Los militares jamás cumplieron su compromiso. Que se sepa, los federales no tuvieron nunca acceso a los restos de ovnis siniestrados. Pese a ello, un año después de cerrarse este acuerdo, y como fruto de la colaboración emprendida, los responsables del Proyecto Signo de la USAF para la investigación de ovnis, redactan una valoración del enigma, y concluyen que los platillos volantes son, sin duda, “aeronaves de otro mundo”.

El entonces jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Aéreas, el general Hoyt S. Vandenberg, rechaza las conclusiones de Signo por falta de pruebas contundentes, y empuja a los responsables de ese comité a dejar su puesto, para así poder reemplazar a los oficiales creyentes por escépticas, e iniciar una campaña de desprestigio del fenómeno ovni que incluirá la transformación del Proyecto Signo en el más beligerante Proyecto Grudge.

Washington DC. 22 de marzo de 1950

El agente especial del FBI Guy Flottel redacta uno de los expedientes X reales más sorprendentes que se conocen. Se trata de un texto de dieciséis líneas que resume una de las frecuentes conversaciones mantenidas entre agentes federales y militares, y que afirma que “un investigador de la Fuerza Aérea aseguró que tres de los llamados platillos volantes han sido recuperados en Nuevo México. Éstos —continúa el texto— han sido descritos como de forma circular, con un centro elevado, de aproximadamente 65 metros de diámetro”. Y añade el agente Flottel: “Cada uno iba tripulado por tres cuerpos de forma humana pero de sólo noventa centímetros de altura, vestidos con ropas metálicas de una textura muy fina. Cada cuerpo estaba enfundado de forma similar a como usan los trajes los pilotos de alta velocidad y de pruebas”.

Reclamaciones oficiales

Aun en el supuesto de que este documento esté basado en mentiras lanzadas por los militares norteamericanos, siguiendo las directrices desprestigiadoras del Proyecto Grudge (aversión), no cabe duda de que, al menos hasta 1950, el asunto de los ovnis estrellados ocupa la atención del FBI, que no pierde ocasión para reclamar el cumplimiento del pacto alcanzado entre Hoover y Schulgen.

Ni qué decir tiene que las relaciones entre el FBI y las Fuerzas Aéreas —tal y como refleja, esta vez sí, fielmente la serie Expediente X— se deteriorarán rápidamente. Ya en octubre de 1947, y ante el incumplimiento sistemático del libre acceso a los platillos siniestrados, Hoover ordena que sus agentes no investiguen más con testigos de ovnis y traspasen esa clase de información a la USAF.

En realidad, Hoover no tira la toalla. Existen numerosos indicios que señalan que el FBI sigue interesándose hoy por el fenómeno ovni, aunque sólo cuando surgen casos de naturaleza excepcional. De hecho, esta política de discreción es la que preside desde los años sesenta las investigaciones federales de casos ovni. Los federales no tienen dudas: los no identificados quedan fuera de su jurisdicción, y es la Fuerza Aérea la que debe encargarse de ellos. Y aunque niegan poseer nuevos expedientes X sobre ovnis en sus bien atestados archivos, casi nadie cree que se encuentren totalmente al margen de este asunto.


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