Yahvé, el gran embustero
1 Comment Published by Administrador February 28th, 2008 in Mundo e HistoriaVeamos con las narraciones bíblicas de casos en que Yahvé, el Dios que muchos millones de humanos adoran, hizo uso de su poder para masacrar alevosa y despiadadamente a más de un millón seiscientos sesenta mil personas. [Sin contar las víctimas del Diluvio ni las de las plagas. N. del A.]
Hagamos algunas cuentas simples.
Éxodo, capítulo 12, versículos 29 y 30: “En medio de la noche mató Yahvé a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, desde el primogénito del faraón hasta el primogénito del preso, y a todos los primogénitos de los animales”. [Conmemorada hoy con la Fiesta del Passah. N. del A.]
Según se desprende de un sencillo cálculo basado en la población existente entonces en esa región del antiguo Egipto, Yahvé aniquiló, sin más, a por lo menos 100.000 seres humanos.
Éxodo, capítulo 14, versículos 27, 28 y 30: “Yahvé aniquiló al ejército del faraón egipcio, que perseguía al pueblo judío, al cruzar el Mar Rojo, siendo los muertos más de 5.000″.
Macabeos, capítulo 10, versículos 29, 30, 31 y 38: “En lo más duro de la pelea se les aparecieron en el cielo a los adversarios, cinco varones resplandecientes, montados en carros con luz de oro, que poniéndose a la cabeza de los judíos protegieron a un macabeo con sus armas, le guardaban incólume lanzando rayos contra el enemigo, que herido de ceguera y espanto, caía. Mataron 20.500 y de los jinetes 600. Realizada esta hazaña, los judíos, con alabanzas y con himnos bendecían al Señor, que tan grandes cosas hacía por Israel dándoles tan gran victoria”.
Paralipómenos, capítulo 32, versículo 21: “Y Yahvé envió un ángel que mató a cuantos fuertes y valerosos había en el ejército del rey de los asirios, y al jefe que los mandaba “(185.000 muertos, por lo menos).
Paralipómenos, capítulo 13, versículos 15 y 17: “Dios desbarató a Jeroboam y a todo Israel delante de Abías y de Judá, cayendo del Israel quinientos mil hombres”.
Reyes, capítulo 13, versículo 7: “De todo el ejército que tenía Jocaz no le dejó Yahvé más que a cincuenta caballeros y diez carros” (un ejército se componía entonces de no menos de 50.000 soldados).
Según se ve, Yahvé o sus ángeles, no eran unas peritas en dulce, al contrario, parece que se solazaban matando gente por millares. Cosa inconcebible para el auténtico Dios, por lo que subrayo otra vez que eran simplemente entidades extraterrestres con objetivos definidos, aunque los métodos que utilizaron para alcanzarlos nos parecen inhumanos.
Números, capítulo 16, versículos 45, 48 y 49: “Quitaos en medio de esa turba, que voy a destruirla (dijo Yahvé). Ellos, Moisés y Aarón, se postraron rostro a tierra. Aarón se quedó entre los vivos y los muertos hasta que cesó la mortandad. Habían perecido por Yahvé en aquella mortandad 14.700, sin contar los que murieron por lo de Coré “(aproximadamente 6.000 más).
Números, capítulo 25, versículos 4 y 9: “Dijo Yahvé a Moisés: Reúne a todos los príncipes del pueblo y cuélgalos del patíbulo ante mí, cara al sol, para que se aparte de Israel la cólera encendida de Yahvé, yo, tu Dios. En aquella ocasión murieron 24.000″.
Números, capítulo 26, versículos del 63 al 65: “Este es el censo que hicieron Moisés y el sacerdote Eleazar, en los llanos de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó. Entre éstos no se encontraban ninguno de los enumerados en el censo que había hecho en el desierto del Sinaí, pues Yahvé les había matado en el desierto; no quedó ni uno sólo, excepto Caleb y Josué. De aquella mortandad fueron 603.550 hombres” (muchos más que los muertos en Hiroshima y Nagasaki por las bombas atómicas).
Agreguemos a las cifras antes mencionadas 140.000 muertos más de la destrucción por Yahvé de dos ciudades llamadas Sodoma y Gomorra y obtendremos un total de 1.669.350 muertos, “por la gracia de Dios”.
Es importante destacar aquí que los judíos, al igual que muchos pueblos indígenas en México, Sudamérica, África, etcétera, realizaban sacrificios animales y humanos para alabar, apaciguar o adorar a sus dioses, lo cual es significativo, dado que el mismo Yahvé bíblico ordenaba también tales orgías de sangre para que “estos holocaustos fueran gratos a Dios”.
Levítico, capítulo 4, versículos del 3 al 7: “Si es sacerdote ungido el que peca, haciendo así culpable al pueblo, ofrecerá a Yahvé por su pecado un novillo sin defecto en sacrificio expiatorio. Llevará el novillo a la entrada del Tabernáculo de la reunión ante Yahvé y después de poner la mano sobre su cabeza, lo degollará ante Yahvé. El sacerdote ungido tomará la sangre del novillo y la llevará al tabernáculo de la reunión y mojará un dedo en la sangre haciendo con ella siete aspersiones ante Yahvé hacia el velo del santuario; untará con la sangre los cuernos del altar y derramará el resto de la sangre del novillo en torno del altar” (si esto no es diabólico, ¿qué lo es?).
Números, capítulo 11, versículos del 1 al 3: “Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Yahvé y al oírlo Yahvé se encendió en ira e incendió contra ellos un fuego que abrazó uno de los extremos del campamento. Clamó entonces el pueblo a Moisés, y Moisés oró a Yahvé y el fuego se apagó. Llamaron a aquel lugar Tabera, porque ahí se había encendido el fuego de Yahvé contra ellos”.
¿Dios se enciende de ira? Tonterías, Dios es infinitamente superior a eso.
Génesis, capítulo 15, versículos 17 y 18: “Puesto ya el sol, en densísima niebla apareció una hornilla humeando y un fuego llameante que pasó por entre los animales sacrificados por Abraham. En aquel día Yahvé hizo pacto con Abraham”.
Nuevamente el fuego, la niebla y el humo hacen acto de presencia volando sobre la tierra cuando Yahvé se aparece. Creo que repetir aquí que Dios no se puede rebajar a semejante alboroto y alarde es innecesario. Por lo tanto sólo recomiendo al lector que lea cuidadosamente cada uno de los párrafos bíblicos transcritos y los razone fríamente, comparándolos con hechos de la ovnilogía actual. Cada una de las transcripciones bíblicas habla por sí sola, por lo cual el lector podrá formarse un juicio propio al respecto sin que se vea influido por mi.
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El verdadero Dios no se manifestará jamás como un ser, como truenos, o como llamas, ni lo hará como ningún otro tipo de efecto natural o artificial. No somos en absoluto notables o importantes en el cosmos infinito como para creer que Dios ha venido hasta nosotros de alguna manera.
Nuestra realidad debe fincarse exclusivamente en un concepto sobre lo que debe ser Dios. Él será sublime y perfecto, bondadoso y justo, sabio y absoluto, sin sexo, cuerpo o materia, y con poder suficiente para ser y no ser, estar sin estar, existir sin vivir y sin morir.
Si el hombre llega a concebir algún día esto, en toda su magnitud y con todas las implicaciones y complicaciones que requiere, habrá llegado el momento en que se conocerá a sí mismo. Entonces el sitio que ocupará en el cosmos será importante, tanto como el que conciba para el mismo Dios.
Específicamente reveladora es la forma en que “dios” se manifiesta al pueblo judío, ya que les hablaba desde el cielo o desde “una columna de nube”, o bien en tierra desde en medio “de un como fuego” que ardía pero no se consumía, (como es el caso de la zarza ardiente en Éxodo, capítulo 3, versículos 2 y 3).
Si utilizamos métodos comparativos, veremos que esa columna de nube o de fuego, las apariciones luminosas, los “como fuego” y otras manifestaciones misteriosas de las que
Nos veremos en poco tiempo