Uno de los gats de Botero construido sobre la que fuese Font de les bruixes y….. ¿Se explican ahora la aversión canes-brujas y viceversa?
Unos cuatro millones de turistas visitan Barcelona cada año. Sagrada Familia, Barrio Gótico o Montjuic son algunos de los lugares que recorren haciendo fotografías y comprando souvenirs, pero son muy pocos los que conocen la existencia de una Barcelona oculta, misteriosa, herética, heterodoxa… Templarios, cátaros, brujas, alquimistas, judíos, dejaron su huella, actualmente casi olvidada, en las calles y en edificios de la ciudad.
Es cierto que la brujería como tal se desarrolló más en medios rurales que en las grandes urbes, pero hemos de pensar que
Se trataba de una ciudad de medidas no demasiado grandes, limitada por sus poderosas murallas, el mar y, más allá, huertos y bosques, principalmente en la montaña de Montjuic. En antiguos documentos vemos que la brujería, o al menos lo que la gente y las autoridades religiosas consideraban como tal, estuvo bien presente en Barcelona durante muchos siglos. En la calle de 
Gárgola situada en la parte posterior de la catedral de Barcelona, que supuestamente representa a un hombre defecando.
Rehuida por la gente piadosa, quienes se consideraba que practicaban las artes mágicas acudían a beber y llenar sus cántaros. Sólo por el hecho de ingerir aquella agua, sobre todo si se trataba de una mujer, se sospechaba que podía ser una bruja. Junto a dicha fuente, según Joan Amades, existió durante siglos una escuela de brujas donde se enseñaban y practicaban las artes mágicas.
Las grandes reuniones brujeriles se celebraban en
Se dijo durante mucho tiempo que, en determinadas noches, algunos monjes, tras ponerse capuchas y llenar el altar de objetos negros, cogían un cráneo como cáliz y celebraban misas negras, presididas por el Diablo. Era tanta la seguridad que se tenía sobre estas reuniones demoníacas que, durante muchas décadas, hubo en el convento un confesionario de madera con un costado quemado, el cual, y según se aseguraba, había sido marcado de aquella manera por la mano del mismo demonio, al acudir en persona
PALACIOS SINIESTROS Y TORTURAS
Pocas defensas tenían los barceloneses ante los supuestos ataques de las brujas. Una de ellas consistía en una campana especializada en combatir las malas obras de éstas, principalmente las tormentas de granizo que, como era sabido por todos, las creaban las brujas para destruir las cosechas de los huertos cercanos. Esta campana, conocida como de les bruixes, se encontraba en la iglesia de Sant Just i Pastor, en pleno barrio gótico.
Pero desgraciadamente, no siempre se luchó contra las brujas con una simple campana. Tenemos noticias contrastadas de que en plena Barcelona se apresaron a supuestas brujas y, tras pasar por mil tormentos en el siniestro palacio de
Pero pasemos a otros asuntos. Cataluña, principalmente el Cadí, Pedraforca, las comarcas del Alt Urgell y
Si en una zona tan cercana a la capital catalana encontramos un importante enclave cátaro, Barcelona, cruce de caminos, puerto de importancia y cosmopolita, no podía vivir al margen de dicha doctrina y, de hecho, aún podemos seguir sus huellas, para mejor conocimiento de lo que fue sin duda la más peligrosa herejía medieval.
CÁTAROS Y ESPÍRITUS PETRIFICADOS
Calle Sant Ramón del Cali, donde estuvo ubicada la casa maldita más famosa de Barcelona, en la que vivió un «criptojudío» que fabricaba pócimas.
De la mano del historiador Jordi Ventura, conocemos un documento inquisitorial en el cual se cuenta que, tras un interrogatorio por parte de los inquisidores papales llevado a cabo el año 1295, un anciano tejedor y cátaro, de nombre Andreu Tevenier, confesó haber viajado a Barcelona acompañado de su esposa, también cátara, llamada Estefanía, hija de Guillem Arnau de Castellverdú, otro hereje, y de al menos uno de sus hijos para visitar a sus correligionarios que residían en Barcelona. Se sabe que era alrededor del templo de Sant Pau del Camp donde los cátaros barceloneses se reunían, muy posiblemente cerca de los muros y huertos del viejo monasterio. Algunos estudiosos, entre ellos Milá Rodríguez, creen que una de las huellas más claras de la presencia cátara en Barcelona es la extraña gárgola que, en la zona posterior de la catedral de Barcelona, muestra a un hombre defecando. Frente al que fuera palacio del lugarteniente real, junto a otras misteriosas gárgolas que, según la tradición popular, no son más que brujas y malos espíritus petrificados, se observa la escultura de un hombre ataviado con vestimenta medieval, acuclillado en una postura muy típica de cualquier persona en tal situación, lo que podría ser una cruel burla de algún cantero cátaro hacia
REMINISCENCIAS TEMPLARIAS
El 23 de abril de 1134, los nobles barceloneses Bernat Ramón de Massanet y su hijo mayor concedieron a
allí un poderoso enclave. La superficie que ocupaba la influyente casa del Temple en Barcelona estaba delimitada de la siguiente manera: la fachada principal estaba situada en la actual calle de Templers, que aún conserva su nombre, y descendía hacia la zona portuaria, teniendo uno de sus muros en la hoy calle de Ataulf. El recinto era cruzado y con dos puertas a cada extremo y un gran patio en el centro, en lo que actualmente se denomina calle de
posiblemente fortificado, que tenía una pequeña puerta de acceso, la cual aún puede verse perfectamente, y es uno de los pocos indicios físicos puramente templarios que podemos ver en Barcelona. Se encontraba en lo que se conoce hoy como calle del Timó, una callejuela recoleta y sin salida. La iglesia templaría original sigue allí, pero con algunas variantes respecto a cuando era posesión de
ALJAMAS Y SINAGOGAS
Antigua Casa del Alquimista, hoy punto de información de la aljama.
Sobre la llegada de los judíos a tierras catalanas nada cierto se sabe, aunque, sin duda, ya en tiempos de lo fenicios algunos llegaron a
Indicaremos que en
IMPONENTE TEMPLO ROMANO
Los judíos comerciaban y se relacionaban con los cristianos con relativa facilidad y tuvieron muchas posesiones en otros lugares de Barcelona. Fuera del barrio judío, en la actual calle del Paradís, donde se ubicó el imponente templo romano, y del que todavía quedan algunas columnas, tenían casa propia las familias judías más poderosas, como los David, Bonhom o Ennes, este último, probablemente, avezado cabalista. En la actual Plaza de Sant Jaume había un mercado donde los hebreos tenían un buen número de paradas y talleres, así como en la plaza del Blat. Además, poseyeron dos necrópolis en Montjuic. Actualmente, gracias a una serie de carteles indicadores, podemos darnos una idea de lo que fue el cali barcelonés, principalmente el mayor, y recorrer calles como Marlet -con su famosa lápida del siglo XIV dedicada a R. Samuel Hasardí-, Sant Sever, Sant Honorat, Call, Arc de Sant Ramón, Sant Doménech, bajada de Santa Eulalia y Manuel Ribé.
Poco más que documentos y algunas olvidadas lápidas funerarias en las paredes de la plaza del Rey y la plaza de Sant Iu, junto al palacio del Lugarteniente, y que fueron expoliadas de las tumbas del cementerio judío de Montjuic, quedan ya de la poderosa aljama barcelonesa.
SANTO EN VIDA, MILAGRERO TRAS
Pocos son los turistas que han oído hablar de él, aunque desde hace más de un siglo su tumba es visitada por miles de personas que le rezan, ofrecen flores y regalos póstumos y le piden favores, con el silencio solapado de
Francesc Canals i Ambrós nació en la plaza de
Ya desde muy joven tuvo la obsesión de ayudar en todo lo que podía a los que le rodeaban, incluso a los que no conocía. De pequeño empezó a hacer predicciones que casi siempre ocurrían. Con el paso de los años se fueron agrandando sus visiones, hasta no saber actualmente a ciencia cierta cuáles fueron reales y cuáles fruto de leyendas posteriores.
A los 14 años, para ayudar a su necesitada familia, el niño se puso a trabajar en los famosos almacenes El Siglo, los más antiguos de España, fundados en el año 1878. Al poco tiempo de estar en aquella empresa, se había ganado el respeto y la estima de todos sus compañeros, sin que nadie hablara mal de él. Ayudaba a todos, fueran compañeros o clientes, y nunca negó un favor a nadie. Ya en aquellos años se le empezó a conocer como el santet (el santito).
SESIONES ESPIRITISTAS
Algunos veían con cierta preocupación que las extrañas premoniciones de Francesc se convertían en realidad al poco tiempo. Se dio el caso de que, incluso tras su muerte, se cumplieron algunas de sus predicciones, siendo quizá la más famosa el pavoroso incendio que arrasó precisamente y casi en su totalidad los almacenes El Siglo, concretamente el 25 de diciembre de 1932, más de tres décadas después de su prematura muerte.
Hablando de ésta, una de las premoniciones que más impacto causó entre sus compañeros y amigos fue la de su propio óbito, que aconteció el 27 de julio de 1899, a causa de una grave enfermedad pulmonar.
Al morir, fue enterrado en el cementerio del Poble Nou, también conocido como De Levante, uno de los más antiguos de Barcelona, inaugurado el año 1775. Al poco de ser enterrado, algunas compañeras de trabajo, al casarse, visitaban la tumba y ofrecían el ramo de flores al difunto. En algún momento, alguien aseguró que había pedido al finado un favor, y éste, desde el más allá, se lo había concedido. Aquello se extendió primero entre los empleados de los mencionados almacenes y, más tarde, corrió el rumor de boca en boca por toda la ciudad, así como poblaciones vecinas, y grandes cantidades de gente acudían a la tumba a poner flores, dejar alguna pequeña ofrenda y, desde luego, a pedir favores. Dice la tradición popular que muchas de aquellas peticiones eran concedidas por el santet, y que incluso llegaron a ocurrir varios milagros, normalmente curaciones, algunas de niños, al rezar cerca de su sepultura.

Desde entonces, el lugar donde reposan los restos mortales del bondadoso vidente es visitada por cientos de barceloneses, que le piden todo tipo de favores; la gran cantidad de papeles y notas que hay todavía hoy junto a su sepultura así lo demuestran. Poco después de su muerte, se celebraron algunas sesiones espiritistas cerca de su tumba, donde se asegura que en ciertas ocasiones aparecía la imagen del santet.
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APARICIONES POSTMORTEM
La actual calle Floristas de las Ramblas, antes de Cervelló, fue mudo testigo durante la edificación del hospital de
Templo de Sant Pau del Cam
p, junto a los muros del cual celebraban sus reuniones cataros y brujas.
Su alma, maldecida por los monjes del convento, se paseaba por las negras noches, purgando su pecado. En la actual calle de Sant Ramón del Call existió la más famosa casa maldita de la ciudad. En ella vivía un «criptojudío» que fabricaba pócimas y practicaba la usura. Un día sirvió una pócima letal a un individuo que deseaba mantener relaciones sexuales con la hija del judío. Éste se la sirvió a cambio de siete bolsas de oro, sin saber que la víctima iba a ser su propia hija. El veneno se utilizó en una flor, que al ser aspirada por la joven, le causó la muerte entre dolores lacerantes. Loco de remordimiento, el padre, al saberse culpable indirecto de la muerte de su hija, huyó para siempre, dejando abandonadafj su casa, la cual durante más de dos siglos no fue ocupada por nadie. Se cuenta que la gente del barrio evitaba pasar por delante de noche, pues salían del interior de la casona ruidos, extraños olores y gritos de dolor. En el actual Paseo de Montjuic habitó hasta mediados del siglo XX la más famosa médium de Barcelona, doña Elvira. Ésta, en muchas ocasiones, iba acompañada por el espectro del «hermano Cuxeta», el fantasma de un marino muerto en
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MONTE SIÓN, LAS PIEDRAS VIAJERAS
Los cristianos han sido peregrinos desde casi sus primeros tiempos, y recorrían montes y caminos tratando de localizar el lugar sagrado o la reliquia venerada. Pero lo que ya no es tan habitual es que sea precisamente un templo el que «peregrine» por distintos lugares, en busca de una ubicación definitiva. Éste es el caso de la medieval iglesia de Monte Sión. En el siglo XIV perteneció a un grupo de monjas dominicas, y se sabe que estuvo ubicada en las cercanías del mar. Décadas más tarde se trasladó a lo que actualmente es
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DÓLMENES Y MENHIRES
Se sabe que en los terrenos que forman la actual Barcelona existieron en la antigüedad, como mínimo, cuatro megalitos: tres dólmenes y un posible menhir. De los primeros, uno estaría situado en la montaña de Montjuic, muy cerca de una de sus desaparecidas ermitas, del que nos ha llegado algún dibujo publicado en 1883 por el reportero Eudald Canivell en la revista Aven, y que fue «cristianizado» al serle grabada o dibujada una cruz sobre su losa principal. Otro era de gran tamaño, y se hallaba en el actual barrio del Camp del Arpa, deformación de Campo del Arca -ya que hasta hace algo más de un siglo a los dólmenes en Cataluña se les llamaba arcas-, y fue destruido en tiempos del rey Fernando el Católico. El tercer dolmen estaba situado, según el investigador Joan Llarch, donde la actual Sagrada Familia. El menhlr posiblemente estuvo en
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A principios de 2008, el consistorio catalán comenzó una labor de recuperación cultural de la historia judía barcelonesa, abriendo incluso un circuito y un Centro de Interpretación en lo que fue el antiguo caserón del Alquimista -ubicado en la plaza de Manuel Ribé-, por creerse popularmente que en dicho edificio se practicó la alquimia, así como se enseñó la kábala.

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