COMENZANDO A EXPLICAR AL QAEDA
Bueno, yo creo que después de ya unos cuantos años oyendo hablar de esa organización fantasmagórica, podemos empezar a recopilar los datos que nos llegan para averiguar qué sabemos y qué no sabemos de Al Qaeda.
Lo primero que hay que saber es que jamás se ha llegado a condenar a un miembro de Al Qaeda. Es decir, los miembros de Al Qaeda casi siempre mueren, bien a manos de las fuerzas de seguridad o se “suicidan” en masa (Madrid, Nueva York) o escapan milagrosamente (reciente secuestro en Arabia Saudí), de manera que no pueden testificar ante un jurado y mucho menos, por lo tanto, ser juzgados. Podemos llegar, incluso, a dudar de los perpetradores de matanzas como la del teatro en Moscú o la reciente de Arabia, pues si se esconden en sus pañuelos, nadie nos asegura que conozcamos su identidad o su etnia. Cuando no mueren y se entablan juicios, salen a la luz la inconsistencia de las pruebas incriminatorias.
A día de hoy, todavía no ha habido un juicio en algún lugar del mundo donde se hayan reunido suficientes pruebas incriminatorias sobre un presunto integrante de esta peculiar organización de malhechores, por lo que todo lo que conocemos de ella es a través de una organización interesada en promocionar su existencia (la CIA y el gobierno de los Estados Unidos). En España, por ejemplo, los supuestos miembros de Al Qaeda que fueron cayendo han tenido que ser soltados casi en su totalidad, pues las pruebas que sobre ellos pesaban eran inconsistentes; por más que se han esforzado los jueces instructores, se han dado cuenta de que “que fuera amigo de fulano o de mengano, que a su vez habían sido investigados en Marruecos o Túnez, sin llegar a condenársele” no es una prueba suficiente. Por lo visto, en Marruecos han sido encarceladas 15.000 personas con relación a los atentados en la embajada española (no condenados ni juzgados), así pues, es fácil que haya marroquíes que conozcan a alguno de esos 15.000. La percepción es que hay muchos terroristas, porque se encarcela a mucha gente y nos sacan muchas fotografías con el letrerito de “terrorista”, lo cual ayuda a que los consideremos como tales.
De esta manera se renuevan los “presuntos” asesinos y la alarma social pues, cuando ocurre otro atentado, ya se ha olvidado (estas noticias se publican con letra pequeña) que las supuestas cargas explosivas que encontraron en sus apartamentos era detergente Dixan (eso sí, ULTRA; claro, aunque eso, todavía no es delito… siempre que no consideremos delito, llevar unos lamparones. claro…). Otros, como media docena de los supuestos suicidas de la matanza del 11-S, “aparecieron” vivitos y coleando en sus lugares de residencia, de donde jamás habían salido para volar a Estados Unidos (veáse, “11-S: historia de una infamia”, de Bruno Cardeñosa). Son los casos, entre otros, de Salem Alhazmi, Khalid Almihdhar y Saced Alghadmi, Waleed Alsheri y Abdulaziz Alomari.
De los detenidos, sabemos que todos estaban fichados y vigilados por la policía, por las diferentes policías del mundo. En el caso del atentado del 11-S, los terroristas que sí murieron habían sido formados como pilotos en escuelas de los Estados Unidos (en algunos casos, escuelas militares) y se conoce su vinculación a diversos servicios secretos amigos, como el ISI paquistaní (caso de Mohamed Atta), cuando no, la CIA misma, y que han recibido ayudas de gobiernos relacionados con los Estados Unidos, como el saudí. En el caso de los supuestos asesinos del 11-M, todos eran confidentes de la policía. El 90% , por sus conductas y estilos de vida no casan en absoluto con los preceptos del islam, mucho menos ortodoxo, y más se les podría considerar de musulmanes “occidentalizados”, con una ideología opuesta a la supuesta organización integrista.
Por último, un patrón que se repite en todos los casos es que altas instancias gubernamentales ordenaron detener el seguimiento de estos personajes días antes de los atentados. Hablamos de John O’Neill, máximo experto del FBI en Al Qaeda, quien decidió abandonar el cuerpo a consecuencia de las trabas y el desinterés de las máximas autoridades ante el peligro que se cernía en julio del 2001… y que fue fichado como jefe de seguridad de las Torres Gemelas, días antes de que estallaran (evidentemente, murió). Este patrón se repite en el atentado español; los policías encargados de seguir a los supuestos asesinos también fueron relevados de sus tareas días antes de los atentados.
Ahora, que cada uno saque sus conclusiones, pero es importante tener claro que hasta que un juzgado no los condene, siempre estamos hablando de “presuntos asesinos”. De momento, no hay ningún condenado por pertenencia a Al Qaeda, por mucho que nos enseñen sus caras y los metan en la cárcel por ser amigo de fulano o haber comprado un móvil en una tienda de Lavapiés.
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