El índice de Buffón

Es así que de vez en cuando leemos en los diarios de los avances en la duración de la vida humana, claro está, dividiendo el mundo en primero y tercero, mientras el segundo brilla por su ausencia. Para el primer mundo la vida promedio de una persona, gracias a los avances científicos, el modo de vida y los avances civilizatorios, alcanza los 70 años, para el tercer mundo mejor ni hablar… Todo un logro si nos guiamos por la “historia oficial”, según la cual, en la antigüedad, a los 40 años ya miraban como crecían los rabanitos desde abajo. Lo precedente tiene dos objetivos subliminales claros: transmitir que en la antigüedad se vivía peor, que su cultura y civilización eran deficientes, y que el presente es la cresta de nuestra gran civilización, ni podríamos estar mejor, ni nadie antes lo estuvo; nada más ni nada menos que la visión materialista del Darwinismo y su socio el materialismo dialéctico. Todo esto lleva un costo político muy caro, pues subliminalmente se impone una terrible pasividad y conformismo, en vez de tomar el toro por las astas y convertirnos en amo y señor de nuestro propio destino, remontando la decadencia y pasando a la acción.

Muchos incautos lo toman como algo natural, pero muchas otras personas de buenas intenciones sin embargo prefieren dar vuelta la cara a la realidad o inventarse sus propias realidades ya que resulta más cómodo tomar los hechos como parte de un “plan divino” y no tener que aceptar que somos engañados o dominados por poderes oscuros, o presos de nuestras propias debilidades.

La cantidad de hechos que se oponen a esta visión “evolucionista” de mercado, hace, sin embargo, que muchas veces las cuentas no cierren para quienes investigan con los ojos bien abiertos. Algunos científicos serios advierten las contradicciones, producidas por tanto engaño, y se rascan la cabeza intentando encontrarle la vuelta al asunto. Esto se evidencia, por ejemplo, en el “índice de Buffon”, utilizado por los zoólogos y biólogos para datar la edad máxima que un animal puede vivir. El índice de Buffon dice que el período en que un animal se encuentra en etapa de crecimiento llegando a la edad adulta, debe multiplicárselo por seis para conseguir la edad máxima que esa especie biológicamente puede alcanzar. Este índice se respeta en todo el reino animal, excepto en el hombre, el cual llega a su pleno desarrollo entre los 20 y 25 años. Sí esto se multiplica por 6, encontramos que la edad que puede alcanzar el hombre es entre 120 y 140 años. Bastante más de lo que se vanagloria la civilización del mercado. También se sabe que las limitaciones de la vida humana es debida a su medio ambiente. Nuestro medio ambiente es la sociedad en que nos movilizamos, la capacidad para hacerle frente a las enfermedades, la calidad alimentaria, la calidad psíquica, la calidad de los puestos de trabajo, etc. etc. Si nos atenemos al índice de Buffon estamos a la mitad de nuestra capacidad biológica siendo limitada por la salvajicidad de nuestra civilización. Más o menos igual de los que nos cuentan de los antiguos…

El índice de Buffon concuerda con lo dicho por el gran engañador: “Y dijo Jehová-Yahvé: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; mas serán sus días ciento veinte años”. Génesis 6:3 Cabe aclarar que Geohvá (el expulsado de la Tierra) castigó a la raza humana limitándole su vida a escasos 120, comparados al Matusalén bíblico o a las edades que en principio se atribuían a los hombres en la Biblia. Vaya Diosito éste que crea al humano a imagen y semejanza, para luego castigarlo y condenarlo. Pueden buscar en el Antiguo Testamento, muchas de las pruebas: GENESIS, Capítulo 5: 3 Y vivió Adán ciento treinta años, […] Y fueron los días de Adán después que engendró a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días que vivió Adán novecientos treinta años; y murió. Vivió Set ciento cinco años, y engendró a Enós. Y vivió Set, después que engendró a Enós, ochocientos siete años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Set novecientos doce años; y murió. Vivió Enós noventa años, y engendró a Cainán. 10 Y vivió Enós, después que engendró a Cainán, ochocientos quince años, y engendró hijos e hijas.Y fueron todos los días de Enós novecientos cinco años; y murió. […] Fueron, pues, todos los días de Matusalén novecientos sesenta y nueve años; y murió., Etc..

Luego, cuando pasamos al capítulo 6 del Génesis dice: cuando la humanidad comenzó a multiplicarse sobre la tierra y les nacieron hijas, vieron los hijos de Dios que las hijas de los hombres l,es venían bien, y tomaron por mujeres a las que preferían de entre todas ellas. Entonces dijo Yahveh: ” No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; QUE SUS DÍAS SEAN CIENTO VEINTE AÑOS. (Duración máxima a la que Dios redujo entonces la vida humana, según esta fuente yahvista).

Volviendo a nuestro trabajo, hemos encontrado un cronista de la época de la conquista, que escribió sus relatos desde el otro lado de los personajes históricos, desde el lado de los conquistados. Escrita entre 1612 y 1615 La Nueva Crónica y El Buen Gobierno por el cacique, y príncipe indígena, Guamán Poma de Ayala,donde le narraa su majestad Felipe III no sólo lo que ve y conoce de este territorio, sino igualmente las estructuras, divinidades, y criterios que fundamentaron la tradición del Perú incaico. Del linaje Ynga, Guaman Poma decía descender. En uno de sus capítulos desarrolla la dinastía Ynga, Según su árbol genealógico doce Yngas pasaron hasta la llegada de lo españoles, de cada Ynga comenta sus virtudes, sus actos de gobierno, los nombres de sus hijos y la edad de la muerte de cada uno de ellos. He aquí el dato que nos interesa: 1º Ynga : Mango Capac Ynga murió de edad de ciento y sesenta años en el Cuzco. 2º Ynga: Cinche Roca Ynga murió en el Cuzco de edad de ciento y cincuenta y cinco años.

Aquí un dato curioso que nos habla del reinado Ynga antes de Cristo: “desde Mango Capac Ynga comensó y acabó y rreynó mil y quinientos y quareynta y ocho años, quitado los ochenta del nacimiento del Ynga Cinchi Rocay de Mango Capac Ynga los dichos ciento y sesenta, que los dichos dos Yngas dozientos y quarenta años, que son de los susodichos dos Yngasdesde el nacimiento de Nuestro Saluador Jesucristo a mil y seycientos y treze. Etc.

Concluye: “Acauaron de rreynar doze Yngas mil y quinientos y ueynte y dos años. En este tienpo don Francisco Pizarro, y don Diego de Almagro, enbajador del rrey enperador Carlos, saltaron en este rreyno antes que fuese muerto estos dos rreys Uascar Ynga, Atagualpa Ynga.”

Por último desarrolla la forma de vida de estos reyes blancos, por lo cual fueron tan longevos:

“De cómo estos Yngas y demás señores y prencipales y yndios particulares antigua gente hizo y acresentó su salud y uida, cómo durarondozientos y ciento y cinqüenta años. Duraron sus uidas porque tenían una horden y rregla de ueuir y criar sus hijos. Cuando muchacho no le dexaua comer cosa de sebo ni cosa de miel ni agí ni sal ni uinagre ni le dexauan ueuer chicha ni dormía con muger hasta tener cincuenta años ni se sangraua. Y se purgaua cada mes con tres pares de bilca tauri[purgante de Tawri] yotro tanto que pesase de maca [tubérculo] y tomaua por la boca la mitad y la mitad se echaua melecina; con esto aumentó salud y uida. Hasta treynta anos no tenía muger ni marido ni cargo y ací tenían muy mucha fuerza.” Cómo podemos observar, la mayoría de los Yngas, alcanzaron y superaron el índice de Buffon, Hubo dos excepciones: una por asesinato y otro por un reinado complicado, donde el medio ambiente le acortó su vida. Lejos estamos de alcanzar el índice de vida de estos teócratas socialistas incaicos, ellos vivieron una edad de oro, a nosotros nos toca vivir en la del hierro.

«Si quieres convertirte en un Dios, hazte merecedor de ello. Tu existencia terrena y tu conducta deben estar en armonía con la voluntad de los Dioses. Debes seguir las leyes éticas del cosmos. Sólo así los Dioses no se sentirán avergonzados ante tu presencia y hablarás con ellos como su igual». Chilam Balam

“los Maestros Antiguos que nosotros llamamos Di,oses vinieron a la Tierra hacia el año 3.000 a. de C. y la modelaron a su imagen. A los hombres les dieron nombres, idioma y escritura; les enseñaron unas elementales leyes agrícolas y políticas que en parte se han mantenido en vigor hasta la actualidad; y, así mismo, los trasladaron a las residencias subterráneas como una protección “la Crónica de Akakor.

, Trataremos brevemente ahora un tema realmente sorprendente pero no menos comprobado como ya hemos venimos exponiendo. Una enorme cantidad de documentos se pueden encontrar para quien busque guiado por el Amor a la Verdad; la barrera más grande es el condicionamiento impuesto por siglos de mentiras y el propio miedo a descubrir otras posibilidades que harían tambalear nuestro sistema de creencias y forma de vida. Sólo aquél que encamina sus pasos siempre hacia lo alto no tiene este problema pues él busca trascender toda barrera. Pero sabemos que esta civilización busca conducir hacia lo bajo o detenerse en un conocimiento minucioso de todo lo superfluo e intrascendente sin llegar a aquellos conocimientos que exaltan en el hombre lo que lo hace superar su propia condición. Si tienen dudas investiguen objetivamente por sí mismos, nada se oculta al hombre que decide hacerse dueño de su destino y encaminar sus pasos según sus propios designios.

América toda, desde Sur a Norte y desde Este a Oeste se encuentra plasmada de interrogantes, de misterios denigrados por la oficialidad dominante en lo económico y en lo cultural. Intentan hacernos llegar su historia como si fueran risueños cuentos legendarios y supersticiosos, mas , los que venimos transitando estas páginas sea en su composición ó en su degustación intelectual, – y si usted lector ha llegado hasta aquí no se debe a un producto del azar y la buena fortuna, todo lo contrario, es debido a impulsos íntimos libidinosos (que no sexuales) dictados por los símbolos impresos en su alma, que lo obligan felizmente a la búsqueda de la verdad, es la fuerza del arquetipo, gracias a esa fuerza que brota desde lo más profundo de su Ser, y aquí estamos del otro lado , reflejados cómo un espejo continuamos apasionadamente construyendo estas páginas, obligación nuestra de difundir lo que hemos descubierto-; ya no les causará asombro ni estupor el ocultamiento milenario de la morfología de nuestro planeta y sus civilizaciones “ocultas” al que nos tiene sujeto la sinarquía para mantenernos como corderitos.

Veamos las crónicas: “Akakor, la capital del territorio, fue construida hace 14.000 años por nuestros antepasados con la guía de los Maestros Antiguos. También el nombre procede de ellos: Aka significa «fortaleza» y Kor significa «dos». Akakor es la segunda fortaleza. Nuestros sacerdotes hablan asimismo de la primera fortaleza, Akanis. Estaba situada sobre un estrecho istmo en el país que llaman México, en el lugar donde los dos océanos se tocan. Akahim, la tercera fortaleza, no es mencionada por la crónica hasta el año 7315. Su historia está muy unida a la de Akakor”. “Tenemos trece ciudades, profundamente ocultas en el interior de las montañas llamadas los Andes”, “Todas las ciudades subterráneas están recorridas por canales que traen el agua desde las montañas. Pequeños tributarios abastecen a las construcciones y casas individuales. Las entradas desde la superficie están cuidadosamente camufladas. En casos de emergencia, las residencias subterráneas pueden aislarse del exterior mediante grandes puertas de roca móviles.” “Nada sabemos sobre la construcción de Akakor inferior. Su historia se pierde en la oscuridad del más remoto pasado”. La crónica de Akakor El cronista español Fernando Montesinos, grandes problemas tuvo en su época por difundir sinceramente lo visto, cómo una constante arquetípica del sistema fue tratado de loco:

«Cuzco y la ciudad en ruinas Tiahuanaco están unidas por un gigantesco camino subterráneo. Los incas desconocen quién lo construyó. Tampoco saben nada sobre los habitantes de Tiahuanaco. fue construida por un pueblo muy antiguo que posteriormente se retiró hacia el interior de la jungla amazónica». Fernando Montesinos, Memorias antiguas, historiales, políticas del Perú «Hace mucho tiempo, el divino Viracocha emergió de una cueva. Era más sabio y más poderoso que los hombres ordinarios, agrupó a las tribus en torno a él y fundó Cuzco, la ciudad de las cuatro esquinas del mundo. Este es el comienzo de la historia de los Hijos del Sol, que es como ellos se llaman a sí mismos».

Ob. Cit. Fernando Montesinos.


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