Uno de los gats de Botero construido sobre la que fuese Font de les bruixes y….. ¿Se explican ahora la aversión canes-brujas y viceversa?

Unos cuatro millones de turistas visitan Barcelona cada año. Sagrada Familia, Barrio Gótico o Montjuic son algunos de los lugares que recorren haciendo fotografías y comprando souvenirs, pero son muy pocos los que conocen la existencia de una Barcelona oculta, misteriosa, herética, heterodoxa… Templarios, cátaros, brujas, alquimistas, judíos, dejaron su huella, actualmente casi olvidada, en las calles y en edificios de la ciudad.

Es cierto que la brujería como tal se desarrolló más en medios rurales que en las grandes urbes, pero hemos de pensar que la Barcelona medieval e incluso barroca seguía siendo en gran parte rústica y campesina.

Se trataba de una ciudad de medidas no demasiado grandes, limitada por sus poderosas murallas, el mar y, más allá, huertos y bosques, principalmente en la montaña de Montjuic. En antiguos documentos vemos que la brujería, o al menos lo que la gente y las autoridades religiosas consideraban como tal, estuvo bien presente en Barcelona durante muchos siglos. En la calle de la Cadena, rodeada en los siglos XIV-XVIII por campos y algún almacén, había una fuente, conocida por todos como Font de les bruixes (Fuente de las brujas), que tenía fama de poseer poderes mágicos.image0122.jpg

Gárgola situada en la parte posterior de la catedral de Barcelona, que supuestamente representa a un hombre defecando.

Rehuida por la gente piadosa, quienes se consideraba que practicaban las artes mágicas acudían a beber y llenar sus cántaros. Sólo por el hecho de ingerir aquella agua, sobre todo si se trataba de una mujer, se sospechaba que podía ser una bruja. Junto a dicha fuente, según Joan Amades, existió durante siglos una escuela de brujas donde se enseñaban y practicaban las artes mágicas.

Las grandes reuniones brujeriles se celebraban en la Font del Gat (Montjuic). Una gran cabeza de macho cabrío que preside, aún hoy, dicha fuente, así nos lo recuerda. También, según vox populi, otro enclave brujeril era el convento de Santa Caterina donde, curiosamente, se encontraban los dominicos o, lo que es lo mismo, los dirigentes de la Inquisición.

Se dijo durante mucho tiempo que, en determinadas noches, algunos monjes, tras ponerse capuchas y llenar el altar de objetos negros, cogían un cráneo como cáliz y celebraban misas negras, presididas por el Diablo. Era tanta la seguridad que se tenía sobre estas reuniones demoníacas que, durante font-del-gat.JPGmuchas décadas, hubo en el convento un confesionario de madera con un costado quemado, el cual, y según se aseguraba, había sido marcado de aquella manera por la mano del mismo demonio, al acudir en persona

PALACIOS SINIESTROS Y TORTURAS

Pocas defensas tenían los barceloneses ante los supuestos ataques de las brujas. Una de ellas consistía en una campana especializada en combatir las malas obras de éstas, principalmente las tormentas de granizo que, como era sabido por todos, las creaban las brujas para destruir las cosechas de los huertos cercanos. Esta campana, conocida como de les bruixes, se encontraba en la iglesia de Sant Just i Pastor, en pleno barrio gótico.

Pero desgraciadamente, no siempre se luchó contra las brujas con una simple campana. Tenemos noticias contrastadas de que en plena Barcelona se apresaron a supuestas brujas y, tras pasar por mil tormentos en el siniestro palacio de la Inquisición, hoy Museo Mares, acabaron en la hoguera. Uno de los casos más crueles se dio a principios del siglo XVII en la actual calle de Gombáu. Allí, una mujer relativamente joven y su hija, posiblemente adolescente, que habitaban en una humilde casa de lo que por entonces se llamaba calle de La Parra, fueron quemadas vivas por «brujas» y adoradoras del diablo. Cuando se realizó el juicio sumarísimo, no habiendo pruebas reales para quemarlas, la que pudo «ver» como ambas mujeres practicaban la brujería, lo que indicaba su pacto con el Diablo. Desde aquel momento y durante siglos, aquella calle hoy Gombáu se conoció como «de las brujas».

Pero pasemos a otros asuntos. Cataluña, principalmente el Cadí, Pedraforca, las comarcas del Alt Urgell y la Cerdanya, y especialmente el sur de Tarragona, tuvieron una presencia muy importante de cátaros. Cerca de Barcelona sabemos que existió el castillo cátaro de Castellvell (Llinars del Vallés), actualmente reconstruido.

Si en una zona tan cercana a la capital catalana encontramos un importante enclave cátaro, Barcelona, cruce de caminos, puerto de importancia y cosmopolita, no podía vivir al margen de dicha doctrina y, de hecho, aún podemos seguir sus huellas, para mejor conocimiento de lo que fue sin duda la más peligrosa herejía medieval.

image0042.jpgCÁTAROS Y ESPÍRITUS PETRIFICADOS

Calle Sant Ramón del Cali, donde estuvo ubicada la casa maldita más famosa de Barcelona, en la que vivió un «criptojudío» que fabricaba pócimas.

De la mano del historiador Jordi Ventura, conocemos un documento inquisitorial en el cual se cuenta que, tras un interrogatorio por parte de los inquisidores papales llevado a cabo el año 1295, un anciano tejedor y cátaro, de nombre Andreu Tevenier, confesó haber viajado a Barcelona acompañado de su esposa, también cátara, llamada Estefanía, hija de Guillem Arnau de Castellverdú, otro hereje, y de al menos uno de sus hijos para visitar a sus correligionarios que residían en Barcelona. Se sabe que era alrededor del templo de Sant Pau del Camp donde los cátaros barceloneses se reunían, muy posiblemente cerca de los muros y huertos del viejo monasterio. Algunos estudiosos, entre ellos Milá Rodríguez, creen que una de las huellas más claras de la presencia cátara en Barcelona es la extraña gárgola que, en la zona posterior de la catedral de Barcelona, muestra a un hombre defecando. Frente al que fuera palacio del lugarteniente real, junto a otras misteriosas gárgolas que, según la tradición popular, no son más que brujas y malos espíritus petrificados, se observa la escultura de un hombre ataviado con vestimenta medieval, acuclillado en una postura muy típica de cualquier persona en tal situación, lo que podría ser una cruel burla de algún cantero cátaro hacia la Iglesia que asesinó a miles de sus hermanos. Un dato que nos indica la presencia de cátaros en Barcelona, y la preocupación que la Iglesia tuvo por ello, es que el Papa Gregorio IX (1143-1241), reformador y protector de la Inquisición, mandó vigilar de forma drástica cualquier movimiento de éstos en la Ciudad Condal, algunos de los cuales, al parecer, tuvieron que emigrar a tierras más meridionales. Sabemos que el año 1223, el rey Jaime I prohibió totalmente a sus súbditos poseer biblias en lenguas romances y que la mayoría de estas traducciones bíblicas que corrían por tierras catalanas parece que eran obra de seguidores cátaros.

REMINISCENCIAS TEMPLARIAS

tppppt.jpgEl 23 de abril de 1134, los nobles barceloneses Bernat Ramón de Massanet y su hijo mayor concedieron a la Orden del Temple una buena parte de las casas, un trozo de muralla y algunas torres, con un pozo y un gran patio, en la zona conocida como Casas de Gallifá, muy cerca del desaparecido castillo de Regomir, el cual había sido construido aprovechando viejas fortificaciones romanas que quedaron obsoletas tras la invasión del caudillo árabe Almanzor en el año 985. Los templarios decidieron edificarcccccccccccccc.jpg allí un poderoso enclave. La superficie que ocupaba la influyente casa del Temple en Barcelona estaba delimitada de la siguiente manera: la fachada principal estaba situada en la actual calle de Templers, que aún conserva su nombre, y descendía hacia la zona portuaria, teniendo uno de sus muros en la hoy calle de Ataulf. El recinto era cruzado y con dos puertas a cada extremo y un gran patio en el centro, en lo que actualmente se denomina calle de la Condesa de Sobradiel. Si nos situamos en dicha calle, podremos tener una idea exacta de las dimensiones de aquella casa del Temple; esa vía tiene exactamente la longitud de la posesión templaría, siendo el principio y final actuales de la misma dos de las entradas al recinto de la Orden.

Siguiendo hacia la zona marítima, poseían un muro final,pic_6517.jpg posiblemente fortificado, que tenía una pequeña puerta de acceso, la cual aún puede verse perfectamente, y es uno de los pocos indicios físicos puramente templarios que podemos ver en Barcelona. Se encontraba en lo que se conoce hoy como calle del Timó, una callejuela recoleta y sin salida. La iglesia templaría original sigue allí, pero con algunas variantes respecto a cuando era posesión de la Orden. La entrada actual del templo conocido actualmente como de Nuestra Señora de la Victoria, Sñññññanta María del Temple o del Palau, está en la calle Ataulf, donde en los siglos XIII-XIV existía el muro posterior de dicha iglesia. Merece observarse la actual entrada y fijarse en el ajedrezado superior y en las dos ménsulas que se observan en la puerta, todo ello auténticamente templario, y que fueron trasladadas allí al realizarse el cambio de orientación de la puerta de entrada. En el interior de la iglesia, de unos 26 metros de largo por 10,65 de anchura y las mismas medidas de altura, se han encontrado recientemente pinturas pertenecientes a los templarios, que pueden verse si accedemos al interior del templo. En la parte baja de las columnas se aprecian extrañas figuritas esculpidas que parecen representar hombres y mujeres desnudos. Sobre la orientación del altar de dicha iglesia se ha especulado mucho. Unos aseguran que estaba misteriosamente orientado en dirección contraria a los templos cristianos, mientras otros opinan que en un momento dado, se desconoce cuándo, el altar fue trasladado, y el primigenio se encontraba donde hoy pueden verse las pinturas murales y unas pequeñas hornacinas en los muros que servirían para guardar los vasos sagrados. Este edificio pasa desapercibido; pocos son los autores que hablando del Temple en Cataluña hacen excesivo hincapié en dicha iglesia, y en algunos casos tan siquiera mencionan la existencia de las ménsulas que guardan para sí los secretos de la Orden. Además de su casa principal, tuvieron también posesiones cerca de la urbana fortaleza conocida como Castell vell (castillo viejo), en Montjuic, y muy posiblemente en el puerto medieval, así como en el mercado cercano de Sant Pere de les Puelles. También en el interior de la casa palacio que alberga el Archivo de la Corona de Aragón se guardan numerosos documentos del Temple. Uno de los más significativos es el ruego del maestre en Inglaterra a principios del siglo XIV, pidiendo a los templarios catalanes que se resistieran a las órdenes contra ellos del Papa y el monarca.

ALJAMAS Y SINAGOGAS

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Antigua Casa del Alquimista, hoy punto de información de la aljama.

Sobre la llegada de los judíos a tierras catalanas nada cierto se sabe, aunque, sin duda, ya en tiempos de lo fenicios algunos llegaron a la Península Ibérica y, casi con toda seguridad, en época de la Barcino romana ya había judíos establecidos en dicha ciudad y cercanías. Pero no es hasta el siglo IX cuando se tiene constancia real de que hay una pequeña colonia, unas cuarenta familias, establecidas en la Ciudad Condal, para superar las 250 a principios del XIII. Barcelona, al contrario que Girona o Besalú. donde también existieron importantes calis o aljamas, ha vivido de espaldas a la cultura que dio nombre a la más barcelonesa de todas sus montañas: Montjuic.

Indicaremos que en la Barcelona medieval existieron dos calis o aljamas: el mayor y el menor. El primero, el más antiguo e importante, ocupaba el cuadrante noroeste de la antigua colonia romana de Barcino; se supone que algunas de las calles que lo forman, como las de Sant Sever, Sant Honorat o Sant Doménech, fueron en su origen calles ro.manas. Tuvieron varias sinagogas, posiblemente cinco, y sabemos que la actual y visitada iglesia de Sant Jaume o Santiago, en la calle Ferrán, fue importante sinagoga, perteneciente al Cali menor, y, más tarde, hacia el año 1395, convertida en templo cristiano dedicado a la Trinidad, posiblemente por los propios judíos conversos. El menor se empezó a construir el año 1257 con autorización real y tuvo su propia puerta.

IMPONENTE TEMPLO ROMANO

Los judíos comerciaban y se relacionaban con los cristianos con relativa facilidad y tuvieron muchas posesiones en otros lugares de Barcelona. Fuera del barrio judío, en la actual calle del Paradís, donde se ubicó el imponente templo romano, y del que todavía quedan algunas columnas, tenían casa propia las familias judías más poderosas, como los David, Bonhom o Ennes, este último, probablemente, avezado cabalista. En la actual Plaza de Sant Jaume había un mercado donde los hebreos tenían un buen número de paradas y talleres, así como en la plaza del Blat. Además, poseyeron dos necrópolis en Montjuic. Actualmente, gracias a una serie de carteles indicadores, podemos darnos una idea de lo que fue el cali barcelonés, principalmente el mayor, y recorrer calles como Marlet -con su famosa lápida del siglo XIV dedicada a R. Samuel Hasardí-, Sant Sever, Sant Honorat, Call, Arc de Sant Ramón, Sant Doménech, bajada de Santa Eulalia y Manuel Ribé.

Poco más que documentos y algunas olvidadas lápidas funerarias en las paredes de la plaza del Rey y la plaza de Sant Iu, junto al palacio del Lugarteniente, y que fueron expoliadas de las tumbas del cementerio judío de Montjuic, quedan ya de la poderosa aljama barcelonesa.

SANTO EN VIDA, MILAGRERO TRAS LA MUERTE

Pocos son los turistas que han oído hablar de él, aunque desde hace más de un siglo su tumba es visitada por miles de personas que le rezan, ofrecen flores y regalos póstumos y le piden favores, con el silencio solapado de la Iglesia.

Francesc Canals i Ambrós nació en la plaza de la Llana el año 1877, en el seno de una familia trabajadora; su padre fue, muy posiblemente, invidente.

Ya desde muy joven tuvo la obsesión de ayudar en todo lo que podía a los que le rodeaban, incluso a los que no conocía. De pequeño empezó a hacer predicciones que casi siempre ocurrían. Con el paso de los años se fueron agrandando sus visiones, hasta no saber actualmente a ciencia cierta cuáles fueron reales y cuáles fruto de leyendas posteriores.

A los 14 años, para ayudar a su necesitada familia, el niño se puso a trabajar en los famosos almacenes El Siglo, los más antiguos de España, fundados en el año 1878. Al poco tiempo de estar en aquella empresa, se había ganado el respeto y la estima de todos sus compañeros, sin que nadie hablara mal de él. Ayudaba a todos, fueran compañeros o clientes, y nunca negó un favor a nadie. Ya en aquellos años se le empezó a conocer como el santet (el santito).

SESIONES ESPIRITISTAS

Algunos veían con cierta preocupación que las extrañas premoniciones de Francesc se convertían en realidad al poco tiempo. Se dio el caso de que, incluso tras su muerte, se cumplieron algunas de sus predicciones, siendo quizá la más famosa el pavoroso incendio que arrasó precisamente y casi en su totalidad los almacenes El Siglo, concretamente el 25 de diciembre de 1932, más de tres décadas después de su prematura muerte.

Hablando de ésta, una de las premoniciones que más impacto causó entre sus compañeros y amigos fue la de su propio óbito, que aconteció el 27 de julio de 1899, a causa de una grave enfermedad pulmonar.

Al morir, fue enterrado en el cementerio del Poble Nou, también conocido como De Levante, uno de los más antiguos de Barcelona, inaugurado el año 1775. Al poco de ser enterrado, algunas compañeras de trabajo, al casarse, visitaban la tumba y ofrecían el ramo de flores al difunto. En algún momento, alguien aseguró que había pedido al finado un favor, y éste, desde el más allá, se lo había concedido. Aquello se extendió primero entre los empleados de los mencionados almacenes y, más tarde, corrió el rumor de boca en boca por toda la ciudad, así como poblaciones vecinas, y grandes cantidades de gente acudían a la tumba a poner flores, dejar alguna pequeña ofrenda y, desde luego, a pedir favores. Dice la tradición popular que muchas de aquellas peticiones eran concedidas por el santet, y que incluso llegaron a ocurrir varios milagros, normalmente curaciones, algunas de niños, al rezar cerca de su sepultura.

Desde entonces, el lugar donde reposan los restos mortales del bondadoso vidente es visitada por cientos de barceloneses, que le piden todo tipo de favores; la gran cantidad de papeles y notas que hay todavía hoy junto a su sepultura así lo demuestran. Poco después de su muerte, se celebraron algunas sesiones espiritistas cerca de su tumba, donde se asegura que en ciertas ocasiones aparecía la imagen del santet.

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APARICIONES POSTMORTEM

image0022.jpgLa actual calle Floristas de las Ramblas, antes de Cervelló, fue mudo testigo durante la edificación del hospital de la Santa Creu de cómo el maestro de obras, que dio nombre a dicha calle, emparedaba viva a su esposa, mientras ésta gritaba su nombre. Siglos más tarde, aún se podía escuchar de noche la voz de la asesinada pidiendo venganza. En lo que actualmente es el Mercado de Santa Catalina, y que antes fuera convento dominico, durante muchísimo tiempo se pudo ver el espectro de un hombre que robó unas ostias consagradas de dicho templo, vendiéndoselas a unos judíos portugueses -a principios del siglo XVIII- para que las profanaran.

Templo de Sant Pau del Camp, junto a los muros del cual celebraban sus reuniones cataros y brujas.

Su alma, maldecida por los monjes del convento, se paseaba por las negras noches, purgando su pecado. En la actual calle de Sant Ramón del Call existió la más famosa casa maldita de la ciudad. En ella vivía un «criptojudío» que fabricaba pócimas y practicaba la usura. Un día sirvió una pócima letal a un individuo que deseaba mantener relaciones sexuales con la hija del judío. Éste se la sirvió a cambio de siete bolsas de oro, sin saber que la víctima iba a ser su propia hija. El veneno se utilizó en una flor, que al ser aspirada por la joven, le causó la muerte entre dolores lacerantes. Loco de remordimiento, el padre, al saberse culpable indirecto de la muerte de su hija, huyó para siempre, dejando abandonadafj su casa, la cual durante más de dos siglos no fue ocupada por nadie. Se cuenta que la gente del barrio evitaba pasar por delante de noche, pues salían del interior de la casona ruidos, extraños olores y gritos de dolor. En el actual Paseo de Montjuic habitó hasta mediados del siglo XX la más famosa médium de Barcelona, doña Elvira. Ésta, en muchas ocasiones, iba acompañada por el espectro del «hermano Cuxeta», el fantasma de un marino muerto en la Guerra Civil, que podía ser visto por la gente de la zona en muchísimas noches e incluso al atardecer. La última supuesta aparición del espectro tuvo lugar a finales de 1980.

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MONTE SIÓN, LAS PIEDRAS VIAJERAS

image0142.jpgLos cristianos han sido peregrinos desde casi sus primeros tiempos, y recorrían montes y caminos tratando de localizar el lugar sagrado o la reliquia venerada. Pero lo que ya no es tan habitual es que sea precisamente un templo el que «peregrine» por distintos lugares, en busca de una ubicación definitiva. Éste es el caso de la medieval iglesia de Monte Sión. En el siglo XIV perteneció a un grupo de monjas dominicas, y se sabe que estuvo ubicada en las cercanías del mar. Décadas más tarde se trasladó a lo que actualmente es la Puerta del Ángel, centro neurálgico de Barcelona, y en la cual se erigió una capilla dedicada al Monte Sión, de la que fue artífice el agustino Bernard Jaubert, quien le daría nombre. El año 1890, y sin que se sepa realmente la razón -aunque existen diferentes versiones-, el edificio fue desmontado piedra a piedra y llevado a la Rambla de Cataluña número 115, una obra que corrió a cargo del gran especialista en arquitectura gótica Joan Martorell, claustro, curiosamente, fue nuevamente retirado y vuelto a ediedificar en la cercana población de Esplugas de Llobregat. ¿A qué obedece tanto peregrinaje de estas venerables piedras?

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DÓLMENES Y MENHIRES

Se sabe que en los terrenos que forman la actual Barcelona existieron en la antigüedad, como mínimo, cuatro megalitos: tres dólmenes y un posible menhir. De los primeros, uno estaría situado en la montaña de Montjuic, muy cerca de una de sus desaparecidas ermitas, del que nos ha llegado algún dibujo publicado en 1883 por el reportero Eudald Canivell en la revista Aven, y que fue «cristianizado» al serle grabada o dibujada una cruz sobre su losa principal. Otro era de gran tamaño, y se hallaba en el actual barrio del Camp del Arpa, deformación de Campo del Arca -ya que hasta hace algo más de un siglo a los dólmenes en Cataluña se les llamaba arcas-, y fue destruido en tiempos del rey Fernando el Católico. El tercer dolmen estaba situado, según el investigador Joan Llarch, donde la actual Sagrada Familia. El menhlr posiblemente estuvo en la Plaza del Padró, que debe su nombre a dicha piedra.

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A principios de 2008, el consistorio catalán comenzó una labor de recuperación cultural de la historia judía barcelonesa, abriendo incluso un circuito y un Centro de Interpretación en lo que fue el antiguo caserón del Alquimista -ubicado en la plaza de Manuel Ribé-, por creerse popularmente que en dicho edificio se practicó la alquimia, así como se enseñó la kábala.


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