¿Qué sabe el FBI sobre los ovnis? IV
0 Comments Published by Administrador May 3rd, 2008 in LecturasWashington DC, 9 de julio de 1947
Mientras en la capital de los Estados Unidos está a punto de comenzar una reunión histórica entre el general George Schulgen, jefe de información de la aeronáutica militar, y un agente especial del FBI, un pequeño periódico de provincias publica una noticia sorprendente. Ésta ocupa toda la primera página del Roswell Daily Record, y asegura que el disco volante que los militares de Roswell habían admitido haber capturado veinticuatro horas antes, no era sino un vulgar globo sonda accidentado.
Previamente, casi toda la prensa norteamericana se había hecho eco del texto de otro comunicado de prensa oficial emitido desde la propia base de Roswell, en el que se aceptaba sin contemplaciones la recuperación de los restos de un platillo volante. Existía una buena razón para ello: hasta ese momento, los vuelos de ovnis no son considerados todavía asunto de seguridad nacional, por lo que la publicación de la noticia inicial del accidente se dio a conocer siguiendo los canales habituales.
Contra todo pronóstico, la divulgación de esta información desata toda clase de reacciones en la cúpula militar norteamericana. Se organiza una campaña destinada a desmentir aquel primer comunicado de prensa, para sepultar de golpe el recién nacido caso Roswell, y se aclara al FBI un asunto que, en principio, entra dentro de su jurisdicción.
Aquel 9 de julio, el general Schulgen convoca en sus dependencias al agente especial Reynolds, de la oficina central del FBI. La intención de Schulgen en aquella reunión no es otra que la de transmitir a este organismo federal cuál es el estado real de la cuestión ovni en tan delicado momento. Los rumores que hablan de ovnis siniestrados y de aeronaves no controladas que sobrevuelan el espacio aéreo nacional se han disparado, y han alertado al FBI que considera ese asunto interno de su competencia.
Primeras investigaciones oficiales
Pocas horas después de este encuentro, otro agente del FBI, F. G. Fitch, redacta para el segundo de abordo del Buró, Donald M. Ladd, un escueto informe en el que se le comunica que la USAF cree que “deben hacerse todos los esfuerzos posibles para aclarar si los discos volantes son 0 no un hecho, y si lo fueran, obtener información sobre ellos”. Fitch añade que “de acuerdo con el general Schulgen, los Cuerpos de Inteligencia Aéreos están utilizando a todos sus científicos para tratar de discernir si tal fenómeno puede ocurrir o no”. De este expediente secreto del FBI, mantenido como confidencial hasta su liberación en 1978 gracias a la Ley de Libertad de Información (FOIA), se deduce algo que los militares estadounidenses han negado durante décadas: que en fechas inmediatamente posteriores al accidente de Roswell se creó una comisión de científicos y militares para investigar el fenómeno ovni. Y, sin duda, algo importante debió encontrar aquella comisión para asegurar que se mantuviera en secreto, pues, según admitió en 1956 el propio Edward Ruppelt, jefe de los proyectos de investigación ovni de la USAF, “hacia el final de julio de 1947 la tapadera del secreto ovni era bien hermética. Los pocos miembros de la prensa que preguntaban sobre lo que la Fuerza Aérea estaba haciendo, recibieron el mismo tratamiento que obtendrían hoy si preguntaran sobre el número de armas termonucleares almacenadas en el arsenal atómico estadounidense”.
El FBI se implica
El documento federal al que se ha hecho referencia contiene una sorpresa más: durante aquella reunión del 9 de julio en Washington, el general Schulgen solicita al FBI ayuda para entrevistar al creciente número de testigos civiles que aseguraban haber visto ovnis, para despejar así el misterio.
Como es lógico, semejante propuesta llega de inmediato a manos del director del FBI, J. Edgar Hoover, quien estudia con detenimiento la invitación a colaborar que les brindaba la USAF. El propio Hoover anota al pie de la propuesta del general Schulgen una curiosa observación: “…Debemos insistir en tener acceso libre a los discos recuperados”.
¿”Reconoce el FBI que el ejército ya tenía en su poder restos de ovnis siniestrados? En cierta medida así es. Los federales deciden pronto considerar tales incidentes como cuestiones que afectan a la seguridad interna del país y, de hecho, tras las puntualizaciones de Hoover a la invitación de Schulgen, el FBI ordena al agente especial Reynolds que se ponga de nuevo en contacto con los militares y cierre un acuerdo de colaboración.
En el informe confidencial resultante, fechado el 29 de julio de 1947, se lee que Schulgen “desea asegurar al señor Hoover que habrá una cooperación completa en este asunto”, y afirma que él mismo mandará “instrucciones indicando que debe facilitarse toda la ayuda al FBI y que todos los discos recuperados deben ser puestos a su disposición para su examen por agentes federales”.
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