’
Esta exposición proviene de un cónclave muy particular convocado por la Asociación de Psicología Humanística (San Francisco, California) el 10 de febrero de este año, titulado: Un partido político de 12 horas. Participaron numerosos protagonistas de la lucidez implacable. Al final de la reunión, Elizabeth Campbell de la AHP comentó:
‘Uno de los logros de hoy, surge de las grabaciones efectuadas por New Dimensions, que hará una programación vía satélite para 207 estaciones radiales públicas, con algo más de 100 millones de oyentes. Quisiera invocar la imagen del hobito en la trilogía de Tolkien. Siempre me intrigó por que fue elegido el hobito para llevar el anulo a través de la tierra de la tiniebla; el pequeño hobito que realmente hubiese preferido quedarse en casa tomando su té con bollos, sin perturbar a nadie. Pero fue catapultado hacia un viaje a lo desconocido, con miedo, temblando, e hizo ese viaje increíble. Hay una cita de Gandalf que me persigue: ”Debemos ir en la dirección de nuestro máximo temor, porque allí yace nuestra única esperanza”. Tal vez esté bien que no tengamos todas las respuestas. Tal vez este bien que tengamos que vivir con cierta ambigüedad. Si podemos ser tolerantes, pacientes y nos cuidamos unos a otros, quizás podamos cambiar la acusación de Pogo sobre que ”hemos hallado al enemigo y somos nosotros” convirtiéndola en ”hemos encontrado nuestra fuerza y se halla adentro”.’
Durante el cónclave mencionado, se enfocó la dramática relación entre el estilo de vida y la salud. George Leonard, presidente de la AHP, sostuvo que de acuerdo a cifras moderadas, la mitad de los hospitales estadounidenses quedaría vacía si cesaran los abusos de alcohol, tabaco y automóviles. Asimismo, cambios en la dieta, la tensión personal y el medio ambiente-para mejor- incidirían notoriamente en la reducción de tal porcentaje. Y enfatizó: La salud personal y la salud social se hallan íntimamente ligadas. No estamos en Norteamérica, claro. Así que tendríamos que añadir algunas otras carencias, o abusos. La actitud punitiva hacia las madres solteras, los tabúes en torno de las enfermedades venéreas, los delitos sexuales, los accidentes ‘de trabajo’, terrorismo, curanderismo, abortos clandestinos, etc.
De todos modos, es imposible rebobinar, mover el mecanismo hacia atrás. Y en el esfuerzo para agilizarlo en perspectiva nos topamos con el mayor escollo: una educación enciclopedista a la que ahora se van a incorporar los valores del consumismo, con lo cual nunca fue tan cierto el slogan: el hogar la primera escuela. Donde deberemos enseñar (sinónimo de ‘hacer conexiones’) el rol de cada cual en el universo, el respeto-hacia la persona y el planeta, la dinamización constante de las propias capacidades, la solidaridad con el prójimo y hasta el potencial sanador que albergamos. Fuera de la masacre competitiva, intimidatoria y manipuladora.
Allí esta la belleza, en el acto de crecer sin trabas. Antes de sentarnos a discrepar y polemizar con quienes se creen dueños absolutos de la verdad, poner manos a la obra para demostrar con ejemplos cómo es la alternativa, cual es, denodadamente, aunque las noticias digan que algo espantoso podría suceder. No somos propiedad de nadie, ni tenemos que salir a hacer proselitismo. Una sociedad en la que números crecientes de ciudadanos se aplican a definir su existencia, calma y silenciosamente, es una sociedad apuntada a la paz fundamental. La suma de tales paces, durante el próximo lustro, preambulara un ciclo de la historia humana que hoy parece irrealizable. Como decía Camus: ‘Tenemos que volver a coser aquello que se ha desgarrado, hacer nuevamente concebible la justicia en un mundo tan evidentemente injusto, hacer que vuelva a adquirir significación la felicidad para los pueblos envenenados por la infelicidad del siglo. Por cierto que se trata de un cometido sobrehumano. Pero el caso es que se llaman sobrehumanas aquellas tareas que los hombres cumplen en muy largo tiempo: he ahí todo.’
Infinitas energías se malgastan antagonizando con gente empecinada en ser sorda y ciega, o moralizando ante quienes han hecho de la arbitrariedad un sistema. No hay mucho que hacer en tal frente. Los días de la confrontación han quedado atrás. Se puede polemizar con individuos decididos a razonar, a discernir, a sentir. No se puede con quienes sólo admiten una verdad: la propia.
Ser joven es algo ajeno al calendario. Emana de la capacidad de no cristalizarse y de fluir permanentemente en pos de la mejor expresión de vida. Ya ha habido demasiada contestación en años recientes, y hemos comprobado que es un modo de ser reaccionarios. Quien meramente reacciona ante una situación negativa, es englobado por esa situación y se convierte en parte del problema, nunca de la solución. En cambio, volcar el impulso hacia la creación de una alternativa, aunque al comienzo parezca una evasión o una meta descabellada, tiene mucho mas a favor de la persona, pues se fortalece en un acto de afirmación y no de negación. El opositor perece encandilado por la situación que repudia, malgasta su potencial de invención en tratar de salvar un encuadre fallido, y olvida el verdadero objetivo de su existencia: que es fluir y fluir en pos de la mayor intensidad posible de vida. Ser joven es asumirse como eternidad en vuelo rasante, como un planeta que surca el universo pero que no desatiende. sus funciones vitales intrínsecas.
Tenemos un hogar, que late en una ciudad inserta en un país situado en un continente de este planeta. Somos células de una vertiente de individualidades, a menudo contradictorias, pero siempre empecinadas en no dejarse seducir por nefastos cantos de sirenas. Y a la inversa, tenemos un planeta que late en este continente en una de cuyas ciudades insertamos nuestro hogar, uno de los millones de hogares donde el arte de existir se pule un poquito mas cada día. Tenemos vocaciones dispares, que asumimos recatadamente, sabiendo que muchas de las profesiones del presente serán obsoletas a determinada altura de la marcha hacia una sociedad más a tono con sus individuos, y con individuos menos acosados por exigencias bloqueadoras.
Tenemos dudas, por cierto. Y conflictos con nuestra captación de fenómenos, que se nos revelan cuando la cotejamos con otras percepciones, descubriendo que no habíamos descubierto nada, o que le hemos derrumbado su castillo de naipes a un ser querido. La información no cesa, la pauta que conecta se autotransforma y deviene en datos nuevos que nos proyectan hacia una mejor comprensión de la totalidad que resulta de lo que somos y hacemos, de lo que nuestros semejantes son y hacen, y de lo que el medio ambiente es y genera con nosotros si funcionamos a su favor, o lo que nos lanza abrumadoramente si accionamos en su contra.
Una revista es también cierta especie de persona. Aprende, tanto de sus aciertos como de sus errores. La diferencia estriba en que en cualquier individuo, el registro queda en la conciencia. Aquí van quedando impresos los dardos tirados al centro y los que no han pegado siquiera en el blanco. Ya se dijo: no vamos a hacer doctrina. Vamos a reflexionar en voz alta, sin temor al ridículo, ni al castigo.
Es como cuando algo en una película me hacia llorar. Pese a estar en la penumbra, hacia malabarismos ridículos para secarme las lagrimas, para que nadie a mi alrededor se diera cuenta. Me daba vergüenza que se notara mi sensibilidad. Que tontería! Siento, por lo tanto existo. Me llevó mucho tiempo darme cuenta de que es mejor lágrima en mejilla, que cara de piedra. Nunca confíes en los que nunca ríen y nunca lloran. Quien no hace las dos cosas esta haciendo mérito para el diploma de robot. Y como se sabe: los robots son malos amantes, no sienten, no existen, funcionan exclusivamente para demostrar eficacia. Son una mueca siniestra en el pasadizo de los fabricantes de infiernos.
Parado en el centro de una playa de estacionamiento, siento en mi cara la garúa, fría y a la vez amistosa. Sensación mía, claro. A los costados, viejos edificios del barrio de San Telmo, cada piso con su pequeña historia pasada, presente, futura. Pasan veloces los autos hacia la avenida. Respiro profundamente. Alguna vez dejaré de andar por esta ciudad. Tenemos un tiempo y una porción de energía. Podemos predisponernos a la simbiosis o a la anquilosis. Nada se detiene por cierto, nada se aleja. Y al mismo tiempo, todo no cesa de dibujar una vivida constelación en el aliento.
Tras el número inicial de Mutantia una señora amiga me hizo llegar un mensaje de su hija. Decía únicamente ‘gracias’. Creo haber entendido. Lo que nos hace falta es un poco mas de belleza, y no estoy hablando de lo lindo. Hablo de lo vivo, lo despierto. Hay demasiado mármol en este ruidoso desierto. Hay también una lágrima y una sonrisa entrelazadas en esa pequeña voz que a veces canta en tu alma buscando su sitio en el coro.
MIGUEL GRINBER
”En tiempos tan horribles, la única protesta auténtica es la belleza”.
Phil Ochs
”Lo permanente no significa lo inmóvil, sino simplemente lo que no cesa”.
Aldo Pellegrini
Debemos recordar las profecías de San Juan de Jerusalén, que publiqué por aquí hace tiempo, y que son muy claras, quizá, las más claras que conozco respecto a este tiempo nuestro.