¿Es posible soliviantar a las masas a través del empleo de microondas dirigidas al cerebro humano? Según varios investigadores, los últimos saqueos producidos en Irak o

acontecimientos luctuosos como las matanzas acaecidas en Ruanda, serían fruto de un sofisticado plan perpetrado por los oscuros intereses de algunos gobiernos… Un plan que permitiría controlar la mente de las personas. ¿Qué hay de verdad en todo ello?

Muertos en Ruanda

Santiago Camacho

Pueden convertirnos en zombis

El dominio de la mente

En 1970, la Rand Corporation, una conocida tapadera de la CIA, publicó un informe sobre los efectos de las microondas en el sistema nervioso. En él también se certificaban los efectos adversos de estas radiaciones sobre el cerebro. Entre los síntomas se citan: insomnio, irritabilidad, pérdida de memoria, fatiga, jaquecas, temblores, alucinaciones y desórdenes en las funciones sensoriales. Estos efectos se producen a partir de intensidades de emisión extraordinariamente bajas. Al parecer, los componentes eléctricos de las microondas interfieren en las trasferencias de las células nerviosas.

El doctor Milton Zaret, que trabajó para el proyecto Pandora, escribió que los receptores cerebrales son extremadamente sensibles a las radiaciones de microondas. Modificando las frecuencias y amplitudes de onda se podría generar un “código” que tuviera los efectos deseados en cada caso.

El doctor Ross Adey también fue una figura prominente del proyecto Pandora. Su trabajo consistía en inducir específicamente determinados comportamientos en vez de provocar sólo desorientación o detrimentos sensoriales, como se pretendía con el llamado “armamento de confusión”.

Según la tesis de Adey, el electroencefalograma contiene un significado informativo, por lo que se pueden inducir determinados pensamientos a través de ondas que se asemejen al electroencefalograma correspondiente.

A lo largo de sus estudios consiguió relacionar un amplio catálogo de ondas con las sensaciones que les correspondían. Su mayor ambición era sintonizar emisores de radio con las frecuencias cerebrales para, de esta manera obtener un control total de la mente. Tal y como demostró experimentalmente, cuanto más se aproxima la frecuencia del emisor a la propia del cerebro humano, mejores resultados se obtienen, pudiéndose llegar a una razonable “modulación” del comportamiento.

Las teorías de Adey resultaron ser completamente válidas en las pruebas con animales. Se consiguió, a través de determinados castigos, eliminar completamente de sus cabezas algunos pensamientos. Las aplicaciones de este procedimiento en seres humanos abren un auténtico horizonte de pesadilla. No es un escenario de ciencia ficción, sino algo que ya se planteó. A Adey le interesaban las ondas theta, íntimamente relacionadas con los procesos de aprendizaje. En los experimentos realizados con caballitos de mar llegó, sólo por medio de las ondas, a suprimir por completo su desarrollo normal, convirtiéndolos en seres completamente ineptos para la supervivencia. Adey consiguió que los recuerdos no se implantaran en su memoria, algo que, según sus escritos, también se podía hacer con humanos.

Las posibles aplicaciones prácticas en el terreno de la inteligencia militar de un descubrimiento de este tipo resultan estremecedoras. Pensemos en, por ejemplo, cómo podría conseguirse secuestrar a una persona, someterla a todo tipo de experimentos e interrogatorios y más tarde dejarla en libertad sin que conserve ningún recuerdo consciente de la experiencia. Incluso sería posible inducir falsos recuerdos que sustituyesen a la experiencia real. Inevitablemente, esto nos trae a la memoria muchos presuntos casos de presuntas abducciones.

La pregunta obvia ante todo esto es: ¿qué grado de desarrollo ha alcanzado esta tecnología? En principio, son muchos los estados mentales que podrían ser provocados a distancia: desórdenes del comportamiento, pérdida de la orientación, estrés subliminal (sensación de alarma sin ningún motivo aparente), inhibición de ciertas funciones cerebrales, hacer al individuo más susceptible a la sugestión, etc. Lo cierto es que, finalmente, el proyecto Pandora no significó que los EE. UU. abandonaran su interés en las emisiones radioeléctricas, sino un cambio en las directrices a seguir.

El rayo mental

Crimson Mist plasma las nuevas tendencias en el campo del control mental. Ya no se trata de anular la mente de las víctimas para implantarles nuevos pensamientos o convertirles en zombis, sino en aprovechar estados preexistentes para incrementarlos en beneficio del que lleva a cabo esta práctica. Mediante el empleo de estas armas de microondas se puede aprovechar un sentimiento de rabia existente en una multitud para hacerlo subir de nivel hasta convertir al grupo en una masa incontrolable de maníacos genocidas.

Buena parte de su funcionamiento se basaría en los descubrimientos de la doctora Elizabeth Rauscher-Bise, investigadora del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley y del Instituto de Investigación de Stanford. Hace décadas, Rauscher-Bise identificó las frecuencias de radio específicas que podían inducir a distancia estados que iban desde la náusea a la felicidad más absoluta: “Denme el dinero necesario y tres meses –dijo en una ocasión– y seré capaz de modificar el comportamiento del 80% de la población de esta ciudad sin que se den cuenta. Podré hacerles felices, o al menos que ellos crean que son felices. O podré volverles agresivos”.

A diferencia de otros investigadores en este campo, Elizabeth Rauscher-Bise tiende a ser completamente abierta respecto a su trabajo, y ha llevado a cabo múltiples demostraciones públicas de sus descubrimientos, insistiendo siempre en la necesidad de experimentar sólo con sujetos completamente informados y conscientes. Entre sus éxitos destaca la ocasión en que, primero a la mitad de un auditorio abarrotado y luego a la otra, hizo que les castañetearan, de manera incontrolada, los dientes; simplemente, presionando un botón.

El principal problema de esta tecnología radica en cómo conducir estas ondas cerebrales al blanco, ya que se mueven en un espectro de frecuencias extremadamente bajo, entre los 0.1 y los 25 hertzios. Para modificar el comportamiento de grupos específicos de gente había que diseñar un método que permitiera seleccionar el blanco con precisión. Esto se consigue utilizando un rayo de microondas de alta frecuencia que es modulado para obtener la frecuencia de la onda cerebral deseada. Las microondas entre los 1 y 3 gigahertzios se propagan en línea recta, como la luz, haciendo posible que puedan ser apuntadas sobre un objetivo con extremada precisión y que pueda ser graduada con total seguridad la extensión del área afectada por el rayo.

Durante los últimos meses, expertos europeos en seguridad han llegado a la conclusión, basándose en testimonios de avistamientos de aviones Hércules volando con el portón trasero abierto, de que el dispositivo Crimson Mist pudo ser desplegado en Bagdad durante la época de los saqueos, para poner mayor énfasis en la propaganda oficial, destinada a dar la impresión de que los ciudadanos iraquíes son poco menos que salvajes sin civilizar que necesitan de la directa supervisión de las autoridades estadounidenses. Por otro lado, la intervención de estas armas psicológicas de última generación serviría para explicar la asombrosa y súbita deserción en masa de las tropas que defendían la capital iraquí.


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