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Todo ser humano atraviesa inquietudes en su vida. A algunos les falta
el pan en su mesa; a otros, la alegría en el alma. Unos luchan para
sobrevivir. Otros son ricos y están sobrados, pero mendigan el pan de la
tranquilidad, de la felicidad. ¿Qué pan falta en tu vida?
Cuando el hombre explore exhaustivamente el átomo y el inmenso espacio
y diga que domina el mundo, cuando conquiste las más complejas tecnologías y
diga que sabe todo, entonces tendrá tiempo para mirar dentro de sí mismo. En
ese momento descubrirá que cometió un gran error. ¿Cuál?
Comprenderá que dominó el mundo exterior, pero no dominó el mundo
interior, los inmensos territorios de su alma. Descubrirá que se convirtió
en un gigante de la ciencia, pero que es un frágil niño que no sabe navegar
en las aguas de la emoción y que desconoce los secretos que tejen la colcha
de retazos de su inteligencia.
Cuando ocurra eso, algo nuevo sucederá. Encontrará por segunda vez su
mayor invención: la rueda. ¿La rueda? Sí, sólo que esta vez será la rueda de
la emoción. Una vez encontrada, recorrerá territorios poco explorados y, por
fin, encontrará lo que siempre buscó: el amor, el amor por la vida y por el
Autor de la vida.
Cuando aprenda a amar, el hombre derramará lágrimas no de tristeza,
sino de alegría. Llorará, no por las guerras ni por las injusticias, sino
porque comprenderá que ha buscado la felicidad por todo el universo y no la
ha encontrado. Percibirá que Dios la escondió en el que él no ha pensado que
podría estar: dentro de sí mismo.
Ese día, su vida se llenará de significado y una revolución silenciosa
se producirá en la misma esencia de su espíritu: la soberbia dará lugar a la
simplicidad, el juicio dará lugar al respeto, la discriminación dará lugar a
la solidaridad, la insensatez dará lugar a la sabiduría. Pero ese tiempo
está todavía lejano. ¿Por qué?
Porque ni siquiera descubrimos que la peor miseria humana se encuentra
en el terreno de la emoción. El hombre sueña con vivir días felices, pero no
sabe conquistar la felicidad. Los poderosos han intentado dominarla. La han
cercado con ejércitos, la han acorralado con armas, la han presionado con
sus victorias. Pero la felicidad los ha dejado atónitos, pues el poder nunca
ha conseguido controlarla.
Los magnates han intentado comprarla. Han construido imperios, han
amasado fortunas, han comprado joyas. Pero la felicidad los ha dejado
perplejos, pues ella jamás se ha dejado comprar y les ha dicho: “¡El sentido
de la vida se halla en un mercado donde no se usa el dinero!”. Por eso hay
miserables que moran en palacios y ricos que moran en casuchas.
Los científicos han intentado entender qué es la felicidad. Han
investigado, hecho estadísticas, pero ella los ha confundido diciendo: “¡La
lógica numérica jamás comprenderá la lógica de la emoción!”. Confundidos,
han descubierto que el mundo de la emoción es indescifrable a través de los
códigos del mundo de las ideas.
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