Las Vegas (Nevada), 22 de mayo de 1988.

El diario Sun publica una auténtica primicia informativa. Uno de los héroes de la nación, antiguo piloto de pruebas de la CIA e hijo del inventor de los célebres Jets Lear, hace unas declaraciones sorprendentes al rotativo. John Lear —así se llama este hombre— acusa formalmente al gobierno de los Estados Unidos de ocultar a la opinión pública la existencia de un pacto de colaboración con extraterrestres, de funestas consecuencias para el país.

Lear emprendió su campaña de denuncia de tan “horrible verdad” —como él mismo bautiza estos hechos— en diciembre de 1987, al hacer público un documento en el que detalla tales acuerdos ultrasecretos. Se trata de un texto delirante en el que el héroe explica que el pacto en cuestión no se selló hasta 1969 en la base aérea de Nellis (Nevada), y que consiste, a grandes rasgos, en que el gobierno de los Estados Unidos permite a los visitantes secuestrar y mutilar tanto seres humanos como cabezas de ganado (con propósitos genéticos y alimenticios), y recibe alta tecnología extraterrestre como compensación a su actitud pasiva.

De forma tan singular, Lear aclara por fin cuál es el propósito de las abducciones y señala con énfasis que entre las cláusulas de ese peculiar contrato se establece que los alienígenas (o Entidades Biológicas Extraterrestres, EBEs) deben informar a la National Security Agency (NSA), de qué personas son abducidas, para facilitar al gobierno de Reagan establecer cierto control sobre sus ciudadanos desaparecidos.

Los secretos de la ‘tierra del sueño’

Según argumentó, primero, Lear y después, otros visionarios que abundaron sobre esta idea más tarde, todo empezó tras la recuperación del ovni de Roswell, en 1947. Al parecer, aquel incidente sirvió para que el gobierno de los Estados Unidos tuviera un primer acercamiento con los extraterrestres, y comenzara a preocuparse seriamente por la seguridad de su país.

Por esta razón, en 1955 la CIA adquiere unos diez mil kilómetros cuadrados de terreno cerca de Las Vegas (esto es, una superficie similar a la del Principado de Asturias, en España) c instala allí unas dependencias secretas de máxima seguridad; Estas reciben el nombre informal de Área 51 y a ellas, supuestamente, se trasladarán tanto los restos del ovni de Roswell como los capturados tras otros incidentes similares para tratar de ampliar su avanzada tecnología aeronáutica.

Lo cierto es que, desde 1955 hasta hoy, en el Área 51 se han desarrollado los principales aviones de guerra de vanguardia de los Estados Unidos. Desde el U-2 al SR-71, pasando por las aeronaves invisibles al radar de la serie Stealth.

A partir de la puesta en marcha de estas instalaciones, el número de observaciones de ovnis —muchos de ellos, sin duda, correspondientes a prototipos secretos del gobierno— se han multiplicado. Su popularidad ha llegado a tal punto que, en abril de 1996, el gobernador de Nevada decide bautizar la carretera 375 que bordea el Área 51 con el significativo título de autopista de los extraterrestres.

Resulta paradójico. Lo que hace unos años era una zona de máxima seguridad rodeada del más absoluto secreto, hoy es foco de interés internacional permanente. Series como Expediente o películas como Independence Day hablan sin pudor de ella, y hasta un antiguo trabajador del Área, el ingeniero Robert Lazar, sorprende de repente a los medios de comunicación al asegurar que allí se está creando una suerte de tecnología híbrida humano-extraterrestre.

¿Delirio?

Estrategias de intoxicación

La campaña pública que asocia el Área 51 con los extraterrestres y con las abducciones, parece sospechosamente dirigida a estimular la delirante creencia de que allí se esconden secretos de otros mundos. Las autoridades no parecen estar haciendo nada especial por impedir que los rumores se extiendan en esa dirección, al tiempo que expertos que trabajaron para sus servicios secretos, como Lear, publican abiertamente sus análisis de fenómenos como el de los secuestros extraterrestres.

Por ejemplo, entre los propósitos de las abducciones, Lear señala algunos que —como pronto comprobará el lector— no están demasiado lejos de los que se marcan las operaciones de Control Mental o la creación de asesinos hipnoprogramados que se han comentado en capítulos precedentes. Estos son:

— Controlar a los abducidos mediante la implantación de un micro-aparato de tres milímetros de diámetro que se inserta, a través de la cavidad nasal, en el cerebro de la víctima.

— Implantar una orden post-hipnótica para que los abducidos lleven a cabo determinadas misiones, en un período comprendido entre los dos y los cinco años posteriores al último secuestro.

— Algunos abducidos han sido asesinados para su posterior conversión en substancias alimenticias aptas para los EBEs.

— También se han usado las abducciones para eliminara sujetos que representaban algún tipo de amenaza para los grises, otra de las denominaciones empleadas por Lear para designar á los EBEs.

— Buscan material genético.

— Fecundan a mujeres humanas y se apropian de los fetos antes de su nacimiento. De esta forma consiguen crear seres híbridos a los que asignan misiones específicas. “Ellos —escribía Lear en su declaración de 1987—, están creando humanos híbridos no sólo para recuperar su falta de humanidad y espiritualidad, sino para establecerse entre nosotros y después controlar y manipular nuestro planeta”.

La estrategia de los locos

Pero la historia no acaba ahí. Según Lear, estos seres llegaron incluso a tomar severas represalias contra los militares cuando, tiempo después de sellarse el pacto, el gobierno trató de revelarse contra los visitantes. ¿Locura? Sorprendentemente, lo que en un principio parecía el desvarío personal de un as del aire norteamericano (y agente de la CIA, no se olvide nunca), pronto recibiría múltiples apoyos.

Menos de un año después de estas revelaciones se publicaba en Estados Unidos un voluminoso libro titulado The Matrix (La Matriz). En él, un tal Valdamar Valerian, director de un grupo de investigadores de ovnis llamado Nevada Aerial Research (NAR) que publica un singular boletín periódico, completa el sombrío panorama de la horrible verdad.

Según Valerian, Lear se quedaba corto. El planeta Tierra no sólo recibe visitas de pequeños hombrecillos grises, sino que existen otras entidades que han intervenido también en las negociaciones. Bajo la designación de draconianos y sirianos, Valerian describe a unos extraterrestres hostiles hacia la especie humana, que pactaron con los nazis antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, y que incluso llegaron a controlar medios de comunicación como Playboy (!) o proyectos secretos para la fabricación de un humano androide con material genético robado a los abducidos.

El documento Majestic

Paralelamente a estas revelaciones, William Moore y Jaime Shandera, activos participantes en la investigación del caso Roswell, reciben un memorándum llamado Majestic-12 que explica cómo el presidente norteamericano Harry S. Truman forma una comisión ultrasecreta para investigar el accidente de Roswell. Luego se descubrirá que este documento se lo envió en secreto a estos investigadores un oficial de inteligencia de la base de Kirtland (Nuevo México) llamado Richard Doty.

Es para recelar. En pocos meses se concentraron en manos civiles demasiados altos secretos oficiales, obtenidos siempre —y eso es lo más sospechoso de esta situación— de fuentes cercanas a los servicios de inteligencia. Además, toda la información filtrada entonces converge hacia la horrible verdad.

Una conspiración contra la Verdad

Con el paso del tiempo, los investigadores que siguieron estos extraños acontecimientos de 1987 obtuvieron nuevos datos para la reflexión. Por ejemplo, se supo que Valdamar Valerian —el autor de The Matrix— era un compañero real de Richard Doty, que trabajaba también para la Oficina de Investigaciones Especiales (AFOSI), en la base de Kirtland. Y que, además, su nombre no era Valerian, sino John Grace. Capitán de la USAF, por más señas. No obstante, antes de conocerse estos datos, dos agentes de AFOSI encubiertos (probablemente los propios Doty y Grace, aunque este extremo nunca ha llegado a confirmarse por completo), participan en un prestigioso programa de la cadena de televisión NBC en donde se dan a conocer nuevos detalles acerca de los EBEs. Este espacio, titulado UFO: Coverup? Live!, es emitido el 14 de octubre de 1988 y en él participan como asesores Moore y Shandera. De hecho, son ellos quienes consiguieron las entrevistas con los militares que aparecen con el rostro velado y la voz deformada, escudados tras los nombres de Falcon y Condor.

Un programa financiado por la CIA

Entre sus afirmaciones cabe destacar la de que los EBEs son, aún en 1988, los dueños de la base de Nellis y del Área 51; que se trata de criaturas a las que les gusta la música tibetana… ¡y que su postre favorito son los helados de fresa!

¿Que podía pensarse de tales declaraciones? Si a esta situación se le añade el pequeño detalle de que aquel programa —del que se habló en Estados Unidos durante semanas— había sido financiado parcialmente por la Gray Advertising, una compañía subsidiaria de la CIA, tal vez resulte todo más claro.

La implicación de los servicios secretos

En efecto. Prácticamente en todas las semillas que hicieron crecer el mito del pacto entre Estados Unidos y unos eventuales extraterrestres, aparece detrás personal de los servicios de inteligencia de la Defensa. Lo lógico en tales circunstancias, y más aún atendiendo a la falta absoluta de pruebas objetivas que demuestren la existencia de esa horrible verdad, es pensar que se trata del enésimo intento de desacreditar el fenómeno ovni, inoculando en su seno historias venenosas.

Y Expediente X podría no ser ajena a ese esfuerzo, pese a que ha sido la única serie de televisión que ha sabido plasmar objetivamente la ambigüedad que subyace tras los hechos.

Pero, ¿por qué desacreditar el tema extraterrestre? Y sobre todo, ¿por qué se pone en marcha ese mecanismo precisamente en 1987, cuando se cumple el cuarenta aniversario de Roswell y cuando el fenómeno de las abducciones pasa definitivamente al dominio público gracias a los libros publicados en los meses anteriores?

No cabe duda de que el gobierno de los Estados Unidos, que posee las claves para solventar estas dudas, seguirá negando lodo conocimiento… hasta que la Verdad, con mayúsculas termine por abrirse paso. Algo que, se espera, ocurra no demasiado tarde.


One Comment to “¿Existe un pacto con otros seres? X”  

  1. 1 El Extraño de Oz

    La película “INDEPENDENCE DAY” lo ilustra bastante bien: Básicamente se trata de negar. Negar, negar y negar, por obvio que algo sea. Si lo niegas, la estúpida mente humana, aunque lo esté viendo tratará de no creerlo. La masa (o la multitud) tampoco lo creerá. En así de sencillo. Solo negarlo. Ya lo hizo Bill Clinton cuando dijo “No he tenido sexo con esa mujer”. Claro, él se escudaba en SU propia definición de “sexo”, donde el sexo oral no era sexo. !Qué conveniente!, ¿No? Y también sucede cuando una mujer cualquiera encuentra in fraganti a su esposo con otra mujer. ¿Qué dice el esposo inmediatamente?: “No es lo que crees”. Y esto viene desde niños: ¿Qué es lo que dice cualquier niño de 3, 4 o 5 años cuando acaba de romper algo o malograr algo? “Yo no he sido”, aunque todos lo hayan visto. Es así de sencillo. Solo negarlo.

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