Cada cultura Tiene su Dios y cada época tiene su Dios; y como ha habido muchas culturas y ha pasado mucho tiempo desde que este inquieto y desamparado animal que se llama hombre apareció sobre la faz de la Tierra, nos encontramos con cientos de dioses, haciéndose la guerra los unos a los otros, diciendo cosas contradictorias, imponiendo mandamientos distintos y explicándonos nuestro origen y nuestro destino de maneras muy diferentes.
Alguien juega con nosotros
No podemos evitar la terrible impresión de que alguien está jugando con nosotros; de que alguien está manipulando en grande, no sabemos con qué fines, nuestra manera de pensar y de actuar; y hasta a veces nos ha venido la idea de que alguien se goza en confundirnos y en martirizarnos, porque en cierta manera parasita en nuestros sufrimientos.
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¿Hay cosa mas triste en el mundo que ver a un hebreo creyente lamentarse delante de la muralla en Jerusalén? Que un hombre invoque a otro hombre, aunque este sea su padre y que este falle, es cosa perfectamente explicable dada la gran flaqueza humana, pero que todo un pueblo, año tras año, siglo tras siglo, invoque con lágrimas a su Padre Dios, y que esté no sólo no se presente sino que dé positivas señales de estar desinteresado, es algo que no se puede comprender.
Lo cierto es que Yahvé da la impresión de estar muerto. ¡Y si sólo hubiera un Yahvé!
Pero lo malo es que hay cientos de Yahvés. Como dije mas arriba, cada época y cada cultura tiene su Yahvé. Y todos, sin excepción, dan la impresión de martirizar las mentes de sus “protegidos”. Por todas partes miles de hombres mirando al cielo, o desde lo profundo de sus corazones, tratando de entrar en contacto con el Dios de sus padres, y el Dios de sus padres ¡está mudo! o si habla, dice cosas que no tienen mucha lógica o que son contrarias a lo que dice el dios de otros hombres.
En cuanto a la religión, la humanidad ha estado siempre sumida en un caos. Miles de mandamientos, miles de preceptos, miles de pecados, miles de ritos, miles de plegarias, miles de promesas y miles de amenazas provenientes de miles de dioses. ¿Pero quiénes son esos dioses? Para la mayor parte de los hombres, el dios de su niñez, el dios que le enseñaron sus padres, es el Dios verdadero; pocos son los que logran zafarse del profundo amarre de este dios de la niñez. La mente humana es demasiado débil para atreverse a incursionar sola por el mundo de lo trascendente y por eso prefiere quedarse quieta allí donde la colocaron en la infancia. Preferirá creer a pensar; preferirá esperar a avanzar sola; preferirá la seguridad del rebaño a la incertidumbre de adentrarse por su propio esfuerzo en los abismos del mas allá. Por eso a todos los líderes religiosos les es tan cara la palabra “grey” y por eso los que dirigen las conciencias gustan tanto de llamar a los fieles por el nombre de “ovejas”.
La oveja no se subleva -y esto es bueno para el “pastor”- y la oveja no tiene que arriesgarse a buscar sola su alimento -y esto es bueno para la oveja-, pero al fin de cuentas la oveja es degollada por el jefe del pastor.
El gran error de Israel, como el gran error de todas las religiones es que confunden a sus respectivos dioses con el Dios Universal. La mente abstracta del hombre si llega al concepto del Dios Universal, de una Causa Suprema que está en el todo y en cada cosa; pero esa misma mente, en el camino hacia El, comete el error infantil de tratar de comunicarse directa e inmediatamente con El, y entonces es cuando cae en la trampa de los intrusos que se hacen pasar por Dios, y comienza a “creer” todo lo que esos intrusos le dicen.
Y en seguida, surgen las preguntas: ¿Por qué se entrometen? ¿Por qué engañan? El hecho de que se entrometan ya nos está explicando en cierta manera, por qué engañan. De un entrometido, cualquier cosa se puede esperar, puesto que el mero hecho de entrometerse nos está diciendo que está fuera de la ley y que probablemente sus intenciones no son buenas.
El Gran Sacramento: la Mente
Ante estas contradicciones y ante este profundísimo problema que tiene directamente que ver con algo tan fundamental como es el origen y el fin de nuestras vidas, el hombre en vez de andar corriendo a consultar libros (escritos por otros hombres) y en vez de apresurarse a consultar “guías” o “directores”, (que no son más que representantes mas o menos honestos de estos intrusos superiores) lo que tiene que hacer es recurrir al medio que la naturaleza y el verdadero Dios del universo le ha dado para que solucione sus problemas y cumpla con su misión en esta vida y ese medio es su propia inteligencia. La inteligencia es lo que hace que el hombre sea entre todos los animales en este planeta un animal especial.
La humanidad ha avanzado técnicamente de una manera enorme una vez que dejó de lado ciertos principios prejuiciados (religiosos o tradicionales) que le impedían avanzar en el conocimiento y en el uso de las leyes de la naturaleza. Este avance lo ha hecho precisamente con su inteligencia, aunque reconozco que en este particular, también se ha hecho sentir la mano de los intrusos de los que estamos hablando.
Sin embargo, referente a lo que la humanidad ha llamado siempre el “mas allá”, los hombres no nos hemos decidido todavía a soltar amarras y a usar nuestra inteligencia, prescindiendo de toda la multitud de credos que estos intrusos nos han ido dictando a lo largo de los siglos. Todavía no nos atrevemos a escudriñar el “mas allá” valiéndonos pura y simplemente de nuestro cerebro y usando los mismos métodos que hemos usado) para avanzar en el conocimiento de las leyes de la naturaleza y en el uso de los materiales de este mundo.
La mayoría de los hombres son prisioneros de un terror sacro que les impide abandonar ciertas creencias y ritos y que les paraliza su capacidad de usar su propio cerebro.
Esta es la parte tremendamente negativa de todas las religiones; aunque hay que reconocer que en nuestros tiempos empiezan a aparecer religiones mucho mas universalistas que en vez de atar la mente del hombre, la abren a posibilidades y perspectivas infinitas, mucho mas grandes que aquellas que tenía en las religiones clásicas en las que únicamente se podía ver este mundo y el otro tal como se presentaba en sus credos miopes y en buena parte erróneos.
¿Estamos siendo usados?
Con esta inteligencia, y dejando a un lado todo lo que puedan decir las religiones acerca del hombre, de su origen, de su destino y de su fin especifico en este mundo, nos atrevemos a preguntar: ¿No será que en una escala cósmica sucede con los seres que han alcanzado diversos niveles de evolución, lo mismo que sucede con los seres que pueblan este mundo?
¿No sucederá que aquellos que han logrado un grado mayor de evolución, desarrollan sus actividades superiores apoyados en otros que todavía no han alcanzado su grado de evolución, usándolos directa o indirectamente, y hasta parasitando en cierta manera en ellos? ¿No será que lo mismo que el vegetal vive de absorber a través de sus raices, los minerales y lo mismo que el animal herbívoro vive de comer al vegetal y lo mismo que el animal carnívoro vive de comerse al animal herbívoro, y lo mismo que el hombre vive de comer y usar a todos los animales y plantas de la naturaleza, no será que los seres que nos siguen en la escala ascendente, con un grado de evolución superior al nuestro (sin que tengan ya necesidad de un cuerpo físico permanente), están usándonos a nosotros, lo mismo que nosotros usamos a todos los demás seres de este planeta que no han alcanzado un grado de evolución como el nuestro?
¿Por qué se entrometen?
Surge en seguida la pregunta: “¿Y cómo o en qué nos necesitan? ” Ciertamente, no quieren de nosotros minerales como la planta toma de la tierra, ni quieren proteínas como el animal adquiere de la planta, ni otros compuestos orgánicos mucho mas complejos, como podrían ser tejidos o bacterias que el hombre extrae muchas veces de los animales, sino que siendo estos seres inmateriales (aunque con la posibilidad de adoptar formas materiales o de dominar La materia) lo que piden o necesitan del hombre, es cierto tipo de energía que
el hombre tiene o puede producir (bien sea con su cerebro, bien sea que la tiene en alguna parte de su cuerpo) que le es a ellos necesaria para desempeñar algunas funciones inferiores de sus vidas. Y en este particular, volveré a insistir es algo de lo que ya he escrito en otros libros y de lo que ya he hablado en muchísimas otras ocasiones: la posibilidad de que estos “seres superiores” usen nuestras emociones y nuestro sentimiento (ansia, angustia, dolor, alegría). Esta podría ser la explicación de muchas de las cosas incomprensibles de sus mensajes y de su manera ilógica de actuar. Sobre todo, podríamos explicarnos el eterno problema del dolor y el mal omnipresente en todas las religiones y en toda la vida y que tanto ha hecho pensar a los grandes filósofos sin que estos llegasen nunca a darle una respuesta satisfactoria.
Lo que mas nos ha llevado a esta conclusión es el hecho de que tanto los “malos espíritus” como los “buenos” nos exigen el dolor. Los malos nos lo imponen a la fuerza y a veces despiadadamente; los “buenos” nos lo suplican con respeto, pero no dejan de pedírnoslo constantemente como una condicion para poder llegar a nuestra “salvación” o a nuestra “amistad con Dios”.
Es deprimente leer en todos los místicos católicos sin excepción, con que insistencia angustiosa nos hablan sobre el valor del dolor y sobre la necesidad de la renunciación y de la penitencia. En muchos de ellos adquiere caracteres de morbosidad masoquista. La cruz, símbolo de la muerte, la agonía y el dotor, es el gran símbolo del cristianismo.
Según la teología, Satanás es el causante de las enfermedades y de la muerte, es decir, del dolor; pero según esa misma teología, Dios nos pide la muerte a los placeres y nos exige mil renunciaciones si queremos llegar a ser sus amigos íntimos. La mente humana no puede llegar a comprender esto por mucho que se lo expliquen.
En resumen, el dolor humano parece que es útil tanto a los “buenos” como a los “malos”; unos lo piden, otros lo imponen, pero ambos lo exigen aunque de maneras y por motivaciones muy diferentes. Y ambos dan la impresión de estar haciendo una cosa completamente justa y normal al exigirle al hombre el sufrimiento.
Las ideas de los párrafos precedentes encierran una sobrecogedora verdad, que ha ido ganando fuerza en mí a medida que he ido ahondando en toda la inquietante fenomenología paranormal.
Admito que hay otros “seres superiores” que son superiores al hombre en todos los sentidos, incluido el moral, para estos seres, precisamente por ser mas evolucionados en todos los sentidos, no se entrometen en las vidas de los hombres como lo hacen los que se nos presentan en forma de “dioses”.
Estos son los que cometen el gran fraude con el hombre porque el Dios que el hombre busca, no son estos seres que se presentan en su lugar; el Dios que el hombre busca y que tan pobre idea tiene (debido precisamente a los malos informes de El que estos suplantadores nos han dado), es el verdadero causante y motor de todo el cosmos que de ninguna manera puede equipararse a las caricaturas que de El han presentado estos intrusos a través de todos los credos religiosos que ellos han “inspirado” a los autores sagrados y a los profetas.
Hombres, superhombres, dioses… Dios
Por lo dicho, podemos ir viendo ya diversos niveles en estos seres suprahumanos que tienen que ver con la dimensión religiosa: primero están los hombres eminentes que se han distinguido por sus valores morales en una u otra religión pero que no han trascendido la dimensión humana, aunque la hayan llevado a un grado superior de evolución.
Y, por fin, llegamos a la idea del verdadero Dios, la Primera Causa del universo, la misteriosísima Energía Inicial que es totalmente incomprensible para la mente humana, al menos en este estadio de su evolución.
Este es el Dios-Energía que el hombre evolucionado del siglo XXI empieza a descubrir más allá de las religiones, y más allá de las subpartículas atómicas; es el Dios Verdadero, que los dioses intrusos -seres anárquicos del cosmos- han querido ocultarnos para tener sojuzgadas a su servicio las mentes de lo hombres. Este Dios-Energía se ira agrandando poco a poco a medida de que el hombre vaya desenmarañandose de los miedos sacros y de los dogmas religiosos inventados por estos falsos dioses y vaya atreviéndose a buscarlo en la naturaleza, que es su verdadera Biblia, y en lo profundo de sus conciencias.
La psicología, la psiquiatría y aun la parapsicología trata de explicar estos fenómenos racionalmente, y hacen muy bien en esforzarse en ello, pues, como dijimos, el hombre tiene que usar a fondo su propia razón y llegar hasta donde ella lo ve. Pero me parece que en este caso, las explicaciones de estas tres ciencias se quedan demasiado cortas y no logran explicar un hecho tan extendido, tan constante, tan universal, de tantas consecuencias y tan corroborado como es el hecho de las apariciones de todo tipo; ellas han dado lugar a creencias, institucionalizadas en forma de religiones, que han durado siglos y milenios. Todos los Yahvés que vemos en la historia humana y todas las hadas y gnomos que vemos en las leyendas y todos los seres angélicos o monstruosos que modernamente se nos presentan en forma de “extraterrestres, no son fruto de nuestra imaginación, ni son una proyección de nuestra mente, ni siquiera son el resultado de algún mecanismo psiquico desconocido que tenga sus únicas raices en nuestro psiquismo.
Tanto Yahvé, como Júpiter, como Vishnu, como Venus, como Lucifer, como cualquiera de las centenas de “ángeles y virgenes” que tenemos en nuestras historias y en nuestras tradiciones, son entidades reales, suprahumanas, que en alguna época de la larguísima historia de la humanidad (mucho mas larga de lo que nos dicen los historiadores y los arqueólogos) se han inmiscuido en las vidas de los hombres y de los pueblos al igual que Yahvé se inmiscuyó, para su propio beneficio, en la vida del pueblo judio.
No estamos indefensos
¿Estamos entonces completamente a merced de estos falsos dioses intrusos? De ninguna manera. En el universo entero hay un orden, pero dada la magnitud del cosmos, es natural que este orden se nos escape en muchos aspectos y en muchas ocasiones. Pero es indudable que hay un plan maestro dentro del cual estamos los hombres. Cualquiera que reflexione un poco sobre su propio cuerpo y sobre la maravilla que es la mente, podrá fácilmente deducir que hay un plan maestro, desconocido por nosotros, en virtud del cual los átomos se reunen en moléculas, las moléculas en células, las células en órganos y los órganos en personas en las cuales radica la inteligencia; es decir, algo que sin ser material, da realidad a la misma materia.
Extendiendo nuestra vista alrededor, vemos que hay un orden, aunque muchas veces no podamos distinguir bien ciertos detalles de ese orden, y nosotros somos parte de ese gran orden. Nadie puede dudar de su propia realidad y, por otro lado, cada uno está muy consciente de que no ha hecho nada por llegar a ser la realidad tan compleja que es.
Estos intrusos de los que venimos hablando no son de ninguna manera omnipotentes, y por entrar en una dimensión o en un nivel de existencia que no es el suyo, tienen muchas limitaciones y por eso precisamente le piden ayuda al hombre. Al estar nosotros en el orden o nivel que nos corresponde y al estar ellos como intrusos en un orden que no es el suyo, nosotros en cierta manera somos mas fuertes que ellos, si usamos nuestra gran arma que es nuestra inteligencia, y si nos atenemos a nuestro mundo y no cometemos el error de obedecerlos o seguirlos en ciertas peticiones o sugerencias que nos hacen.
Fieles a la mente
A los que al leer todo lo que llevamos dicho les entre el “temor sacro” y piensen que ante todo y por encima de todo tienen que ser fieles a su fe y a su Dios, yo con todo respeto les diria que su fe y su Dios los conocieron gracias a su propia inteligencia y que, por lo tanto, tambien tienen que ser fieles a esa inteligencia que los llevó al conocimiento de Dios
Si esta inteligencia, rectamente usada, les dice que lo que habían tenido por Dios, no es tal cosa, entonces harían muy bien en seguir adelante en su investigación, basados siempre en que su inteligencia les dijese, que, en definitiva, es la que tiene siempre la ultima palabra en todo el proceso cognoscitivo del hombre.
La humanidad ha llegado a una etapa de madurez en Ia que debe de abandonar las andaderas mentales y morales, que en cierta manera fueron los credos y los mandamientos religiosos. Los hombres tenemos que elaborar con nuestra propia inteligencia unos mandamientos que sirvan mejor para encauzar nuestras vidas y la de la sociedad; unos mandamientos cuyo fundamento sea el respeto al derecho ajeno, el respeto a la inteligencia y el respeto al debido orden de la naturaleza.
La era de las religiones y de los falsos dioses ya esta llegando a su fin. El hombre en su eterna búsqueda de la Primera Causa, esta dando un gran paso de avance al sospechar que esa Primera Causa es mucho mas grande y mucho mas profunda de como se la habían presentado todas las religiones. Se esta acabando la venerable comedia de los ritos, y la razón humilde pero audaz, esta tomando su verdadero papel de gran sacramento de la humanidad.
Nuestra función en la Tierra
El rito grande que el hombre tiene que practicar en esta etapa que le ha tocado vivir en este planeta, es el uso de este gran sacramento que es su inteligencia. Seguir creyendo de ahora en adelante, en esta etapa de madurez, las mismas infantilidades que creyeron nuestros antepasados, es prostituir este sacramento. El hombre como la célula y la humanidad como el órgano, tienen su función propia que desarrollar en esta etapa de su existencia.
Esta función consiste en desarrollar o hacer evolucionar su espiritu en tres niveles: en el nivel intelectual, sabiendo mas; en el nivel moral, siendo mejor y amando lo bueno, y en el nivel estético, creando y gozando lo bello.
El hombre que hace evolucionar así a su espiritu, ni tiene que temer a los falsos dioses con sus infiernos, ni tiene que andar preocupándose de si su credo es ortodoxo o herético, o de si sus acciones son agradables a este o a aquel seudodios.
Hemos llegado a la conclusión de que todos los que vienen a nuestro mundo (por muy superiores que sean a nosotros en inteligencia) a pedirnos adoración o sacrificio, son intrusos, y por ser intrusos son fraudulentos. En el futuro, la humanidad va a prestar cada vez menos oídos a todas estas “inspiraciones” y “apariciones” a las que en épocas pasadas tanta atención prestó. La parapsicología animista nos ha enseñado que en estos fenómenos psíquicos tiene muchisimo que ver la mente inconsciente; y la parapsicología trascendentalista, junto con la historia comparada de las religiones, nos han convencido de que todas estas “apariciones”, “inspiraciones” y “mensajes” no tienen absolutamente nada que ver con el Dios del Universo. Estas “apariciones” y “mensajes” puede ser que sean meros ecos sin sentido provenientes de un misterioso plano, en donde se amalgaman desordenadamente todos los conocimientos y las energías psíquicas de los habitantes pasados, presentes y futuros de este planeta y quien sabe si de otros. O puede ser que todo ello no sea mas que un entretenimiento de bucaneros del espacio que se divierten entre ellos jugando su ajedrez gigante en el que nosotros, lejos de ser los reyes, somos los peones.
En el futuro, los hombres de este planeta, mas que andar buscando a quien adorar, vamos a tener que defendernos de los dioses.
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