Manila, 2 de marzo de 1967
La policía filipina detiene a un extraño personaje, que parece llamarse Luis Castillo, al que acusa de participar en la preparación de un atentado comunista contra el presidente Marcos. Pero posteriores investigaciones e interrogatorios desarrollados bajo hipnosis indican que, tras haberle entrenado como espía los estadounidenses, ha vivido una serie de extrañas aventuras bajo diferentes personalidades, que culminan en su presunta implicación en el atentado contra John K Kennedy. Durante su huida de Dallas, en un coche que va recogiendo a otros individuos que supuestamente participaron en esa operación, le administran una inyección que le hace dormirse… Su insólito relato muestra curiosas coincidencias con la investigación sobre el magnicidio que, justo en esos días, acomete en Nueva Orleáns el fiscal Garrison, quien se hará mundialmente conocido por la película JFK.
Cuatro almas en un solo cuerpo
A petición del FBI, Castillo es sometido en Filipinas a cuarenta sesiones de hipnosis, durante las cuales revela que ha sido programado mediante narco-hipnosis por las personas que le condujeron a Dallas y reconoce a algunos personajes a los que Garrison hará salir del anonimato. Se detectan en el cuatro personalidades diferentes, que corresponden a varios niveles hipnóticos: en el primero se manifiesta como espía anti-norteamericano, en el segundo es un agente de la CIA en dificultades, en el tercero se comporta como si acabara de ser desenmascarado e intentase suicidarse, y en el cuarto afirma haber pasado su vida entrenándose y cumpliendo misiones para la Agencia y cree ser hijo del propio Allen Dulles, propulsor de la Operación Control Mental, a quien Kennedy no ha conseguido destituir como director de la CIA y miembro de la Comisión Warren que investigará burdamente el magnicidio. Utilizando frases de sus agendas, emborrachándole y siguiendo otras técnicas —siempre bajo hipnosis— consiguen provocar en él diversos comportamientos, algunos asesinos o autodestructivos. La policía de Dallas asegura que no posee dossier alguno sobre Castillo, cuya identidad, por otra parte, nunca se aclarará definitivamente, pero tampoco se debe olvidar que declarará ante Garrison haber destruido información vital referente al magnicidio. Tras ser deportado a Estados Unidos, el FBI le interroga y, según parece, Castillo confiesa haberse inventado la historia de Dallas. Incomprensiblemente, es condenado tan sólo por un robo y cuando sale de la cárcel nadie vuelve a saber de él…
El ejército y la CIA experimentan con hipnosis
Por increíble que parezca, esta enrevesada historia pone tras la pista de una inquietante realidad, que puede aportar una luz insospechada sobre algunos de los expedientes X más famosos de la actualidad.
En 1942, el profesor Estabrooks es consultado por el ministro de Defensa estadounidense sobre la peligrosidad potencial de la hipnosis si es utilizada por los enemigos de la nación. Este prestigioso psicólogo estima que podrían contar con la colaboración de un médico que, durante un examen u operación rutinaria, adoctrinase hipnóticamente a militares sugestionables o a otros ciudadanos, convirtiéndolos en miembros de una peligrosa sexta columna de saboteadores inconscientes. Desde entonces, los servicios de inteligencia militares y la CIA han realizado numerosos experimentos e investigaciones sobre la hipnosis, que van desde la memorización de textos complejos hasta la producción de alucinaciones que deforman la realidad y pueden forzar a cometer actos que atentan contra los principios morales.
Según informes oficiales, utilizando las técnicas adecuadas, que incluyen la combinación de drogas con hipnosis, se pueden crear auténticos zombis, y programar en algunos individuos varias personalidades secundarias que se corresponderían con distintos niveles hipnóticos. Al ser inducida una de ellas mediante alguna clave o estímulo externo, se transforman en espías, en asesinos perfectos o en actores inconscientes de un drama cuyo guión ignoran.
La cartera zombi
Un buen ejemplo de esto es la estremecedora historia de Candy Jones que, cuando actuaba para los soldados americanos destinados en el Pacífico, fue internada en un hospital donde conoció al doctor Jensen, quien años después le propuso que colaborase con la CIA como correo. Pero cuando se casó, en 1972, su extraño comportamiento nocturno alarmó a su marido, quien al intentar ayudarla mediante hipnosis, descubrió que Jensen ya había hipnotizado a Candy valiéndose de drogas, El médico desarrolló en ella una doble personalidad, que comenzaba a funcionar cada vez que viajaba al sudeste asiático. Transportaba en su memoria inconsciente mensajes que sólo podía revelar a quien le diese la clave de apertura que le habían grabado bajo hipnosis. Jensen incluso había programado a Candy para que se suicidase, en el caso de que se descubriera su naturaleza de agente-zombi.
Magnicidas bajo hipnosis
¿Es posible hipno-programar a algunas personas para que cometan atentados políticos?
En 1968, el doctor J. Bernd decide plantear esta pregunta a los principales hipnólogos americanos, alarmado por las pruebas que apuntan a que los asesinatos de los Kennedys y de Martin Luther King pudieran formar parte de una conspiración. La mayoría de sus colegas responden afirmativamente a su encuesta y añaden que una adecuada sugestión post-hipnótica podría impedir a la persona recordar lo sucedido. Si se examinan las extrañas circunstancias que rodean a los tres crímenes, se comprende que Bernd no está desencaminado, aunque, probablemente, la hipnosis haya servido más bien para crear chivos expiatorios que encubran a los verdaderos ejecutores.
Programados para matar
Como refleja la película JFK, muchos de los testimonios escuchados por la Comisión Warren sobre Lee H. Oswald, el presunto asesino de Kennedy, resultan inexplicablemente contradictorios en cuanto a su personalidad, comportamiento y habilidades. Tampoco se entienden —entre otras muchas cosas— sus bruscos y continuos virajes políticos, ni la facilidad con que se le permite emigrar a la URSS —tras finalizar un servicio militar en el que trabaja con claves confidenciales y recibe clases de ruso— y luego regresar a Estados Unidos, pese a haber renunciado al pasaporte americano, haberse declarado traidor y estar casado con la sobrina de un militar soviético.
Según la mayoría de los investigadores, esto solo podría entenderse si se acepta que, hasta el final de sus días, Oswald ha realizado operaciones clandestinas para servicios de inteligencia con los que tuvo estrechos y enigmáticos contactos. Algunos han planteado que hubo dos personajes encubiertos bajo la identidad de Oswald… Para Bowart, todo encajaría en el caso de que hubiese sido programado hipnóticamente para adoptar personalidades múltiples, como Castillo y Candy. Mientras Oswald-2 sería un tirador perfecto y capaz de conducir un coche, Oswald-1 resultaría incapaz de ejercer esas actividades correctamente. En tal caso habría sido Oswald-2 uno de los que dispararon contra el presidente y luego asesinó al policía Tippit, en tanto que Oswald-1 insiste en que él no ha matado a nadie.
Un chivo expiatorio
De hecho, cuando el fiscal Garrison inicia su propia investigación sobre el magnicidio, uno de sus objetivos es David Ferrie, sospechoso personaje que había formado parte con Oswald de una patrulla militar y del que varios testigos aseguran haber visto con él en Nueva Orleáns un año antes del atentado.
El mismo día que Garrison llama a declarar a Ferrie, aparece muerto. Aunque la conclusión oficial es que se ha suicidado, la autopsia revela que su muerte no se debía a una sobredosis de drogas —como en principio se supuso—sino a la ruptura de un vaso sanguíneo en la base del cerebro. Varios médicos comentan que un experto en kárate pudo haberlo provocado sin dejar rastro.
La policía encuentra en su apartamento numerosas armas, drogas, pasaportes en blanco y libros sobre hipnosis. Ésta es una materia en la que Ferrie era un especialista, según declaró ante el gran jurado Perry Ruso. También aseguró que, durante el verano de 1963, había escuchado en casa de Ferrie una conversación entre éste, un tal León Oswald y otra persona, sobre un hipotético asesinato político en el que deberían participar al menos tres personas, una de las cuales podría sacrificarse para permitir escapar a las otras.
Poco después del asesinato de Kennedy, Jack Martin, un amigo de Ferrie, le contó aun investigador que éste conocía a Oswald, que le enseñó a utilizar un fusil con mira telescópica y que, probablemente, le había hipno-programado para matar al presidente. Entre las informaciones reunidas por la comisión Warren, figura que Bob Mulholland, de la cadena NBC, habló en Dallas con un tal Fairy, quien le dijo que “alguien había hipnotizado a Oswald para leer en su mente en el club Carrousel de Ruby; Fairy era detective privado y paseaba a los jóvenes en su avión por placer”. Ferrie poseía una avioneta, en la que invitaba a pasear a muchachitos y trabajaba con Guy Bannister, detective colaborador de la CIA… No se entiende por qué Ferrie no fue interrogado por el FBI ni los servicios secretos.
Un premio Nóbel indeseable
M. Luther King es asesinado el 4 de abril de 1968 en Memphis, con un fusil de mira telescópica, por alguien que, incomprensiblemente, logra escapar en automóvil. Sólo dos meses después la policía identifica sus huellas como las de James E. Ray, a quien detiene en Londres cuando intenta abandonar el país con el pasaporte de un policía.
El defensor de Ray —que nunca antes ha perdido un juicio— le convence de que se declare culpable para escapar de la pena capital e intenta desmentir el rumor de que Ray ha sido el chivo expiatorio de un montaje en el que participa el FBI, hipótesis que hoy siguen apoyando los principales colaboradores de King y el director de la campaña electoral de J. Kennedy, que ha asumido la defensa legal de Ray.
Un año antes del asesinato de King, Ray cumple condena por robo y es ayudado a escapar de la cárcel en circunstancias más que misteriosas. Cuando se estudian sus posteriores actividades, algunos investigadores deducen que tal vez hubo dos J. E. Ray, cuyos comportamientos son diametralmente opuestos. En los meses precedentes al atentado, Ray viaja a México D.F. y Nueva Orleáns, ciudades frecuentadas por Oswald y otros personajes a los que Garrison implicó en el complot contra Kennedy.
En Los Ángeles, Ray visita a ocho hipnotizadores y hace un curso de hipnosis, materia por la que se ha interesado en la cárcel, donde pide al doctor Freeman que le hipnotice para dormir mejor y aumentar su memoria, y se muestra muy sugestionable. Cuando le detienen en Londres, lleva consigo tres libros sobre la hipnosis y el poder de la mente.
Asesinato bajo trance
Un día antes de que detengan a Ray, Los Ángeles se convierte nuevamente en escenario del siguiente episodio de este drama: el 5 de junio de 1968, el senador Roben Kennedy es asesinado por el palestino S. B. Sirhan. La policía le detiene inmediatamente. En su apartamento encuentran muchas obras ocultistas y varias notas incoherentes como “hace falta liquidar a Robert Kennedy como a su hermano”.
Durante el juicio, asegura no recordar haber disparado, declara que la cabeza le daba vueltas y que todo era confuso. Su defensor sostiene que Sirhan estaba en trance durante el tiroteo, y que mostró tras su detención comportamientos y síntomas inexplicables y similares a los experimentados por Castillo y Candy, síntomas que se repiten cuando está ebrio e hipnotizado. Requiere la colaboración de un prestigioso hipnólogo, B. L. Diamond, quien deduce que ya ha sido hipnotizado otras veces, que se niega a aceptar la posibilidad de que se le obligue a actuar bajo hipnosis y que en ese estado escribe como un robot, repitiendo las mismas palabras hasta que se le detiene. El doctor Diamond concluye que Sirhan es un esquizofrénico paranoide que se ha autoprogramado para el asesinato, algo que confirman otros psiquiatras.
No está loco
Sirhan es condenado a cadena perpetua. Pero en 1973 el doctor E. Simpson, psiquiatra de la prisión, solicita a los tribunales que se abra una nueva investigación sobre el caso, argumentando que, tras haber estudiado detenidamente a Sirhan y las declaraciones de los psiquiatras durante el proceso, estaba seguro de que éstos se habían equivocado completamente. En ello está de acuerdo el director del departamento de psiquiatría de la cárcel. Ambos coinciden en que Sirhan no es un esquizofrénico paranoide ni un psicótico, enfermos que además son pésimos sujetos hipnóticos, todo lo contrario que Sirhan. Simpson no entiende por qué no le sometieron a un detector de mentiras y se pregunta incluso si Diamond no le habría hipnotizado para hacerle aceptar ideas que antes no tenía o para declararse culpable del asesinato de Bob Kennedy.
Posteriores investigaciones indican que las trayectorias de las balas disparadas por Sirhan no pudieron producir la muerte del senador. Y apuntan como sospechoso principal a Thane K. Cesar, que fue asignado a última hora como guardaespaldas suyo, que abrió fuego al tiempo que Sirhan y que tiene claras conexiones con el crimen organizado, ‘lodo parece indicar que Sirhan, como Oswald y Ray, fue utilizado como cabeza de turco para encubrir al verdadero asesino.
¿Un solo titiritero?
Uno de los mejores especialistas americanos en hipnosis, el doctor Spiegel, que escribió la introducción del libro sobre Candy Jones, coincide en que Sirhan sufrió un tratamiento hipnótico en el que, probablemente, le lavaron el cerebro para reemplazar sus emociones y valores morales por sugestiones. Cada vez hay menos dudas de que los tres atentados que tinción de sangre la década prodigiosa, obedecieron a unos mismos intereses, y cada vez más pruebas de que hubo una trama común en su planificación. La similitud entre los perfiles psicológicos de los tres presuntos asesinos, el que se tirotease a las víctimas con una eficacia pasmosa y el que los tres asesinatos beneficiasen a los mismos sectores político-económicos, apuntan en la misma dirección.
Cuando se produjeron los tres atentados, el programa de control mental había superado la fase experimental y permitía la puesta en marcha de las técnicas investigadas por parte de quien tuviese poder suficiente para acceder a ellas y usarlas impunemente.
El abogado Alan Scheflin asegura poseer pruebas de que el hipnotizador de Candy Jones —a quien ésta encubre en su libro— se encargó también de programar a Oswald, Ray y Sirhan.
El marido de Candy sospecha que el otro médico que se encargó de condicionarla para hacerla sospechar de la gente, podría ser el doctor William J. Bryan, Jr., hipnólogo californiano que ha colaborado en los programas de control mental del ejército del aire y la CIA. Cuando el piloto-espía Gary Powers —de quien se ha hablado en el capítulo anterior— confiesa su culpabilidad, Bryan se encarga de explicar que “Rusia se sirve de la hipnosis como un poderoso instrumento para destruir la resistencia de los individuos”. También trabaja como asesor técnico en la película El mensajero del miedo, que plantea la hipótesis de un militar prisionero en Corea e hipno-programado por los comunistas para convertirle en un asesino inconsciente.
En marzo de 1977, el doctor Bryan fallece —a los 50 años— de “un ataque cardíaco” sufrido durante una de sus numerosas conferencias sobre hipnosis, pocos meses después de que su nombre apareciera relacionado con la programación de Candy Jones y tras rechazar cualquier entrevista sobre el tema.
-
Realmente este es un tema muy interesante y de muchisimo estudio e invertigació, además que me ha ayudado a aclarar muchas dudas que tenía acerca del libro de Candy Jones, sobre todo el saber de las conspiraciones en las que ha estado involucrada la CIA, es impresionante.