Geobiología y Pirámides C

Algunos geobiólogos y los expertos en Feng Shui, que no pueden caer en esas limitaciones mentales tan extremas como el temor al bombardeo de partículas, conscientes de que nuestro cuerpo es traspasado por varios millones de subpartículas cada día, sin embargo temen a los efectos de la pirámide cuando sus biómetros les indican que superan los 11.000 o 16.000 Bovis, contra las siete u ocho mil unidades que registran en el entorno inmediato. Más grande es el susto cuando en un modelo “Hércules” (pirámide de aluminio de caras cerradas) registran por encima de los 20.000 Bovis…

Pero no es lo mismo permanecer en un punto geopatógeno (que puede tener cualquier tasa vibratoria), que dormir donde ésta tiene cualidades justamente opuestas a aquellos. Una pirámide estructural de aluminio o madera, que alcanza entre 11.000 y 16.000 unidades de Bovis es perfectamente apta para que permanezca en ella cualquier persona durante todo el tiempo.

Una pirámide más densa, que supere los 20.000 Bovis, quizá requiera de un proceso de aclimatación orgánica mayor, pero no por ello tiene que ser necesariamente peligrosa.

No sólo se han logrado tratamientos extraordinarios contra el reuma en estas pirámides (y aún en otras de menor densidad que las Piramicamas normales), sino que se han observado recomposiciones óseas en problemas cervicales por desgaste mecánico. Los casos -hay que confesarlo- son pocos aún, pero han roto con las terminantes estadísticas oficiales de “eso no se cura”.

Calidades Vibratorias y Octavas De Hertzios

A lo anterior, hay que añadir que no es lo mismo estar un sitio donde la elevada tasa vibratoria en Angstrom (que marca con bastante imprecisión centenas y decenas, merced a la practicidad), se puede corresponder poco o nada con octavas exactas de oscilaciones en Hertzios adecuadas a los organismos, dependiendo del material predominante en el suelo o en la construcción.

Si el sitio en estudio tiene un predominio de SÍLICE (mientras menos combinado con hierro, tanto mejor) veremos que la permanencia en él se hace casi una necesidad, una vez que el organismo ha notado la diferencia. Midiendo en Hertzios (y sus octavas) veremos que tanto mejor es el sitio mientras más se aproxime a los 440 Hz y sus octavas correspondientes, puesto que esa es la oscilación promedio de la célula de todos los mamíferos y también de un alto porcentaje del Reino Vegetal.

Si en cambio tenemos una mezcla de materiales donde abundan metales y minerales ferromagnéticos, basaltos (con mucho hierro), nos alejaremos de los 440 Hz y sus octavas, con la consiguiente pérdida de calidad energética, por más alto que tengamos el rango en Angstroms. Allí tendremos más influencia lunar y telúrica que solar.

Cuando hablamos de energía “solar” nos referimos no sólo a la energía neutrínica del sol, sino a toda la que proviene de las estrellas.
La luna, en cambio, emite luz solar polarizada, con balances menos adecuados para el desarrollo biológico, pero hasta cierto punto, también necesaria.

Por eso es que los constructores de las Grandes Pirámides (no sólo en Egipto) han hecho en las cámaras interiores, cubiertas de roca con muy alto contenido en cuarzo y casi nada de hierro, suficiente como para contrarrestar localmente el efecto del hierro y otros metales componentes del granito.

Reflexiones Finales

El Feng Shui es una ciencia tradicional que ha sufrido innumerables adulteraciones a lo largo de milenios, así como muchas distorsiones en sus interpretaciones occidentales, pero la Geobiología tiene la alta responsabilidad de recuperar lo auténtico en Feng Shui (aunque me consta que hay verdaderos maestros en Occidente, de los cuales hay mucho que aprender), así como recuperar las tradiciones rabdománticas europeas, depurándolas de supersticiones y “ocultismos”.

Pero también debemos considerar los Geobiólogos honestamente, que estamos recién iniciándonos en una ciencia con muchas vertientes, variantes, aplicaciones y responsabilidades, a la par que a los factores físicos objetivamente medibles se agregan otros aspectos sutiles de la materia y la energía. Recién estamos aprendiendo a medirlos y a canalizarlos terapéuticamente o neutralizarlos cuando no son adecuados para nuestra salud.

Quienes llevamos décadas trabajando con pirámides, conos y con biogeometría en general, hemos aprendido geobiología por pura práxis y obligatoriamente, basados más en la física cuántica y en la experimentación pura, que en el estudio geotelúrico, pero en inextricable relación con el magnetismo en todas sus modalidades. Así como la geobiología clásica nos está aportando importantes datos, esperamos poder aportar a ella lo descubierto en biogeometría.

En esencia, “bio”, “geo” y “metría” son constantes no sólo en lo etimológico, sino que coincidimos en objetivos y es de esperar que coincidamos también en lo más importante: La amplitud de criterio científico para un mejor servicio a la Humanidad.


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